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16.11.12

¿Huelgan las huelgas?


"Se ha zanjado con un seguimiento del 76,7%, según los sindicatos convocantes, o del 12%, según la patronal" (Elpais.com). "23:30. Ya podemos concluir: se confirma una caída de la demanda eléctrica del 11% respecto a la previsión de REE. Una cifra claramente inferior al 29M de 2012 (14.7%) y al 29S de 2010 (13.7%); y aún más alejada de 2002, 1994 y 1988" (Politikon). "A las 23h el indicador de EFC pone de manifiesto que el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído, desde la 00h del día de hoy 14N, un 66%" (Economistas Frente a la Crisis). "No creo que tras la jornada de ayer, 14 de noviembre, lo más importante sea discutir sobre el éxito o el fracaso de la huelga. Me apresuro a opinar, si me lo permiten, que no fue ni lo uno ni lo otro. Media entrada, que se dice. Pero las manifestaciones acallaron las discusiones. Cientos de miles de personas -¿alguien con los ojos abiertos puede dudar de esa cifra?- se echaron a la calle para mostrar su absoluto rechazo a la política económica del Gobierno de Mariano Rajoy" (José María Izquierrdo). "Hoy seguiremos con la guerra de cifras en torno al éxito o fracaso de la huelga general. Como si eso importara ante los aplastantes datos del deterioro objetivo en el que se encuentran tantos y tantos grupos sociales. Con nombres y apellidos, con rostros perfectamente reconocibles" (Fernando Vallespín). "Está claro que los sindicatos no son capaces de parar este país mediante una huelga general, quizás porque los ciudadanos, en medio de una crisis económica brutal, no la consideran el instrumento adecuado para canalizar su enfado, quizás porque seis millones de parados inoculan un miedo insuperable. También está claro que las manifestaciones se están convirtiendo en la única vía real para que ese creciente malestar y ese desasosiego logren expresarse" (Soledad Gallego-Díaz). "Claro que no paralizó el país. Todo lo contrario: lo movilizó. Un país paralizado es lo que ellos pretenden: un país paralizado de miedo, una sociedad quieta y callada, atemorizada por la triple tenaza: la crisis (miedo al paro y a la exclusión); la reforma laboral (miedo al patrón, al que la reforma laboral dio todo el poder); y la represión (miedo a los porrazos y multas). Pero ayer ocurrió todo lo contrario, y esa es nuestra victoria: el país no se paralizó, sino que se movilizó, se echó a la calle masivamente y aireó la protesta durante todo el día" (Isaac Rosa). "La Huelga General del 14N ha supuesto la demostración, otra más, de los límites en la capacidad de acción de la Izquierda, del desprestigio de los sindicatos, de su escasísima representatividad social y de su achatarramiento ideológico. Pero el Gobierno, en vez de aprovechar la ocasión para dar el golpe de gracia a estas bandas vociferantes y violentas, acabando con sus innumerables privilegios y permitiendo la creación o recreación de un sindicalismo nuevo, más acorde con la España actual, se va a recrear en el fracaso ajeno para no cumplir con la obligación propia" (Federico Jiménez Losantos). "Nadie tiene la sensación de que ha habido una huelga general. No han hecho la menor pupa, a pesar de la mentira de que se han dilapidado 4.000 millones de euros. Prepárense para las nuevas vejaciones. A partir de ahora, la dictadura del capitalismo hispano en plena apoteosis. Con unos ministros tan recogiditos y pulcros" (Arturo González). "La huelga ha sido dura, ma non troppo, y sirve al Gobierno de Rajoy para enviar una señal a Berlín: atención, que España comienza a humear" (Enric Juliana). "Cientos de miles de personas participaron en las manifestaciones organizadas en toda Europa por la Confederación Europea de Sindicatos para protestar contra las políticas de rigor. En opinión de la prensa europea, este cansancio ante la austeridad pone en duda el modo con el que se está realizando el ajuste presupuestario" (Presseurop.eu). "Una mega huelga golpea Europa" (Russia Today).

"Para adueñarse de la voluntad de las masas hay que poner en circulación ideas muy toscas y asequibles; porque las ideas difíciles no llegan a la muchedumbre; […] acabarán por triunfar aquellos a quienes las majaderías les salen como cosa natural y peculiar" (José Antonio Primo de Rivera).

19.10.12

La arrogancia de los estúpidos

Adivina, adivinanza: "Un sabio nacido en Cataluña al que los catalanes acusan de españolista y los españoles de separatista". No merece la pena esforzarse: algunos hay, mas su identidad no viene al caso; importa su diagnóstico, recogido por Raúl del Pozo en su penúltima columna mundial: 1) "Los estúpidos cada vez son más arrogantes"; y 2) "No es que el problema sea muy grave. Es que los gestores son muy pequeños". El asunto que se traen entre manos entrevistador y entrevistado es el affaire catalán, pero la solución que ofrece el sabio amplía las fronteras del objetivo: "Elecciones y cortes constituyentes, nueva constitución, nuevo sistema electoral, nuevas caras". O sea, que le venían dando vueltas a la martingala ineludible en las últimas semanas, la desconvergencia i la desunió, pero fueron a dar de bruces en una matraca aún mayor: la irrefrenable decadencia de la clase política española, a la que algunos reclaman a voz en grito una segunda transición. Estaban escribiendo, conscientemente, un nuevo capítulo en la incoherente (intra)historia del desprecio a una casta de cuyo mantenimiento son cómplices. Recordaba con tino hace unos días José María Izquierdo que parece no importar que "esos políticos hayan sido elegidos, hace apenas diez meses, por quienes ahora les vituperan", y nos refrescaba la memoria: "El 20 de noviembre de 2011 votó el 68,94% del censo, exactamente 24.666.392 ciudadanos", muchos de los cuales lo hicieron infectados por el "bonus por ambigüedad", aquel por el que los votantes prefieren el misterio (Rajoy) a un candidato que hable claro, según dicen los norteamericanos que saben de esto. Así que basta de criticar a quienes certifican lo que advirtió D’Israeli, que la política es el "arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño". Demostremos que la estupidez no es contagiosa: dejemos de jugar a su juego porque solo así cambiarán algún día las reglas.