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27.5.13

Memorias worst seller

Los plumíferos más esquinados defienden que el flamante aznarazo no anunciaba el regreso del expresidente a la batalla política sino que franqueaba la vuelta de sus (des)memorias a las mesas de novedades ahora que la primavera levanta la veda sobre las ferias y fiestas literarias, pues a nadie se le escapa la feliz causalidad de que el sello de sus confesiones y el altavoz de sus amagos sean hermanos de leche mediática, o sea, hijos de papá Planeta. Tesis que cobra carta de naturaleza atendiendo a las cifras de venta del artilugio, convertido en ruinoso worst seller para una editorial reincidente en el desatino merced a las ensoñaciones de José Bono: entre las medias verdades del uno y las mentiras completas del otro no han despachado ni siquiera cien mil ejemplares, aunque el adelanto conjunto para sendos escribanos rondó los dos euromillones. Pero en casa Lara no pierden la esperanza de amortizar su desaforado mecenazgo político y, mientras ultiman los detalles del novelero recordatorio de Zapatero, ya mercadean con el tercer tomo autobiográfico de Alfonso Guerra, donde se desvela por qué no llegó a cumplirse —o sí, según se mire— el adagio socialista que rezaba: "Después de Felipe, Guerra, / y después de Guerra, nadie". Porque, por mucho que posturee ahora nuestro parlamentario más veterano ("Yo no le negaré jamás la amistad a Felipe"), lo cierto es que su entente cordiale terminó como el rosario de la aurora, según cantó el romancero Campany cuando entonces: "Por las filas felipistas / circula ya la sentencia. / Voces de muerte sonaron / del Guadalquivir al Deva. / Todas las voces decían: / 'Camaradas, guerra al Guerra. / Quedemos nosotros limpios / y sobre él caiga la mierda". Lo que pasa es que el memorialismo posmoderno es hijo bastardo de la ciencia ficción; y así no hay quien se aclare.

25.5.13

Ni espadófilo ni espadófobo

Denuncia un excesivamente afectado Mr. Sword que "las webs noticiosas son el modo beta del periodismo: meros borradores informativos, donde se exhibe, de modo algo chapucero, el proceso de producción, y de descarte, de las noticias del día"; y uno no acierta a comprender si, con esta andanada (todavía humeante) contra sus colegas, el ínclito corrector de conductas desviadas pretende cribar definitivamente los (menguantes) espadófilos de los (crecientes) espadófobos o, simplemente, reiterar que de un tiempo a esta parte anda —como Rosendo— loco por incordiar. Porque resulta difícil de tragar que nuestro más egregio (quinta)columnista ignore que tanto su actual mecenas (El Mundo) como su anterior paganini (El País) gastan esas mismas tretas para (mal)vender periódicos, pese a contar con mastodónticas redacciones y espurios compadrajes con el poder. Dicho lo cual, bienvenidos sean los pequeños y valientes y perfectibles medios digitales al rompecabezas colectivo de la (des)información, porque solo encajando las piezas que nos suministran entre los unos y los otros va siendo medianamente posible armar el puzle de la realidad; el mismo que los gerifaltes del parné se afanan en desbaratar a diario para atormentarnos con una rayada melodía: Begin the beguine. Dicen que dijo Giner de los Ríos que "todo lo sabemos entre todos" y aquí confieso que, si me dan a elegir entre la certidumbre del libérrimo pedagogo y el desvarío del ultimísimo Arcadi Espada, me quedó con la atinada sentencia del maestro republicano. Tanto aportan al relato del abecé de la contabilidad en a en b y en c las andanzas capitalinas de Raúl del Pozo y su Tercer Hombre en El Mundo como las sintéticas recapitulaciones al respective de Nacho Escolar en eldiario.es; así que me resisto a lanzar un solo anzuelo en esta caudalosa política de gacetilla que, como ha observado Enric González, baja muy revuelta: soy pescador y no renunciaré a mi ganancia.

5.5.13

Una España admirada por el mundo

Anteayer se celebró —es un decir— el Día de la Libertad de Prensa, esa entelequia que el Partido Popular había festejado por adelantado vía Twitter: "Con esta prensa fatalista q inunda España d pesimismo cuesta más salir d la crisis,pero vamos a salir,sin su ayuda,pero saldremos". Así apretujó sus veleidades mediáticas Iñaki Oyarzábal para sumarse a las exequias por aquel antiguo pilar de la democracia que un día hizo las veces de cuarto poder: matando al mensajero. El disléxico secretario general de los pepijos vascos ponía de esa forma el punto y seguido a una mala racha de los de su cuerda en la materia, porque, de un tiempo a esta parte: 1) los genoveses presumen de transparencia abusando de la callada por respuesta y endilgándonos las naderías presidenciales apantalladas; 2) los parlanchines diestros tienen vetada su presencia en la trinchera enemiga que lo peta en la tedeté; 3) se ha descubierto que parte de las barcenadas va a parar a los bolsillos de un ejército de intoxicadores profesionales a sueldo del partido; y 4) el mandamás interino de la autonosuya madrileña, Ignacio González, ha manifestado en voz alta sus anhelos de poner puertas al campo informativo. Y lo más lamentable es lo poco que sorprenden estos resabios viniendo de los hijos putativos de aquel ministro de (des)información franquista (Fraga) que introdujo en el (antiguo) régimen español las tácticas propagandísticas de su maestro Goebbels. Desde su acta fundacional, el PP ha pretendido inocular en la prensa nacional el venenoso título de aquella aguda colección de aforismos de Jorge Wagensberg: A más cómo, menos por qué. Eso, y aborregar al personal castigándolo con copiar cien veces en la pizarra (hasta aprendérselo de memoria) el lema de la última campaña de la enciclopedia ilustrada de la revolución española, el diario Marca: "Hay una España admirada por el mundo. Solo hay que saber qué periódico leer". Pero no cuela.

10.3.13

Que sea lo que Dios quiera

Extraña manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer. La del PP, digo. De un tiempo a esta parte, entre las fuerzas vivas se están perdiendo hasta las buenas costumbres y la última conquista social de nuestros gerifaltes consiste en cometer sus tropelías sin solución de continuidad, incluyendo domingos y fiestas de guardar. Por eso los esbirros que guardan las espaldas de la ministra Mato escogieron esa efeméride para hacer honor al apellido de su jefa: cuando un grupo de plumillas intentaba recabar (inútilmente) alguna mamarrachada de la (presunta) corrupta consorte, uno de sus matones martilleó una pared con el estómago de una reportera de Antena 3 (Soledad Arroyo) antes de partirle una mano por la base del radio. Extraña manera de celebrar el Día Internacional de la Mujer. La del PP, decía, y la del PSOE, que se pasó por el forro fecha tan señalada para tomar al abordaje la alcaldía de Ponferrada violando con tal hazaña sus propios logros en materia de igualdad. Lo hizo con premeditación, alevosía y una descomunal falta de tacto, pues su estrategia pirata para suplantar al PP en el gobierno local contó con el apoyo interino del condenado acosador sexual de Nevenka Fernández, el exalcalde. La letra pequeña del contubernio no da ni para un cutre culebrón, pero lo imputable puede resumirse en que los socialistas aún andan como María, dando un pasito pa'lante y otro pa'tras; un nuevo numerito que obligó a confesar a Rubalcaba, para quitarse el muerto de encima: "Nos equivocamos, rectificamos y punto"; aunque no aclaró si el punto era y seguido, y aparte o final. Por si acaso, Santi González le sugirió que optara por este último: "Hay edades, Alfredo, en las que podemos permitirnos cualquier cosa. Menos hacer el ridículo. Déjalo ya, hombre, y que sea lo que Dios quiera".

14.2.13

Rectificar es de necios

Después de advertir que "errar es humano" y "perdonar es divino", el poeta británico Alexander Pope legó a la posteridad la quintaesencia de su pensamiento: "Rectificar es de sabios". En sus tres siglos de vida, la (discutible) sentencia del satírico bardo ha servido tanto para recomponer un roto como para zurcir un descosido, hasta que hace un par de días la remendona Cospedal echó mano de ella para hilvanar el penúltimo desgarrón cometido por su partido: "Rectificar es de sabios", dijo la generalísima secretaria popular para justificar lo que el sandio Floriano consideraba un despido improcedenteel del exmarido de la ministra Mato— hasta una semana antes. A la misma hora, no muy lejos de la casa de la sabiduría —sita en Génova, 13, desde ya—, Rajoy explicaba a la remanguillé su injustificable (des)gobierno: "Yo me presenté con un programa electoral en el que prometía que no iba a subir los impuestos. Y probablemente he incumplido esa promesa. Bueno, no; probablemente, no. He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber". Otra rectificación, otro sabio; y aún quedaba día para alucinar con los efectos provocados por el virus de la sabiduría entre las huestes peperas. El Grupo Parlamentario Popular, que venía despreciando una iniciativa legislativa popular antidesahucios hasta bien entrada la tarde, tuvo que tragarse su orgullo a última hora, tras conocer que una pareja de jubilados mallorquines acababa de suicidarse por miedo a perder su casa. La tragedia obró el milagro y la sabiduría acudió rauda en auxilio de los peperos congresistas, que finalmente permitieron la admisión a trámite de la propuesta. Otra rectificación, otra congregación de sabios. Pero esta peligrosa manía de actuar al socaire de la opinión pública conlleva sus riesgos, como avisó hace algún tiempo Felipe González: "Rectificar es de sabios", dijo entonces el expresidente, "y de necios tener que hacerlo a diario".

15.1.13

Revolving mamandurrias

Du yu spikinglis? Pues ni puta falta que (te) hace, porque ya tenemos suficiente con la brasa que nos están dando los anglosabelotodo patrios, que de un tiempo a esta parte se han compinchado para demostrar que lo del nivel medio oral y escrito curricular era cierto. Por gentileza de estos infrautilizados hooligans de la Pérfida Albión, ahora sabemos que la traducción al cristiano de "revolving door" no es 'revolviendo puerta' —como pudiera parecer— sino 'puerta giratoria', y que esa es la gráfica expresión que los anglosajones emplean para denunciar los viajes de ida y vuelta que se pegan los gestores de la cosa pública y la privada a nuestra costa. En España deberíamos adoptarla como sinónimo de 'acomodo' y aceptarla como consecuencia inevitable de algo tan arraigado como el tráfico de influencias. Mientras legiones de lumbreras malgastan el tiempo pensando (y repensando) la izquierda, en esto —como en casi todo— la derecha va al grano: desde que Aznar privatizara medio país para repartirlo entre sus compañeros de pupitre, hasta hoy, cuesta encontrar un potentado pepero cuyo agradecido estómago no se halle generosamente abastecido por algún (des)interesado benefactor. La última en subirse al abarrotado carro de la mamandurria ha sido la reina del escaqueo funcionarial, Esperanza Aguirre, que se ha deshecho de sus prejuicios anticatalanistas —previo pago de su importe— para asesorar a una empresa de cazatalentos que, con su fichaje, evidencia un alarmante mal olfato para el asunto. La condesa (consorte) de Murillo pone así un punto y seguido en la (intra)historia de esta (in)sana costumbre, excluida de los estatutos del PP pero muy extendida entre su parroquia, cuyo (pen)último capítulo fue protagonizado hace unos días por Rodrigo Rato y su colocación en Telefónica. Eso sí, no serán sus aventajados alumnos (seudo)socialistas quienes puedan afearle la conducta: de Felipe abajo, calladitos estarán más guapos.

11.1.13

Un detallazo catalán

Anda estos días la prensa nacional algo azorada por el inopinado arrepentimiento de la banda de unionistas catalanes que ha devuelto al fisco parte de lo birlado hace algunos lustros, para librarse del talego. Se escandalizan los españolistas macarras de la moral, aparentando haberse caído de un guindo tal que ahora, pero, en un país en el que el trinque político es el deporte nacional, su enésima estratagema no cuela. No hace falta ser tocayo del toro que mató a Paquirri para sentirse agraviado por los mensajes de los juntaletras guerracivilistas, acérrimos defensores de la divergència i la desunió. Verbigracia, el exiliado Pablo Sebastián, desde su República de las ideas: "Es verdad que, en esto de la corrupción, en todas partes cuecen habas —ahí está Baltar, como asunto reciente—, pero en el caso del nacionalismo catalán lleva añadido el marchamo independentista lo que hace mucho mas grave la situación". Así que era eso: un ladrón catalán es mucho más peligroso que un intrigante cordobés. ¡Dónde va a parar! En una de las mejores tragicomedias del siglo XX, Albert Camus puso en boca del emperador Calígula una lapidaria advertencia (cito de memoria): "Gobernar es robar: eso lo sabe todo el mundo. Pero hay maneras y maneras: yo pienso hacerlo descaradamente"; advertencia que los políticos españoles, siempre tan leídos, convirtieron de inmediato en su credo espiritual, al que se han aplicado con unánime devoción hasta hoy. Por eso produce escozor intelectual escuchar a la Cospedal balbucir que "en política hay que ser coherente y no actuar con frivolidad" en nombre de un partido corrompido hasta las trancas; despreciando, de paso, el ejemplar "detallazo" de los admirables trileros catalanes, que solo han devuelto una trigésima parte de lo sustraído porque —como apunta Enric González— "una cosa es tener un gesto y otra ser tonto".

7.1.13

Una tontería en el coco

La charla entre compañeros de quinta que mantuvieron el Rey y el periodista Hermida la otra noche por ver cuál de los dos la tiene más larga se hizo corta. Lo tiene escrito Andrés Neuman: "Lo breve calla a tiempo, lo corto antes de tiempo"; lo cual que la (no) entrevista a su majestad (de ustedes) no fue breve —pese a durar poco más de un cuarto de hora— sino corta, porque el monarca de turno calló mucho antes de que le pudieran ser formuladas las demandas reales de sus súbditos. Arturo González planteó algunas, a toro pasado: "Señor, usted reina, pero no gobierna. ¿Eso qué quiere decir? ¿No se siente una figura decorativa?"; o esta otra: "Majestad, ¿cree que es mejor para revalorizar su cometido y figura una entrevista amable y complaciente o una exigente y comprometida?". La respuesta a esta última cuestión la ha dado esa entelequia que llamamos opinión pública: la imagen del Rey, en particular, y de la monarquía, en general, cae en picado, antes y después de la infructuosa operación Zarzuela que sus asesores comunicacionales han ejecutado en las últimas semanas. Porque los españoles sabemos que tenemos un soberano díscolo y lo que de verdad nos gustaría es que la manoseada campechanía borbónica se tradujera algún día en sinceridad real; que el ciudadano Juan Carlos afrontara sus vicios (y virtudes) como el genial Mágico González asumía su kamikaze práctica del fútbol en el Cádiz: "Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida"; que el cascado regente rematara la faena parafraseando al noctámbulo mago del balón salvadoreño: "Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el reinado como un trabajo. Si lo hiciera, no sería yo. Solo reino por divertirme".

2.12.12

El bienpagao

En vísperas de las segundas elecciones que perdería frente a Felipe González en 1993, Aznar fue destinatario de una Carta (en forma de libro) enviada por un esperanzado Arrabal; en ella, el profeta del milenarismo deseaba que el futuro gobierno pepero actuara "siguiendo el consejo de Sócrates bajo la autoridad de la belleza, de la ciencia, de la moral y de la verdad". Para cuando Aznar pudo mudarse finalmente a La Moncloa, tres años más tarde, el deseo publicado se tornó desprecio público: por no andarse con rodeos, el agrandado presidente ejecutó una enmienda a la totalidad de la sugerencia socrática: fealdad, inmoralidad y mentira fueron sus señas de identidad. Pese a todo, la querencia continuista de los españoles prorrogó, un mandato más, los primeros "cuatro años de aburrimiento" y "buena merienda". Había triunfado, remató Umbral, "el régimen de vitaminas y el vacío mental". Mas llegó el día en que España no toleró al tío del bigote ni una mentira (subvencionada) más y lo condenó a dejarlas por escrito (y por lo privado), que es a lo que se dedica desde entonces. En sucesivos panfletos bienpagaos, el expresidente ha tergiversado sus ocho años de gobierno y anunciado un antídoto contra la crisis escasamente leído, a lo que se ve. Ahora se pasea por estudios y platós idiotizando al respetable, como recién salido de un festival del humor tróspido, haciendo chistes para anormales y largando sandeces sin compasión. La percha es el primer tomo de unas Memorias que hasta el fatuo Carlos Herrera ve como pasadas por la nevera: "No habla mal de nadie". Ni siquiera de sí mismo, claro. En 2002, mediada su última legislatura, Victoria Prego se interesó por segunda vez por sus errores cometidos como gobernante. La (no) respuesta del presidente más ridículo de nuestra democracia fue: "Eso lo dejamos para el próximo libro". Pero ni por esas.

16.11.12

¿Huelgan las huelgas?


"Se ha zanjado con un seguimiento del 76,7%, según los sindicatos convocantes, o del 12%, según la patronal" (Elpais.com). "23:30. Ya podemos concluir: se confirma una caída de la demanda eléctrica del 11% respecto a la previsión de REE. Una cifra claramente inferior al 29M de 2012 (14.7%) y al 29S de 2010 (13.7%); y aún más alejada de 2002, 1994 y 1988" (Politikon). "A las 23h el indicador de EFC pone de manifiesto que el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído, desde la 00h del día de hoy 14N, un 66%" (Economistas Frente a la Crisis). "No creo que tras la jornada de ayer, 14 de noviembre, lo más importante sea discutir sobre el éxito o el fracaso de la huelga. Me apresuro a opinar, si me lo permiten, que no fue ni lo uno ni lo otro. Media entrada, que se dice. Pero las manifestaciones acallaron las discusiones. Cientos de miles de personas -¿alguien con los ojos abiertos puede dudar de esa cifra?- se echaron a la calle para mostrar su absoluto rechazo a la política económica del Gobierno de Mariano Rajoy" (José María Izquierrdo). "Hoy seguiremos con la guerra de cifras en torno al éxito o fracaso de la huelga general. Como si eso importara ante los aplastantes datos del deterioro objetivo en el que se encuentran tantos y tantos grupos sociales. Con nombres y apellidos, con rostros perfectamente reconocibles" (Fernando Vallespín). "Está claro que los sindicatos no son capaces de parar este país mediante una huelga general, quizás porque los ciudadanos, en medio de una crisis económica brutal, no la consideran el instrumento adecuado para canalizar su enfado, quizás porque seis millones de parados inoculan un miedo insuperable. También está claro que las manifestaciones se están convirtiendo en la única vía real para que ese creciente malestar y ese desasosiego logren expresarse" (Soledad Gallego-Díaz). "Claro que no paralizó el país. Todo lo contrario: lo movilizó. Un país paralizado es lo que ellos pretenden: un país paralizado de miedo, una sociedad quieta y callada, atemorizada por la triple tenaza: la crisis (miedo al paro y a la exclusión); la reforma laboral (miedo al patrón, al que la reforma laboral dio todo el poder); y la represión (miedo a los porrazos y multas). Pero ayer ocurrió todo lo contrario, y esa es nuestra victoria: el país no se paralizó, sino que se movilizó, se echó a la calle masivamente y aireó la protesta durante todo el día" (Isaac Rosa). "La Huelga General del 14N ha supuesto la demostración, otra más, de los límites en la capacidad de acción de la Izquierda, del desprestigio de los sindicatos, de su escasísima representatividad social y de su achatarramiento ideológico. Pero el Gobierno, en vez de aprovechar la ocasión para dar el golpe de gracia a estas bandas vociferantes y violentas, acabando con sus innumerables privilegios y permitiendo la creación o recreación de un sindicalismo nuevo, más acorde con la España actual, se va a recrear en el fracaso ajeno para no cumplir con la obligación propia" (Federico Jiménez Losantos). "Nadie tiene la sensación de que ha habido una huelga general. No han hecho la menor pupa, a pesar de la mentira de que se han dilapidado 4.000 millones de euros. Prepárense para las nuevas vejaciones. A partir de ahora, la dictadura del capitalismo hispano en plena apoteosis. Con unos ministros tan recogiditos y pulcros" (Arturo González). "La huelga ha sido dura, ma non troppo, y sirve al Gobierno de Rajoy para enviar una señal a Berlín: atención, que España comienza a humear" (Enric Juliana). "Cientos de miles de personas participaron en las manifestaciones organizadas en toda Europa por la Confederación Europea de Sindicatos para protestar contra las políticas de rigor. En opinión de la prensa europea, este cansancio ante la austeridad pone en duda el modo con el que se está realizando el ajuste presupuestario" (Presseurop.eu). "Una mega huelga golpea Europa" (Russia Today).

"Para adueñarse de la voluntad de las masas hay que poner en circulación ideas muy toscas y asequibles; porque las ideas difíciles no llegan a la muchedumbre; […] acabarán por triunfar aquellos a quienes las majaderías les salen como cosa natural y peculiar" (José Antonio Primo de Rivera).

25.10.12

No hay bien que por mal no venga


De todas las anécdotas elevadas a categoría que servirían para introducir la tesis defendida en este artículo, me quedo con la (pen)última de la que he tenido noticia. La recuerda el editor Manuel Fernández-Cuesta en eldiario.es: el 6 de diciembre de 1978, a la salida del colegio electoral en el que acaba de votar, el secretario general del PSOE, Felipe González, es preguntado por la vigencia de la Constitución que se terminaría refrendando esa misma jornada; su respuesta es de alucine: "Espero que decenios y decenios, y si es posible, de un siglo a dos". Era este un gesto sobrado -como tantos- que, sin embargo, desvelaba las intenciones de quien pilotaría la nave española en el primer tramo de la recientemente recuperada democracia. Porque hoy, treinta y cuatro años después de aquella antológica largada 'felípica', sabemos que González estaba echando mano de la retórica para adelantar, sintetizado, el futuro inmediato que aguardaba al país: la sinécdoque que ampliaba el radio de acción de la flamante Carta Magna hasta convertirla en lo que más tarde se dio en llamar la Cultura de la Transición (CT), entendida esta, según Amador Fernández-Savater, como el conjunto de "maneras de ver, de hacer y de pensar que ha sido hegemónica en España durante los últimos treinta años".

Lo que Felipe anunciaba era una época cerrada en sí misma, aunque vendida y aplaudida como aperturista, que se perpetuaría durante tres décadas y media -hasta hoy- gracias al subvencionado establecimiento de una tupida red de servidumbres y clientelismos. Pero la CT -acuñada para los restos por Guillem Martínez en un librito bueno, bonito y barato- está dando sus últimas boqueadas y ha llegado el momento de plantearse una muerte digna para con ella, siquiera sea por los servicios prestados: es hora de darle a probar de su propia medicina, o sea, administrarle una eutanasia activa que la remate definitivamente.

En 2012, El País ya no es el que era y este "trozo de planeta / por donde cruza errante la sombra de Caín", tampoco: el lector sabrá perdonarme el facilón juego de palabras, donde se debe entender El País como agonizante "intelectual colectivo-empresarial de la España posfranquista", según el traje dialéctico que le cortó a medida el profesor Aranguren tras su primer y exitoso lustro, y los versos de Machado como insuperable y eterna metáfora de un territorio condenado a no entenderse. Tampoco el mundo es el que era; y no, aquí no me refiero al particular microcosmos 'pedrojotiano' -que también agoniza-, sino al planeta que habitamos y a la sociedad de la que formamos parte, que malvive en estado de permanente efervescencia presentando todos los síntomas de las épocas revolucionarias: a un lado hay un monstruo moribundo pero al que aún queda resuello para seguir castigando a los más débiles; y al otro, se vislumbra una criatura todavía nonata que promete salvarnos de la tiranía del poder concentrado, pero cuyo parto se está eternizando.

En el ámbito doméstico, esta titánica lucha está castigando ferozmente a la figura que alumbró, amamantó, crío, y (mal)educó a la Cultura de la Transición: un Partido Socialista Obrero Español que hace décadas que dejó de ser "obrero", porque se amoldó muy pronto a la cultura del pelotazo y a la vida disoluta de la guapa gente; cuyo andamiaje "socialista" se vino abajo hace demasiados años, pues ha sido y es capaz de gobernar junto a cualquiera de las ideologías presentes en el arco parlamentario y apoyar, en comandita, propuestas de distinta ralea; y cuyo carácter "español" se viene desdibujando -Bono dixit- desde antiguo, ya que ha aceptado arrimarse a nacionalistas de izquierda y de derecha, más y menos radicales, con tal de aferrarse a un poder que le vuelve la espalda de forma cada vez más descarada. El único término que aún parece pertinente en su nomenclatura es "partido": por lo que tiene de participio del verbo partir más que como "conjunto de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa".

Y en estas estamos, inmersos en una coyuntura en la que los medios vomitan sin solución de continuidad reflexiones acerca de cuál debe ser la estrategia a seguir por la formación que ha vertebrado la política nacional de las tres últimas décadas y, recreándose en la suerte, sobre quién debe ser el estratega que se sitúe al frente de ella. Los últimos batacazos electorales del PSOE están permitiendo desmesuradas collejas como la que Félix de Azúa atiza a Rubalcaba con guante de seda: "Es un hombre eficaz en tareas subterráneas, ocultas, comisariales, pero carece del menor atractivo político y no se le conoce una sola idea". Aunque parece harto dudoso que aportaciones como esta contribuyan a deshacer el entuerto.

Sea como fuere, ni el debate en torno a la figura del que haya de convertirse en futuro líder socialista ni el bizantino cacareo de las propuestas ideológicas que deban conformar el ideario inminente del partido, deberían preocupar en exceso. Sí debería ocuparnos, en cambio, lo que de ambos pueda derivarse: el PSOE detenta en la actualidad un poder menguado cuya escasa influencia amenaza con convertirse en residual; por lo tanto, el papel que puedan desempeñar sus próximos mandamases a la hora de asimilar las demandas de una sociedad desahuciada y su posterior defensa desde las instituciones, debería interesar y hasta importar.

El bipartidismo está a punto de irse al garete y los socialistas, para merecer nuevamente tal epíteto, deberían aproximarse a lo que algún día fueron, la voz del pueblo, sin recurrir, como les advierten desde su propio bando, a la "vieja trampa lampedusiana de querer cambiarlo todo para que todo siga igual". "Ha llegado el momento", demandan las (auto)denominadas Líneas Rojas, "de cambiarlo todo para que nada (o casi nada) siga igual".

Así que el PSOE tiene que aprender a desenvolverse en una coyuntura electoral inédita: el irrefrenable ascenso de la abstención, del voto nulo y del voto en blanco se ha erigido en el paradigma democrático de la desafección generalizada hacia la política, pero sobre todo hacia los políticos. Debe tomar buena nota el Partido Socialista de aquello que la sociología concluye sobre el actual estado de la cuestión: "Los más críticos son la gente de mayor estatus social y económico, de mayor educación, varones, no demasiado mayores, de grandes ciudades y… bastante de izquierdas o ajenos a la clasificación ideológica habitual"; una audiencia, por consiguiente, difícil de manejar/manipular, exigente, hastiada del statu quo y anhelante de una sociedad que pueda ser calificada, con rotundidad, como moderna. Hoy sabemos que las ideologías no han tocado a su fin, contrariamente a lo que aseguró hace medio siglo Daniel Bell, pero no ignoramos que en el siglo XXI las ideas progresistas están esparcidas irregularmente por varios credos. Aquel que sea capaz de unificar la fe de sus distintos correligionarios multiplicará sus posibilidades de éxito en el futuro, y entonces volveremos a creer que no hay bien que por mal no venga; porque la derecha amenaza con mantenerse firme, sostenida por una masa preocupantemente acrítica, por los siglos de los siglos.

9.10.12

El rescate interior

"Los políticos se han creído que el dinero era suyo", denuncia sin amilanarse el presidenciable gallego Mario Conde. Y no, el dinero no era de los políticos. El dinero fue, es y será de los banqueros, que lo acumulan a espuertas por las buenas o por las malas, como bien sabe quien fuera el yuppie por antonomasia de la España del pelotazo; quien aún siente el aliento de la justicia en el cogote por culpa de aquel robo milmillonario cuando era, según decían, el ejemplo a seguir. Los años en la cárcel reforzaron la ilimitada ambición y la tornasolada identidad política de este ladrón de guante blanco que fue centrista y estuvo a punto de ser socialista antes de transmutarse en derechón de toda la vida, hasta que la coyuntura le ha permitido independizarse, pero poco, de los hijos de Dios, la patria y el rey. Ahora que, como escribe Alvite, "el hambre ha dejado de ser un capricho para convertirse en un castigo", Conde y otros oportunistas carroñeros de la política nacional sobrevuelan nuestra cadavérica democracia con la malsana intención de pegarle un penúltimo bocado que calme sus insatisfechas ansias de poder. La volandera formación la completan, por el flanco opuesto, el cívico Anguita y el abierto Llamazares, que conspiran en público para hacer visible su (in)fidelidad a la izquierda (des)unida. Desde sus respectivas atalayas oyeron rescate y se ofrecieron voluntarios. Incluso hay quien asegura que ha visto asomar por los amenazadores cielos castellanos las plumas (y los picos) de Aznar, Espe, Felipe y Bono como rapaces postulantes a rescatadores interiores. En casa aguardamos entre atemorizados y expectantes: estamos dispuestos a desembarazarnos de nuestro congénito abstencionismo y participar, por vez primera, en la fiesta de la democracia. Si los buitres acechan, acudiremos a las urnas… a votar a Rajoy.