El segundo Conde de Rochester, que fue registrado civilmente como John Wilmot, fue un incorregible libertino británico del siglo diecisiete que la diñó a la edad de Cristo, dejando como legado una importante obra poética, regada de sátira y hedonismo, y media docena de churumbeles a cargo de su acaudalada parienta. Y fueron ambas circunstancias las que le posibilitaron pasar a la posteridad sintetizando la quintaesencia de su cinismo vital: "Antes de casarme —dicen que dijo poco antes de morir entregado a los excesos— tenía seis teorías sobre cómo educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría". Salvando las distancias, pues el acontecimiento más epicúreo que se le recuerda a Rajoy fue chuparse un habano mientras contemplaba in situ una ascensión ciclista a l'Alpe d'Huez, se trata del mismo mal que aqueja a nuestro apocado mandamás: antes de alcanzar la presidencia del Gobierno, el rey plasmado aseguró barajar infinitas soluciones para un solo problema, la crisis, pero año y medio más tarde vaga sumido en el (des)gobierno, asediado por infinidad de problemas para los que no encuentra siquiera una mísera solución. Moraleja: los apriorismos sirven de poco en la vida privada, y de nada en la pública. Visto lo visto, los partidos políticos (populares y populistas) deberían someterse al dictamen de las urnas sin programa electoral y, solo después de haberse encaramado al poder, formalizar sus propuestas. Así, la reiterada inoperancia gubernamental sería idéntica, pero al menos nos ahorraríamos la frustración que sucede a cada fraude programático. Votaríamos —quienes todavía se atrevan a hacerlo, claro—, igual que hasta ahora: en función de afinidades electivas, del sentimiento de pertenencia a un grupo o cegados por cuestiones tan accesorias como el sexo, la edad, la raza, el credo o el aspecto físico de los postulantes. Pero sería un proceso más limpio, que solo podría verse adulterado mediante cirugía estética. O sea.
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24.6.13
Antes y después
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20.6.13
Leña al mono
Hace tres semanas fue la Comisión Europea la que nos leyó la cartilla y ahora le ha tocado el turno al Fondo Monetario Internacional, mas poco importa el remitente cuando las advertencias enviadas a nuestra nunca bien ponderada península histérica son idénticas: 'Sí, pero no', han venido a decir los insaciables vampiros supranacionales en un escueto mensaje donde el 'sí' equivale a una palmadita en la espalda —efecto lubricante— y el 'no', a todo lo demás —"te la meto doblá", que cantaría el chirigotero 'Selu' de Cai—. Resumiendo la cháchara tecnócrata, por ahorrar esfuerzos al (improbable) lector: dos de las tres patas de la maldita troika de los dineros se han aliado para azuzar a los cachorros de Rajoy para que continúen apretando pero sin ahogar a sus presas o, en el peor de los supuestos, para que ahoguen sin que se note demasiado. O sea, leña al mono democrático, que para eso están las mayorías absolutas. Aunque, por más que el eco gubernamental repita hasta la saciedad que ya se vislumbran en el horizonte los brotes verdes, lo cierto es que, desde que la cándida Elena Salgado los barruntara años ha, los únicos brotes verdes que han visto estos ojitos son los de mi mala hierba jardinera. Lo refería con una ilustrativa anécdota David Gistau en su dietario: a las puertas del Congreso, ayer se le escapó a un policía: "Ay, si los detectores fueran de mentiras…". En fin, que ante quienes nos chulean desde las alturas no caben medias tintas: o seguimos jugando al engañabobos con inútiles pactos al estilo de los de Cánovas y Sagasta o desentrañamos toda la mala leche acumulada secundando a Sánchez-Gordillo ("Que la Europa de los mercaderes se vaya al coño de su puta madre"). De momento, Rajoy y Rubalcaba han optado por jugar a la Restauración.
4.6.13
Teleindignados
Uno de los más avezados todólogos del afterpop patrio, Raúl Minchinela, sostiene que "la televisión retrata el XXI como el siglo de las pocas luces"; y lo cierto es que basta con abandonarse durante unos minutos al noble arte del zapeo para corroborar que razón no le falta. La (plausible) tele que nos parió ha dejado paso a un oligárquico entramado audiovisual demasiado condescendiente con la rajoyana mayoría silenciosa y… así nos va. Pero no todo está perdido: como acentuaba hace poco David Trueba, "con bastante poco esfuerzo, La Sexta se ha adueñado de un territorio de crítica que las demás cadenas le han entregado sin disputa". El renacentista crítico televisivo se refería, claro, al recalcitrante espíritu de mosca cojonera que se ha adueñado de quienes manejan a su antojo el emporio que Zapatero regaló a Roures y este malvendió a Lara; y la verdad es que se nos antoja incontrovertible defender que los infoshows sextarios conforman ahora mismo, casi en exclusiva, el digno amplificador de la ninguneada voz del pueblo. El Gran Wyoming, mordaz busto parlante de uno de esos críticos artefactos (El Intermedio), lo denunciaba piropeando a Jordi Évole en el quinto cumpleaños de su bienaventurada criatura: "Es una vergüenza que Salvados sea competencia de los grandes medios de comunicación; en realidad, es una vergüenza para el país"; y lo es porque el antiguo 'Follonero' ha finiquitado su undécima temporada erigiéndose en el referente de lo que Libération ha llamado "teleindignados": el Michael Moore del Llobregat se ha transformado en "un Tintín que nunca recula". Lo reconfortante es que su hueco lo ocupa, desde ya, El Objetivo de Ana Pastor, esa españolización del manido fact checking anglosajón que pretende afear las mentiras públicas con datos: una quimera que fracasó en su debut, olvidando que no todo es verdadero o falso; que también existe lo verdadero, pero…
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23.5.13
Un (mal) expresidente
Aznar se plantó en la tele cargando "un dolor español de profundidades casi noventayochistas" (Gistau) y se postuló, entre la compunción y la prepotencia, como protomártir de una hipotética renovación de España: "Cumpliré con mi responsabilidad, con mi conciencia, con mi partido y con mi país", dijo el atribulado ex, pero, sin que sirva de precedente, esta vez preferiríamos que actuara de manera irresponsable. Por nuestra salud. El divino creador del paraíso del pelotazo realizó una faena de aliño en su comparecencia televisada, lidiando mediante chuscos capotazos tres mansos ejemplares de fraternal encaste (Lomana, Prego y Marhuenda): recreándose en los lances accesorios pero resucitando las espantás de Curro Romero cuando tocaba entrar a matar. A la postre, no tocó pelo, mas vio cumplido un sueño preterido desde que los flashes se divorciaran de su triste figura: que su nombre volviera a figurar con letra de molde en los carteles y, de paso, que su (posible/improbable) regreso al ruedo ibérico se convirtiera durante unas horas en la comidilla de un país ayuno de bureos. Sostuvo Norman Mailer que 'ego' fue el gran sustantivo del siglo XX, pero Aznar se dejó el alma aggiornando la sentencia: sus respuestas se limitaron a un estomagante yo, mí, me, conmigo que aporta entre poco y nada al debate nacional. Lo que sí hizo el prejubilado mandamás fue lo que Rubalcaba no ha sabido, no ha querido o no ha podido hacerle en año y medio a Rajoy: daño. Al inefable tío del bigote no le gusta un pelo cómo está dejando su digitalizado delfín lo que antaño fue su cortijo; lo cual que, entre desleal y circunspecto, se lo hizo saber. Cómo sería la cosa, que hasta uno de los pujantes cachorros peperos, Borja Sémper, ladró en Twitter: "Zapatero se consolida como el mejor ex-presidente de gobierno". Que ya es ladrar.
21.5.13
La (amarga) dolce vita
Refiere la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española que el 'sainete' es una "pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final". Verbigracia: lo de Blesa. Porque el grotesco metisaca carcelario perpetrado por nuestra justicia para con el expresidente de Caja Madrid habría dado mucho de sí en manos de Arniches o los Álvarez Quintero, aunque relatado por los apesebrados cronistas del presente, maldita la gracia. El numerito con pernoctación en el trullo no ha supuesto más que un paréntesis disuasorio estratégicamente escenificado en medio de lo que podríamos intitular, con permiso de Daniel Monzón y su olvidable largometraje homónimo, El robo más grande jamás contado: la película —inconclusa, para nuestra desventura— en la que unos insufribles banksters de andar por casa hicieron saltar la banca española asaltando a los ciudadanos, con la entusiasta connivencia de una kilométrica recua de paniaguados secundarios de la política y el sindicalismo; los mismos que ahora, perpetuando esa lógica perversa que impera en las cadenas de favores estratosféricas, se las componen como buenamente pueden para evitar ser ajusticiados. El caso es que Miguel Blesa fue durante algún tiempo el insoslayable farallón del rocoso gremio que implantó en España la dolce vita. Sus amistades peligrosas lo arrastraron al magnético microcosmos del money, money —fue compañero de pupitre de Aznar—, pero esas mismas malas compañías han terminado vedando su plácido retiro. Sus préstamos a espuertas y su querencia por la mamandurria están siendo escudriñados y ya le han costado un disgusto más dos millones y medio de fianza. Con todo, se nos antoja poco castigo para uno de los estrellones del desfalco nacional, cuyas tropelías nos salen, de momento, a cuarenta mil millones del ala. Sirva, al menos, como apercibimiento para sus pringados colegas, que son ciento y la madre.
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15.5.13
El principio del fin del 'acostumbramiento'
La rebelión de las masas (auto)etiquetada como 15-M comenzó a tomar forma cuando los avaros apóstoles del capitalismo arrancaron a predicar la desaparición del estado del bienestar y los inquisidores civiles hicieron suyo el retrógrado evangelio austericida, aunando esfuerzos para aniquilar los derechos adquiridos por la ciudadanía durante décadas, o sea, cuando la indignación posmoderna resucitó el frustrado lamento de nuestro particular príncipe destronado, Segismundo: "Pues aunque el dar la acción es / más noble y más singular, / es mayor bajeza el dar / para quitarlo después". La insaciable voracidad de los (putos) amos del cotarro arrebató al pueblo lo que era suyo y, con ese incorregible gesto, despertó al "compuesto de hombre y fiera" que, desde que Calderón alumbrara La vida es sueño, sabemos que somos. El maltrecho gentío tomó entonces las calles —que eran lo único que le iba quedando— y, entre hiperbólicas descalificaciones ("Hatajo de mastuerzos" llamó Fernando Savater a los indignados correligionarios de su hijo Amador) y ditirambos a tutiplén, consiguió asentar los cimientos de un renovado sistema cuyo andamiaje aún está por definir dos años más tarde. Como advirtió Baudrillard, ya no hay ideologías, sino solo simulacros, y consecuentemente los sondeos retratan un país que no deja lugar a la duda: más de la mitad del electorado se resiste a seguir bailando el agua a los partidos tradicionales y, menos aún, a sus pervertidos cabecillas. Existe una evidente resistencia a lo que Juan Gelman ha definido como "acostumbramiento" y ya va siendo hora de transformar ese cabreo ciudadano "en todas direcciones" (por decirlo en términos lucasianos), compuesto de angustia, asco y desengaño, en algo sólido que meternos para el cuerpo. Porque sabemos por William Blake que debemos crear un sistema o ser esclavos del de otro hombre; y no veo yo demasiada vocación esclava a mi alrededor.
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13.5.13
La moda europea
El hawaiano Robert Kiyosaki, uno de esos charlatanes posmodernos que se han hecho mundialmente famosos publicando perogrulladas, lo tiene escrito en alguna parte: "A veces se gana y otras se aprende"; y al Real Madrid ayer le tocó aprender. El entrenador que finalmente le arrebató la Euroliga de baloncesto, Georgios Bartzokas, había advertido en la víspera: "Nos mediremos al número uno de la historia del baloncesto"; y esa falsa modestia tenía toda la pinta de una lección magistral que su adversario debería memorizar para no volver a caer en la trampa. El mejor conjunto europeo del momento (Olympiacos), que amontona en su zurrón tres finales y dos títulos cosechados en los últimos cuatro años, se enfrentaba al más laureado del continente, que exhibe orgulloso (pero ridículamente nostálgico) ocho copas de Europa en sus vitrinas, aunque esos datos previos no dibujaban más que un espejismo: de la última final continental que ganaron los blancos hace ya dieciocho años; y de la penúltima, treinta y tres: demasiado tiempo, tratándose de asuntos deportivos. Y este cuento, sumado al que concluyó trágicamente hace diez días sobre los céspedes del Bernabéu y del Camp Nou, arroja una ingrata moraleja: lo que se lleva esta temporada en el viejo continente es darle para el pelo a los clubes españoles: tanto da que hablemos de fútbol, donde la madrastra de Europa (Alemania) nos barrió de la antesala de la gloria, como que nos ocupemos del baloncesto, donde ha sido la cenicienta de la Unión (Grecia) la que nos ha birlado el final feliz. Así las cosas, el lector sabrá perdonarme que aquí no quede hueco para la épica germana ni para la mitología helena: la epopeya por nuestras glorias deportivas tendrá que esperar hasta mejor ocasión. Pero ya me jode no poder cantar ningún alivio para este deprimido país. Ya me jode.
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7.5.13
El nuevo (viejo) socialismo
Porque "vivir es ver volver" —como decía Azorín— resulta menos sorpresiva la fulgurante resurrección del socialismo rubalcabiano: en política todo vuelve; y lo hace sobrado de motivos si aún no se había ido del todo. Rubalcaba, que lleva meses haciendo oídos sordos a los cenizos demoscópicos, interiorizó de pequeño el adagio de papá Gramsci que advierte que "una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer"; pero el pertinaz segundón tiene para sí que la verdadera crisis es la que está carcomiendo al absolutismo pepero y no la que los sans-culottes del puño y la rosa avivan desde la rue Ferraz. Así que, haciendo buena la apócrifa cantinela donjuanesca ("Los muertos que vos matáis gozan de muy buena salud"), el PSOE lanzó el pasado fin de semana un órdago a sus enterradores poniendo sobre la mesa del presente un conjunto de propuestas para reactivar la economía y combatir el desempleo: un refrito que mezcla a Roosevelt con la Merkel y a Obama con el FMI pero que abre una vía de esperanza a una ciudadanía con la "confianza lastimada" (Juan Gelman dixit); seis estratégicos aldabonazos económicos para poner en práctica aquello que sugería Ignacio Ramonet en una reciente entrevista: "Hay que volver al sentido común, a un keynesianismo razonable: tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea indispensable". Total, que lo que proponen Rubalcaba y su claque, casi sin pretenderlo, es volver a los orígenes del socialismo: redistribuir la riqueza —aunque esta vez sea prestada— por medio del Estado; o sea, lo que apuntó Jabois a su manera: "El PSOE no necesita ideas nuevas sino viejas, que son las de sus intelectuales que se le han ido bajando del caballo por rabia, frustración o aburrimiento".
5.5.13
Una España admirada por el mundo
Anteayer se celebró —es un decir— el Día de la Libertad de Prensa, esa entelequia que el Partido Popular había festejado por adelantado vía Twitter: "Con esta prensa fatalista q inunda España d pesimismo cuesta más salir d la crisis,pero vamos a salir,sin su ayuda,pero saldremos". Así apretujó sus veleidades mediáticas Iñaki Oyarzábal para sumarse a las exequias por aquel antiguo pilar de la democracia que un día hizo las veces de cuarto poder: matando al mensajero. El disléxico secretario general de los pepijos vascos ponía de esa forma el punto y seguido a una mala racha de los de su cuerda en la materia, porque, de un tiempo a esta parte: 1) los genoveses presumen de transparencia abusando de la callada por respuesta y endilgándonos las naderías presidenciales apantalladas; 2) los parlanchines diestros tienen vetada su presencia en la trinchera enemiga que lo peta en la tedeté; 3) se ha descubierto que parte de las barcenadas va a parar a los bolsillos de un ejército de intoxicadores profesionales a sueldo del partido; y 4) el mandamás interino de la autonosuya madrileña, Ignacio González, ha manifestado en voz alta sus anhelos de poner puertas al campo informativo. Y lo más lamentable es lo poco que sorprenden estos resabios viniendo de los hijos putativos de aquel ministro de (des)información franquista (Fraga) que introdujo en el (antiguo) régimen español las tácticas propagandísticas de su maestro Goebbels. Desde su acta fundacional, el PP ha pretendido inocular en la prensa nacional el venenoso título de aquella aguda colección de aforismos de Jorge Wagensberg: A más cómo, menos por qué. Eso, y aborregar al personal castigándolo con copiar cien veces en la pizarra (hasta aprendérselo de memoria) el lema de la última campaña de la enciclopedia ilustrada de la revolución española, el diario Marca: "Hay una España admirada por el mundo. Solo hay que saber qué periódico leer". Pero no cuela.
3.5.13
Aquí no hay quien viva
"El fútbol es —según asentó Vázquez Montalbán— la religión diseñada en el siglo XX más extendida del planeta"; y en pleno siglo XXI sigue siendo, mal que le pese a los marxistas más rancios, el verdadero opio del pueblo, cuyo principal efecto secundario, la hornbyana fiebre en las gradas, se ha impuesto como la única pandemia incurable de la actualidad. Conviene administrar estas certidumbres, de entrada, pues solo tras su dosificada ingesta se puede digerir una jornada como la de ayer, en la que la batalla entre los apocalípticos y los integrados de las huestes balompédicas estuvo más reñida que nunca. La sensacionalista prensa recreativa continuó comportándose como si no existiera el mañana y se entregó rendida a los encantos del maximalismo: la tunda germana en las semis de la championslíg ha dejado al aire las vergüenzas del fútbol español y ahora toca rasgarse las vestiduras para llorar el fin de ciclo de nuestras glorias deportivas, el Barça y el Madrid. Pero ni el (auto)engañoso uso preventivo del miedo escénico y los minuti molto longo ni el ventajista abuso posterior del apotegma linekeriano ("El fútbol es ese deporte en el que juegan once contra once y al final ganan los alemanes") marcan goles. El balompié patrio vive desde hace años en una burbuja ruinosamente gestionada —deudas milmillonarias y sueldos disparatados— que está a punto de estallar y que se llevará consigo nuestros aires de grandeza; pero, mientras miramos para otro lado, la eficacia probada europea —el lema del Bayern es "Mia san mia": nosotros somos nosotros; sin aditivos ni colorantes— nos las da todas en el mismo lado. Cuando pase la lacerante resaca de la derrota, caeremos en la cuenta de que no tenemos cantera ni pasta para fichajes, y entonces el país se echará a la calle de una puñetera vez: porque sin comer podemos ir tirando, pero sin furbo aquí no hay quien viva.
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1.5.13
La puta insistencia
Una vieja amiga cántabra solía contarme un chascarrillo norteño que añadía vitriolo a la fina estampa que retrata la lógica del poder en este desventurado país: "Ya no sabemos si el Banco es de Santander o Santander es del banco". Se refería, claro, al vampírico tinglado montado hace varias generaciones por esos ahorradores pasiegos de rancio abolengo a los que un maldito apellido condenó desde la cuna: los Botín. Y otro tanto podría afirmarse hoy acerca de los partidos políticos, los medios de comunicación o los clubes de fútbol, pues a todos los tienen trincados los malandrines por los colgajos. De ahí que la totalidad de las causas judiciales abiertas contra los miembros del clan de la corbata roja —evasión fiscal, indemnizaciones desorbitadas, etc.— hayan sido archivadas a cambio de millonaria calderilla —si se me permite el oxímoron—; y de ahí que estos días la paniaguada prensa patria, que ha venido silenciando discretamente todas y cada una de las tropelías santanderinas, despida con honores de brillante gestor a quien la justicia sentenció como ímprobo y probado delincuente, Alfredo Sáenz, que se retira de la vicepresidencia de la casa madre con una pensión de ochenta y ocho millones de euros que sumar a lo expoliado a sus clientes a lo largo de toda una vida dedicado a la usura. Una pensión que, por su desafío al decoro en tiempos de miseria, quedará como el mayor agravio comparativo de un gremio al que los tiesos de España hemos ayudado ya con casi doscientos mil millones públicos (que no tenemos) desde que su avaricia y sus artimañas nos abocaran a una crisis que aún le parece ajena; un gremio que, por su cansina reincidencia, impele a las profesionales del sexo a reiterar su ya legendaria defensa: "Las putas insistimos: los banqueros no son nuestros hijos".
29.4.13
El dedo de Monago
El dedo de Monago debería pasar a la posteridad como incólume suvenir del descacharrante 'Celtiberia Show', aquel estrafalario escaparate expuesto en las páginas de la revista Triunfo donde el mordaz Luis Carandell recopilaba "las hazañas, andanzas, milagros, ejemplos, decires, gracias, desgracias, ocios y negocios de los celtíberos de nuestros días". El dedo de marras se lo jugó el chulesco bellotari extremeño en una baladronada tras encaramarse a la encina del poder autonómico: "Yo no he venido a hacer recortes sociales. Antes me corto un dedo, ¡vamos!", fue el envite que lanzó a una entrevistadora pública cuando entonces; y ahora, sus recortados sufridores han empapelado la región con su jeta y una coñona leyenda: "Se busca con o sin dedo". Lo cual que el fanfarrón mandamás, que parece haber olvidado que sus numerosos trapos sucios penden de tres endebles pinzas seudocomunistas, ha dado rienda suelta a su hocico y se pavonea por los medios verbalizando su victimismo. Los altavoces de la caverna mediática están reventando el límite de decibelios permitido por las más elementales normas de urbanidad para silenciar la voz de los desahuciados extremeños, pero ni todo el ruido ni toda la furia derechonas podrán acallar la calamitosa realidad de una región acogotada. El individuo que (des)calificó a su antecesor como el "campeón del paro en España" lleva ya acumulados casi setenta mil nuevos parias y aún no ha alcanzado el ecuador de su inestable legislatura. Pese a ello, se da el lujo de marear la perdiz abrazando los ensangrentados cuartos judíos y ambicionando quedar para los restos como "el presidente de la I+D+i extremeña". Incluso se ha postulado como el nuevo Guillermo Tell, porfiando con sus homólogos del arco mediterráneo: "Ellos tendrán el arco, pero yo tengo las flechas". Mas lo único que tiene es poca vergüenza; y un dedo que ya no le pertenece.
27.4.13
El récord de la vergüenza
David Trueba ha reconocido, negro sobre blanco, que "encontrarle un lado positivo a la cifra de parados española es como apreciar lo hermoso del amanecer el día de tu fusilamiento", pero el renacentista opinador no ha caído en la cuenta de que el partido que nos (des)gobierna es capaz de eso y de mucho más, pues parece ser que desde las alturas genovesas —a las que no he tenido el (dis)gusto de ascender nunca para comprobarlo— se contempla la realidad tamizada por un espíritu bucólico sin parangón en la historia de la humanidad. Para muestra, tres botones entresacados de las reacciones a lo que El Mundo ha titulado en primera "El récord de la vergüenza": 6.202.700 parados: 1) el secretario de Estado de Empelo, de cuyo nombre no quiero acordarme, balbuce que se está "invirtiendo la senda" y que la tasa de destrucción de empleo "se está atemperando"; 2) el correveidile extremeño de apellido compuesto, Floriano, suplica "que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias"; y 3) el torrentiano Martínez Pujalte mienta a Zapatero y le da otro revolcón a la sobada herencia recibida, achacando los males presentes a las decisiones tomadas "hace unos cuantos años", cuando "empezaba la crisis". Tres esperpénticas demostraciones de cómo despachan los cráneos privilegiados del PP el dramón de un pueblo que comienza a comerse los mocos; aún más grotescas tras ser corregidas al día siguiente por un Gobierno que ya admite sin ambages que será incapaz de crear empleo durante su legislatura. "Cuando gobierne bajará el paro", dijo un Rajoy que se las prometía muy felices mientras holgazaneaba en la oposición. Y en esas estamos, confiando en que cumpla su promesa… esperando que gobierne.
25.4.13
Medias verdades
Se cachondea Toni Garrido de la economía denunciando con la solemnidad que le caracteriza que "es la única disciplina que permite que distintos expertos lleguen a conclusiones totalmente diferentes utilizando los mismos datos"; y no podía haber elegido una coyuntura más favorable para meter el dedo en esa llaga: porque estamos en la semana en la que ha caído hasta mínimos históricos la cotización de la Excel(encia) financiera, esa maldita hoja de cálculo virtual —alumbrada por los alumnos más aventajados de Bill Gates— sobre cuyos desarreglos funcionales asentaron Reinhart y Rogoff las teorías austericidas que han servido como hoja de ruta a aquellos mandamases que vinieron al mundo con tijeras en lugar de manos. Aunque de poco ha servido la revelación del garrafal error de procedimiento de los cerebritos yanquis, porque los recortadores vocacionales siguen a lo suyo, con o sin aval académico. Así que, en vez de ciscarnos en el papá de Microsoft, nos vemos obligados a descargar una vez más sobre la puñetera madre de quienes se han propuesto hundirnos en la miseria. Con todo, aún quedan almas cándidas que defienden que los datos se han convertido "en el nuevo ADN de la información"; una afirmación difícil de sostener en este tremedal en el que estamos hartos de escuchar de boca de los banksters que el papel lo aguanta todo, o sea, que los datos no son más que medias verdades huérfanas de significado sin sus hermanas mellizas, las interpretaciones. Materia, esta, en la que están doctorados los trileros más baqueteados de nuestro (des)Gobierno (Rajoy, Montoro y De Guindos), que de nuevo se han confabulado para engatusarnos con el engañabobos de la prima de riesgo. Pero basta poner los pies en la calle y cruzarse cara a cara con la pobreza para mandar a tomar por saco a la susodicha prima… con toda su parentela.
23.4.13
Desvergüenza popular
En el arranque de 'What can I do', un añejo single del polifacético rapero Ice Cube, se oye el lamento de una fatalista voz en off: "En cualquier país, la cárcel es el lugar al que la sociedad envía a sus fracasos. Pero en este país es la sociedad misma la que está fracasando"; una queja que bien podría servirnos, aquí y ahora, para ejemplificar la vergonzante realidad de esta hipercrítica España del presente. Porque un Estado que tolera que sus saqueadores públicos sigan haciendo vida normal, ha de encontrarse forzosamente parasitado por una sociedad fracasada que no puede —pero tampoco quiere— poner fin a sus desgracias colectivas. Llevamos décadas dejando nuestro castigo sin venganza, cual trágicos personajes de Lope, y esa falta de cultura democrática nos está pasando una carísima factura. Ayer mismo supimos que, gracias a nuestros donativos, el Partido Popular amamantó cuando era cachorro a su dóberman asturiano con (sobre)soldadas, cuyos montos he recalculado en pesetas para que el encabronamiento sea mayor: cuando el salario mínimo interprofesional de los jornaleros ibéricos rondaba unas míseras sesenta mil cucas —hará cosa de veinte años—, el feroz Álvarez-Cascos nos chupaba cada mes algo más de dos millones, a tocateja y ensobrados. Sumo y sigo: los papeles airean que la costumbre del complemento en concepto de gastos de representación estaba muy extendida en esa época, y que los principales (sobre)cogedores eran el inefable Aznar y su camarilla (pre)gubernamental, que aún hoy sigue aferrada a varias carteras ministeriales. Vuelvo a sumar, y sigo: se filtran los (escasos) datos disponibles de las empresas tapadera con las que el PP lavó más blanco que sus adversarios durante años. Dejo de sumar. Mientras tanto, los impunes (presuntos) implicados dan diarias lecciones de moral ante las que parece obligado acordarse de Cleóbulo, el sabio moderado: "Ojalá yo viviera en un Estado donde los ciudadanos temieran menos las leyes que la vergüenza". Pero aquí, ni eso.
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9.4.13
Habemus Fraudeleaks
"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.
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26.3.13
La navajita plateá
Se puede cantar al son del flamenco psicodélico de Los Planetas ("Se ha reunido un comité de expertos / y ha decidido que se acabó lo nuestro") o contar deslastrado de zarandajas diplomáticas, como hacía Marc Vidal en la previa: "Hay un grupo de inútiles reunidos pensando en cómo nos cobran su ineficiencia sin que parezca improvisado"; pero al margen del soniquete elegido para envolver el relato de los acontecimientos, lo incontrovertible de la charlotada perpetrada por la troika contra Chipre es que se trata de un nuevo atraco de la Europa consentida a los bolsillos de sus súbditos más débiles; y ya van unos cuantos. Alemania continúa marcando el paso de la (des)unión europea y quienes (mal)vivimos sometidos a sus vaivenes emocionales estamos ya empachados de tanto chalaneo. Los germanos se dan el lujo de adoctrinar a sus convecinos en materia de elementalidad pero callan como putas cuando la vergüenza les araña. Se va a cumplir ahora el primer aniversario de una anécdota que no me dejará mentir: el Real Madrid se medía al Bayern Múnich en el Allianz Arena, en la ida de las semifinales championsligueras; en los prolegómenos del choque, los amigos de lo ajeno afanaron las botas, camisetas y medias de Ronaldo, Özil y Benzema; pero el robo no mereció más que minúsculos despieces en la prensa de segunda división. Imaginemos ahora qué habría sucedido si el pillaje hubiera tenido lugar en suelo español: como poco, habría sido premiado con el escarnio de los amplificadores morales teutones y la risita condescendiente de sus acérrimos partidarios. Así se escribe la Historia. Sin embargo hoy, con la ortodoxia chipriota recién afeitada a punta de rescate alemán, el lacio Rajoy no ha resistido la tentación de poner sus barbas a remojo, mientras la navajita plateá del corralito reluce allá en las alturas sajonas.
24.3.13
El cuento de nunca acabar
Lo recuerda Fernando Savater cada vez que se le presenta la ocasión: "La diferencia entre dictadura y democracia es que en la democracia es político todo el mundo"; pero a una casta tradicionalmente intolerante como la diestra le cuesta horrores asumirlo. Los gerifaltes populares parecen soliviantados estos días porque tienen a la ciudadanía knockin' on PP's door para devolverles sus esperpénticas estampas reflejadas en los deformados espejos de la nefanda realidad; y se ve que la imagen no es de su agrado. Por la calle anda suelto el escrache, esa marrullería lunfarda y arrabalera que los argentinos se sacaron de la manga para ponerle la cara colorada a sus cóndores domésticos, aquellos que se divirtieron jugando al escondite con indefensos seres humanos durante la abominable dictadura militar. Aquí y ahora, los afectados por la hipoteca han adoptado como propia esa democrática táctica de rebeldía plantándole cara a quienes diariamente se chotean en la nuestra; y, como era previsible, la casta acorralada se ha defendido destapando su caja de los miedos: el Gobierno ha advertido muy seriamente que el escrache no es un derecho, pero enfrente tiene a un pueblo sin expectativas que lo último que aceptaría en esta tesitura sería que le recortaran también el derecho al pataleo. Equivocadamente, se están teniendo más en cuenta los tumultos y desórdenes ocurridos que los buenos ejemplos que producen —algo que ya denunciaba Maquiavelo cinco siglos atrás en uno de sus discursos—, y así no hay avance posible. Pero esta vez los opresores deberían andarse con ojo: la resiliencia nacional está al límite y una hipotética fractura social podría provocar una reacción tremendista. "Vamos a la violencia, de cabeza", advierte un articulista poco dado a las soflamas apocalípticas; aunque nada sería más dañino para España que una nueva reedición del cuento de nunca acabar.
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16.3.13
Un ambicioso plan
'Al revés te lo digo para que me entiendas'; esa fue la cantinela que escuché en boca de mis mayores durante años para ironizar sobre el escaso parecido entre la embrollada realidad del renacer democrático y las crónicas publicadas por quienes tenían su voz y su palabra (auto)secuestradas por espurios conflictos de intereses. La cantinela se fue apagando a medida que yo iba creciendo (y mis mayores se iban extinguiendo) pero aquella inmoralidad se mantiene intacta en el relato colectivo del presente, pues la indecencia de los (des)informadores no ha menguado ni un ápice. Así, sucede que abre uno el periódico dominical y se topa con un abracadabrante titular, "Vivir por debajo de nuestras posibilidades", y una no menos desconcertante tesis, defendida en el artículo subsiguiente por Joaquín Estefanía, que sintetiza datos del flamante Informe sobre la Desigualdad en España elaborado por la Fundación Alternativas: "En la etapa previa a la crisis no se aprovechó la capacidad política para aproximar el gasto social al nivel existente en los países europeos más poderosos y reducir así las brechas ciudadanas, […] en contra de lo que mil veces se ha repetido como un mantra falso, en el ámbito de la protección social lo que hicimos fue 'vivir por debajo de nuestras posibilidades". Y no es por darme el pisto, pero ya me barruntaba yo que nos seguían diciendo las cosas al revés cuando, en cuestión de días, había tenido que tragarme que "cada año hay más ricos… y son más ricos" (Carlos Elordi) aunque "la pobreza se ha hecho simultáneamente más intensa (más pobreza) y más extensa (afecta a más personas)" (Estefanía). O sea que, como sospechábamos, aquí los únicos que viven por encima de sus posibilidades son los que tienen posibilidades. Los demás nos conformamos con seguir el consejo cantado por Nacho Vegas: trazar un ambicioso plan, consistente en sobrevivir.
14.3.13
Sombra aquí, sombra allá
En la última sesión parlamentaria de (des)control, Rubalcaba hizo notar a Rajoy que el déficit cacareado por su Gobierno "tiene una capa de maquillaje de este tamaño" y, aunque por escrito cueste hacerse una idea, su gesto insinuaba que el grosor de la referida capa podría llegar, sin exagerar, desde la madrileña carrera de San Jerónimo hasta Pernambuco. Por eso al presidente, que en la víspera había pecado de optimista dando por superada "la enorme crisis financiera y de deuda pública", no le quedó más remedio que salir por peteneras, one more time. La culpa la tiene el fanfarrón Montoro, que había reincidido en sus malabarismos contables para cuadrar un déficit público del 6,7%, a sabiendas de que la trola se esfumaría en un suspiro, pues a esa falacia hay que sumar las devoluciones fiscales retrasadas alevosamente hasta enero más el monto del rescate bancario. Total: 10,46%. O sea, que estamos como hace año y medio —con los bolsillos más pelados, eso sí—, y lo único irrefutable es que en el último (y desastroso) ejercicio del Gobierno socialista la rebaja del déficit fue mayor que en el (presuntamente milagroso) primer año Mariano. Los analistas más fiables denuncian sin descanso que el programa económico del PP está más visto que el tebeo (y su ineficacia probada) pero da igual; nuestro ministro más "mentiroso, incompetente e injusto" (Sala-i-Martín) se divierte entretanto cual perdonavidas cobrador del frac, amedrentando con los lobos de Hacienda a todo aquel que le afea la conducta. Ejerce de cínico doppelgänger del simpsoniano Burns porque maneja información reservada, pero está condenado por ley a un "estricto y completo sigilo" en materia tributaria; así que debería empezar a controlar las insidias que se le escapan por entre las comisuras… o escupirlas violentamente contra sus amistades peligrosas… o metérselas por donde le quepan, con perdón.
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