Denuncia un excesivamente afectado Mr. Sword que "las webs noticiosas son el modo beta del periodismo: meros borradores informativos, donde se exhibe, de modo algo chapucero, el proceso de producción, y de descarte, de las noticias del día"; y uno no acierta a comprender si, con esta andanada (todavía humeante) contra sus colegas, el ínclito corrector de conductas desviadas pretende cribar definitivamente los (menguantes) espadófilos de los (crecientes) espadófobos o, simplemente, reiterar que de un tiempo a esta parte anda —como Rosendo— loco por incordiar. Porque resulta difícil de tragar que nuestro más egregio (quinta)columnista ignore que tanto su actual mecenas (El Mundo) como su anterior paganini (El País) gastan esas mismas tretas para (mal)vender periódicos, pese a contar con mastodónticas redacciones y espurios compadrajes con el poder. Dicho lo cual, bienvenidos sean los pequeños y valientes y perfectibles medios digitales al rompecabezas colectivo de la (des)información, porque solo encajando las piezas que nos suministran entre los unos y los otros va siendo medianamente posible armar el puzle de la realidad; el mismo que los gerifaltes del parné se afanan en desbaratar a diario para atormentarnos con una rayada melodía: Begin the beguine. Dicen que dijo Giner de los Ríos que "todo lo sabemos entre todos" y aquí confieso que, si me dan a elegir entre la certidumbre del libérrimo pedagogo y el desvarío del ultimísimo Arcadi Espada, me quedó con la atinada sentencia del maestro republicano. Tanto aportan al relato del abecé de la contabilidad en a en b y en c las andanzas capitalinas de Raúl del Pozo y su Tercer Hombre en El Mundo como las sintéticas recapitulaciones al respective de Nacho Escolar en eldiario.es; así que me resisto a lanzar un solo anzuelo en esta caudalosa política de gacetilla que, como ha observado Enric González, baja muy revuelta: soy pescador y no renunciaré a mi ganancia.
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25.5.13
Ni espadófilo ni espadófobo
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17.5.13
Perro come lobo
Ahora que la prensa (pretendidamente) seria ha devenido en cachondeo, no es de extrañar que un artefacto tan cachondo como la "revista satírica sin mensaje alguno" Mongolia sea quien aporte seriedad al patio mediático. Su desarmante hibridación de irreverencia e información ha pegado el revolcón definitivo a un gremio que amenazaba con irse a la tumba sin que nadie osara meterle mano. Pero apareció a tiempo una gamberra pandilla cuyas afrentas a la corrección política han tenido eco en medio mundo: The New York Times, Corriere della Sera y Financial Times han amplificado sus indiscriminados ataques a todo lo que se menea; y hasta los prohombres de la cosa periodística, como Miguel Ángel Aguilar, han subrayado que su "principal aportación es la de reducir la distancia entre lo que se sabe y lo que se publica". Tal es el poderoso influjo de una revolución mongola que, con tan solo un año de vida, ya ha dado a la imprenta dos imprescindibles biblias: la primera, una heterodoxa enciclopedia del disparate cuyo título (El Libro Rojo de Mongolia) repele la indiferencia; la segunda, que llega ahora a las librerías, incluye un mensaje infinitamente más grave: recoge (y amplía) lo publicado en la sección 'Reality News', esa que advierte "A partir de aquí, si se ríe, es cosa suya", y supone una antológica huella del crimen (o del suicidio) del periodismo español, arrancando con la conspiranoia de El Mundo y el 11-M y abundando en los golpes de Cebrián a El País y de Roures a Público, para que ninguna fechoría de los señores de la prensa se diluya en Papel mojado. Una excelente noticia a la que solo cabe hacer una objeción: este nuevo periodismo denunciante residió en las casas ahora delatadas, donde seguiría acomodado si no hubiera sido desahuciado; o sea, aunque nos alegra que perro coma perro, exigimos lo mismo que la parroquia del jactancioso cortijero tío Pinto: "Menos lobos".
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27.4.13
El récord de la vergüenza
David Trueba ha reconocido, negro sobre blanco, que "encontrarle un lado positivo a la cifra de parados española es como apreciar lo hermoso del amanecer el día de tu fusilamiento", pero el renacentista opinador no ha caído en la cuenta de que el partido que nos (des)gobierna es capaz de eso y de mucho más, pues parece ser que desde las alturas genovesas —a las que no he tenido el (dis)gusto de ascender nunca para comprobarlo— se contempla la realidad tamizada por un espíritu bucólico sin parangón en la historia de la humanidad. Para muestra, tres botones entresacados de las reacciones a lo que El Mundo ha titulado en primera "El récord de la vergüenza": 6.202.700 parados: 1) el secretario de Estado de Empelo, de cuyo nombre no quiero acordarme, balbuce que se está "invirtiendo la senda" y que la tasa de destrucción de empleo "se está atemperando"; 2) el correveidile extremeño de apellido compuesto, Floriano, suplica "que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias"; y 3) el torrentiano Martínez Pujalte mienta a Zapatero y le da otro revolcón a la sobada herencia recibida, achacando los males presentes a las decisiones tomadas "hace unos cuantos años", cuando "empezaba la crisis". Tres esperpénticas demostraciones de cómo despachan los cráneos privilegiados del PP el dramón de un pueblo que comienza a comerse los mocos; aún más grotescas tras ser corregidas al día siguiente por un Gobierno que ya admite sin ambages que será incapaz de crear empleo durante su legislatura. "Cuando gobierne bajará el paro", dijo un Rajoy que se las prometía muy felices mientras holgazaneaba en la oposición. Y en esas estamos, confiando en que cumpla su promesa… esperando que gobierne.
13.4.13
Los descerebrados
Como lo explicó el otro día Harguindey con inusitado descaro, me ahorro argüirlo yo: "Se puede ser genial, listo, normal, tonto, muy tonto y González Pons. Claro que el vicesecretario general de Estudios (¿?) del PP no está solo en la peña 'Los Descerebrados". El caso es que el relamido parlanchín se ha vuelto a cubrir de gloria esta semana: el mismo día que El País divulgaba las infracciones cometidas por la tesorería pepera durante dos décadas, respaldado por las inequívocas similitudes entre las cuentas blancas genovesas y las (supuestas) cuentas negras, González Pons se comía, sin atragantarse, un nuevo marrón: "La contabilidad del PP responde exactamente a lo que la ley le exige y le exigía. Y no tiene nada que ver con los supuestos papeles del extesorero Luis Bárcenas". Nada que ver… Nada… Ni siquiera un poco… Nada. Lástima que la justicia opine lo contrario, aunque aún no haya decidido entre si tiene un poco o un mucho que ver. De momento, mejor dejarlo estar y pasar a la dramatización de los hechos, con la que nos estamos echando unas buenas risas: los tres diarios nacionales de relumbrón andan a la greña por pequeñeces; por esa ridícula manía que ayer advertía Arcadi Espada: "A las noticias propias las llaman exclusivas y a las ajenas filtraciones". Así, lo que El País adelantó como 'Los papeles Bárcenas' y El Mundo ha rebautizado como 'Los papeles del tercer hombre', ABC lo ha rebajado a 'Las fotocopias de Bárcenas'; lo que El Mundo desveló y El País elevó a categoría de episodio nacional, el menguado ABC quiere dejarlo en agua de borrajas, ahora que su nulo olfato investigador y su paupérrima influencia lo han convertido en adalid del amarillismo cavernario. Para ello ha inaugurado un bochornoso serial con el que hociquea en la (relativa) gloria de sus rivales. Bonita manera de vender periódicos.
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7.4.13
Los papeles del tercer hombre
Sostiene (y sostiene bien) la argentina Leila Guerriero que "los periodistas no somos la justicia". Por eso, tras leer y tocar "unas hojas donde hay nombres que harían estremecer al Gobierno y al aparato productivo" en una madrileña noche de lluvia y fútbol, Raúl del Pozo esquivó la nocturnidad y la alevosía y, en lugar de plantarse ante la Audiencia Nacional para largar su hallazgo y traicionar a su garganta profunda, corrió a refugiarse bajo el flexo de las grandes ocasiones para redactar el artículo de su vida: el que servirá de prólogo al apocalipsis del Partido Popular. En su más gloriosa columna desde que heredara el trono umbraliano en El Mundo, el periodista conquense aparca su ordinario barroquismo cheli y se limita a transcribir, palabra por palabra, las frases escuchadas en la cinematográfica noche de autos a un tercer hombre que recuerda a aquel que se escabullía por entre las cloacas vienesas. La prosa canalla cede el paso en su minireportaje a los datos y así vamos conociendo que Del Pozo ha manejado "unos folios donde el hombre de los papeles ha escrito cantidades y nombres […] mayores y menores entre maletines y cheques"; unos folios en los que aparece "una empresa fantasma, tapadera, supuestamente para hacer zanjas, realmente una empresa del PP para el trasvase de donativos y chanchullos" y en los que descubrimos que quienes "decidieron sobre donaciones y sobresueldos fueron los políticos"; unos folios, en fin, que obligan a reformular al presidente la pregunta de Rubalcaba: "¿Cree que puede gobernar pendiente de que al señor Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?". Parece que no pero, de momento, la columna de Raúl del Pozo ha provocado un tembleque generalizado practicando lo que Guerriero defiende de los periodistas: "Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o solo para eso".
20.12.12
Dios los cría...
Ayer me entretuve escudriñando el 'Abecedario de la corrupción 2012', publicado a doble página por El Mundo hace unos días: 141 nombres de sospechosos habituales, de la A de Acebes a la U de Urdangarín, pasando por exóticos ejemplares como José Blanco, Carlos Fabra o Rodrigo Rato. Ni bien acababa de finiquitar la deshonrosa retahíla, cuando aún rumiaba el conspiranoico credo del añorado Christopher Hitchens ("Creo que este planeta es usado como colonia penal, manicomio y basurero por una civilización superior para deshacerse de los indeseables e incapaces. No lo puedo probar, pero usted tampoco puede demostrar lo contrario"), me di de bruces en internet con una foto de aúpa; en ella, su majestad (de ustedes) aparece flanqueada por la corrupta flor y nata del mosqueante binomio empresariado/política durante una cacería de perdices perpetrada hace un lustro: un trío de palmeros, envuelto en rigurosos ropajes cinegéticos, sonríe en la instantánea junto al Rey. Casualmente, los tres retratados aparecían referidos en el pútrido inventario que acababa de empaparme: Gerardo Díaz Ferrán, exmandamás de la CEOE, enchironado por presunto delito de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales; Jaume Matas, excacique (popular) de Baleares, empapelado por diversos delitos y pringado en más de veinte casos por malversación, fraude, falsedad, prevaricación y tráfico de influencias; y Arturo Fernández, número uno de la patronal madrileña y dos de la española, imputado por estafa, apropiación indebida y falsificación de cuentas por lo de Bankia. Miré la foto largo rato y, mientras certificaba que a este país medieval no lo rescata ni la madre que parió a Merkel, cruzaron por mi mente películas —La escopeta nacional, claro—, novelas —Las amistades peligrosas—, canciones —With a little help from my friends— y hasta el socorrido refranero castellano, que acudió para recordarme que Dios los cría… y ellos se lo reparten.
14.12.12
La puntilla de (Mon)toro
A falta de un buen matador que echarse a la cara sobre el albero parlamentario, el ministro (Mon)toro, uno de esos morlacos de boquilla (mal)criados en la dehesa genovesa para crecerse en el castigo, le echó pitones la otra tarde a los del siete —la prensa— en el coso de los diputados: les dijo que menos criticar desde los editoriales de sus periódicos y más pagar (religiosamente) los impuestos; que menos dar lecciones de ética y más coherencia entre las palabras (publicadas) y los hechos. Pero en el último tercio de la lidia, encerrado en tablas, al impetuoso (Mon)toro bravo le flojearon los cuartos traseros y, a la hora del chivatazo, se jiñó: "La ley impide al Ministerio citar la situación fiscal de contribuyentes concretos, pero sí le permite hablar de la situación de un sector". En ese preciso instante oyó el primer aviso de la autoridad y evitó que la faena terminara en estocada, lo cual que hizo mutis por chiqueros sin decir adiós muy buenas. Se ve que recordó entonces que el apoderado de esos recaderos a los que acababa de amenazar es el mismo que de tapadillo le dice a él en los corrales cómo debe embestir las cuentas públicas y, a lo peor, se le cruzó por entre la cornamenta un artículo en el que Pere Rusiñol resumía hace poco las estrechas relaciones entre banca y prensa: Prisa (El País y Ser), con Banco Santander, HSBC y Caixabank; El Mundo, con la banca italiana; Vocento (ABC), con Banco Santander y BBVA; Planeta (Antena 3, La Sexta, La Razón), con Banco Sabadell; Grupo Zeta (El Periódico), con Bankia y La Caixa; y Grupo Godó (La Vanguardia), con La Caixa. Al día siguiente, en distinta plaza, (Mon)toro volvió a presumir de criadillas anunciando una lista pública de defraudadores y morosos; solo quedó en el aire quién le dará la puntilla.
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