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17.5.13

Perro come lobo

Ahora que la prensa (pretendidamente) seria ha devenido en cachondeo, no es de extrañar que un artefacto tan cachondo como la "revista satírica sin mensaje alguno" Mongolia sea quien aporte seriedad al patio mediático. Su desarmante hibridación de irreverencia e información ha pegado el revolcón definitivo a un gremio que amenazaba con irse a la tumba sin que nadie osara meterle mano. Pero apareció a tiempo una gamberra pandilla cuyas afrentas a la corrección política han tenido eco en medio mundo: The New York Times, Corriere della Sera y Financial Times han amplificado sus indiscriminados ataques a todo lo que se menea; y hasta los prohombres de la cosa periodística, como Miguel Ángel Aguilar, han subrayado que su "principal aportación es la de reducir la distancia entre lo que se sabe y lo que se publica". Tal es el poderoso influjo de una revolución mongola que, con tan solo un año de vida, ya ha dado a la imprenta dos imprescindibles biblias: la primera, una heterodoxa enciclopedia del disparate cuyo título (El Libro Rojo de Mongolia) repele la indiferencia; la segunda, que llega ahora a las librerías, incluye un mensaje infinitamente más grave: recoge (y amplía) lo publicado en la sección 'Reality News', esa que advierte "A partir de aquí, si se ríe, es cosa suya", y supone una antológica huella del crimen (o del suicidio) del periodismo español, arrancando con la conspiranoia de El Mundo y el 11-M y abundando en los golpes de Cebrián a El País y de Roures a Público, para que ninguna fechoría de los señores de la prensa se diluya en Papel mojado. Una excelente noticia a la que solo cabe hacer una objeción: este nuevo periodismo denunciante residió en las casas ahora delatadas, donde seguiría acomodado si no hubiera sido desahuciado; o sea, aunque nos alegra que perro coma perro, exigimos lo mismo que la parroquia del jactancioso cortijero tío Pinto: "Menos lobos".

28.12.12

Matar al mensajero

Coinciden en el tiempo un vomitivo estudio sobre el retrato que ha hecho la prensa foránea de la patética coyuntura española en 2012 y un certero documental británico que ahonda en la herida nacional. El estudio lo elabora el tendencioso Observatorio Marca España del Real Instituto Elcano, lo encarga nuestro victimista Gobierno y lo pagamos a escote los españoles, aunque su conclusión no deja de sorprender: los MASP (Medios Anglosajones y Protestantes) son "promotores de una visión negativa y parcial de España"; frente a ellos está "la visión menos pronunciada e incluso objetiva que han emitido los medios chinos y franceses, que han proyectado una imagen de España más fiel a la realidad". Resumiendo, a Rajoy le han pasado una nota (subvencionada) que asegura que el China Daily es más fiable que The New York Times o The Wall Street Journal y el presidente ha interiorizado que la dictadura comunista le da sopas con honda al imperio capitalista en materia de ética periodística. Los peperos deben ver a los anglosajones como los demonios del periodismo mundial, pues el embajador Trillo también se ha quejado a la BBC "por el contenido parcial del reportaje" The Great Spanish Crash, "ya que refleja sus debilidades económicas [las de España, claro] pero no sus fortalezas". Lo que muestra, en realidad, el británico Paul Mason en el último documental de la serie This World no es más que una síntesis inofensiva de lo que ya ilustró Aleix Saló en sus geniales Españistán y Simiocracia y de lo que ha venido denunciando Jordi Évole cada semana en Salvados. Estamos a la cola de Europa porque nos lo tenemos bien merecido, y no saldremos de ahí matando al mensajero sino obligándole a modificar su mensaje gracias a una política decente; aunque me parece que de esto no nos queda en España.