El prematuro deceso del actor que lo encarnó en la (pequeña) pantalla ha provocado que algunos serieadictos hayan recopilado de urgencia las sentencias más populares de Tony Soprano, aquel torrencial capo italoamericano que nos llevó de la mano por el lado salvaje de la vida durante seis largas temporadas. De entre los más respetables proverbios pronunciados por tan singular personaje, hoy emerge uno que escuece al ser rememorado: "Solo jodemos al que merece ser jodido". Y escuece particularmente porque, también en eso, la ficción supera a la realidad: incluso en lo tocante a la moralina, los turbios arquetipos televisivos se permiten dar lecciones a los pelafustanes que nos (des)gobiernan: porque, aquí y ahora, los politicastros no tienen miramientos ni siquiera cuando se confabulan para jodernos: en nuestra sodomicracia se toma por retambufa a todo hijo de vecino; de lo cual se colige que los verdaderos mafiosos no son, como creíamos erróneamente, los figurines que convirtieron a Los Soprano en la serie de las series, sino aquellos que se están cebando (en recalcitrante presente continuo) con nuestro ojo ciego. "Una mafia completamente instalada bajo apariencias democráticas", según los ha retratado el indignado verbo de Juan José Millás, que ayer se ciscó sin piedad en los (sobre)soldados populares desde lo alto de su columna paisana. Y motivos no le faltan, porque aún está fresca la divulgación del abracadabrante dineral extraordinario que Alí Babárcenas y los cuarenta ladrones genoveses se han agenciado con cargo a los presupuestos generales del Estado: veintidós euromillonazos sisados en otros tantos años, repartidos a discreción entre los capitostes peperos de antaño y de hogaño. Así se entiende mejor por qué el PP gasta casi doscientos mil euros anuales en sobres pero, principalmente, se comprende por qué sus señorías reiteran que no están en política por el dinero: muy al contrario, están en el dinero por la política.
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22.6.13
8.6.13
Empresa Mundial S.A.
A esta hora en que yo me entretengo arrejuntando palabras, en las cercanías de Londres se encuentran reunidos, a gastos pagos, los (putos) amos de mundo: centenar y medio de medradores gerifaltes financieros, dóciles mandamases políticos, avaros mercaderes globalizados, paniaguados comunicadores, domesticados académicos y aristócratas palmeros que, juntos pero no revueltos, conforman el todopoderoso Club Bilderberg, una de esas "siniestras camarillas" que, según Fidel Castro, manejan la humanidad a su antojo. Oficialmente, la conferencia anual que este año se reúne por sexagésimo primera vez es "un foro para discusiones informales off-the-record sobre megatendencias y los principales problemas que enfrenta el mundo", pero aseguran quienes han (mal)gastado su vida investigando tan florida secta —con el conspiranoico pope exsoviético Daniel Estulin a la cabeza— que entre sus miembros se esconden el verdadero rey de reyes y el auténtico jefe de los jefes de Estado; y que su objetivo final es la creación de "un gobierno mundial único, con su propio ejército, moneda y religión" o, dicho en román paladino, "una red global de cárteles gigantes" que vendría a funcionar como Empresa Mundial S.A. Y a lo peor todo eso es cierto; y también lo es que los oligarcas bilderbergianos pertenecen a la masonería y a los Illuminati (con tomati) —según rezan los manuales de la cosa—, pero a mí me gusta imaginármelos echando unas risas entre cañas y tapas mientras alternan partidas de Monopoly y Risk, que son las dos únicas maneras de controlar el mundo que yo conozco. Porque, de ser ciertas las sospechas de que esa plutocracia atlantista pretende imponer un Nuevo Orden Mundial desde la sombra, ¿alguien entendería para qué demonios invitaron en los últimos años a peleles como Almunia, Cospedal, Sorayita o la reina Sofía? ¿Alguien podría explicar qué pinta allí De Guindos este año, aparte de repartir currículos para cuando Rajoy le dé la patada?
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4.6.13
Teleindignados
Uno de los más avezados todólogos del afterpop patrio, Raúl Minchinela, sostiene que "la televisión retrata el XXI como el siglo de las pocas luces"; y lo cierto es que basta con abandonarse durante unos minutos al noble arte del zapeo para corroborar que razón no le falta. La (plausible) tele que nos parió ha dejado paso a un oligárquico entramado audiovisual demasiado condescendiente con la rajoyana mayoría silenciosa y… así nos va. Pero no todo está perdido: como acentuaba hace poco David Trueba, "con bastante poco esfuerzo, La Sexta se ha adueñado de un territorio de crítica que las demás cadenas le han entregado sin disputa". El renacentista crítico televisivo se refería, claro, al recalcitrante espíritu de mosca cojonera que se ha adueñado de quienes manejan a su antojo el emporio que Zapatero regaló a Roures y este malvendió a Lara; y la verdad es que se nos antoja incontrovertible defender que los infoshows sextarios conforman ahora mismo, casi en exclusiva, el digno amplificador de la ninguneada voz del pueblo. El Gran Wyoming, mordaz busto parlante de uno de esos críticos artefactos (El Intermedio), lo denunciaba piropeando a Jordi Évole en el quinto cumpleaños de su bienaventurada criatura: "Es una vergüenza que Salvados sea competencia de los grandes medios de comunicación; en realidad, es una vergüenza para el país"; y lo es porque el antiguo 'Follonero' ha finiquitado su undécima temporada erigiéndose en el referente de lo que Libération ha llamado "teleindignados": el Michael Moore del Llobregat se ha transformado en "un Tintín que nunca recula". Lo reconfortante es que su hueco lo ocupa, desde ya, El Objetivo de Ana Pastor, esa españolización del manido fact checking anglosajón que pretende afear las mentiras públicas con datos: una quimera que fracasó en su debut, olvidando que no todo es verdadero o falso; que también existe lo verdadero, pero…
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2.6.13
Ceremonia y costumbre
En estos últimos meses se viene elevando a conocimiento público, adornado con todo lujo de detalles, aquello que los malpensados llevábamos años barruntando: el mangoneo generalizado se instaló en el Partido Popular como ceremonia y costumbre —que diría Yeats— desde el mismísimo momento de su fundación. Defendía Max Weber que solo podemos saber lo que somos si determinamos cómo hemos llegado a ser lo que somos, y así, entre una ley de transparencia que no termina de fraguar y una ley mordaza que nunca debería fraguar, el PP está dejando entrever sus vergüenzas pasadas y presentes, lo cual que vamos empezando a saber lo que es precisamente porque se está determinando cómo ha llegado a serlo. Así lo reconocen incluso sus adversarios, como Irene Lozano: "El máximo ejercicio de transparencia que ha hecho el PP —si bien a trompicones— ha sido el de publicar su contabilidad B en los periódicos"; aunque sea por la vía indirecta, cabría añadir. El caso es que gracias a los diarios (in)dependientes vamos descubriendo que a la tesorería pepera se jugaba al revés que al parchís: Bárcenas se comía veinte, contaba una y las otras diecinueve las repartía. Aunque, mayormente, lo que está quedando al descubierto es que los gerifaltes genoveses diseñaron dos universos paralelos que ahora pretenden finiquitar con discursos para lelos. La Cospedal espera que lo del extesorero "se ventile con total normalidad", pero sucede que las (sobre)soldadas a discreción solo son la punta de un iceberg que esconde, además, regalías gürtelianas a todo quisque, mamoneos entre los mandamases mediterráneos y nuestros regentes, estafas bankiarias, dádivas empresariales… O sea, que no va a resultar sencillo ventilar toda la mierda que corrompe una cofradía cuyos potentados se dividen entre quienes un buen día se vendieron al mejor postor y quienes, por no ser menos, se dejaron comprar.
29.5.13
Un rey sin Fortuna
Sigo con atención la relectura de Kapuscinski que viene publicando en las últimas semanas José Andrés Rojo y, con especial delectación, su comentario de texto sobre El Emperador, la obra en la que el agudo reportero polaco desentrañó los mecanismos del poder manejados por el divino Haile Selassie y su séquito. En el umbral de su reseña, Rojo recopila los apelativos con los que sus cortesanos se dirigían al último emperador de Etiopía: "Nuestra Sacra y Real Majestad, Rey de Reyes, Inigualable Señor, Venerable Soberano, Ilustrísimo y más Extraordinario Señor, Magnánima Majestad, Supremo Bienhechor, Bondadoso Señor, Precavida Majestad". Repaso esos altisonantes conceptos una y otra vez, los comparo con el estilo reverencial de algunas columnas de la prensa (contemporánea) del Movimiento, y maldigo para mis adentros que cuarenta años —con sus correspondientes estragos— y nueve mil kilómetros —con sus inevitables desigualdades socioculturales— no hayan servido para erradicar, del aquí y del ahora, la pleitesía monárquica de unos súbditos emperrados en malgastar sus días como anacrónicos vasallos de un señor feudal en franca retirada. Porque sobre la figura del rey de España podría aplicarse la ilustrativa observación de uno de los confidentes de Kapuscinski acerca de su emperador: "Parece que entre tantos como convivían en palacio solo él había comprendido que ya no era capaz de hacer frente al vendaval que se había levantado". Mientras el populacho echa el rato en los mentideros dando vueltas a una (improbable) abdicación y a una (hipotética) Tercera República, su majestad (de ustedes) comienza a comportarse como un resignado prejubilado, renunciado a su Fortuna como primer paso hacia el abismo. Aunque algunos se resistan a verlo, el más fantasma de los disfuncionales Borbones vaga ya como el terminal Selassie: "Apartado, ensimismado, altivo y distante, permite que los acontecimientos sigan su curso, como si ya estuviera moviéndose en otra dimensión del tiempo y del espacio". O sea.
27.5.13
Memorias worst seller
Los plumíferos más esquinados defienden que el flamante aznarazo no anunciaba el regreso del expresidente a la batalla política sino que franqueaba la vuelta de sus (des)memorias a las mesas de novedades ahora que la primavera levanta la veda sobre las ferias y fiestas literarias, pues a nadie se le escapa la feliz causalidad de que el sello de sus confesiones y el altavoz de sus amagos sean hermanos de leche mediática, o sea, hijos de papá Planeta. Tesis que cobra carta de naturaleza atendiendo a las cifras de venta del artilugio, convertido en ruinoso worst seller para una editorial reincidente en el desatino merced a las ensoñaciones de José Bono: entre las medias verdades del uno y las mentiras completas del otro no han despachado ni siquiera cien mil ejemplares, aunque el adelanto conjunto para sendos escribanos rondó los dos euromillones. Pero en casa Lara no pierden la esperanza de amortizar su desaforado mecenazgo político y, mientras ultiman los detalles del novelero recordatorio de Zapatero, ya mercadean con el tercer tomo autobiográfico de Alfonso Guerra, donde se desvela por qué no llegó a cumplirse —o sí, según se mire— el adagio socialista que rezaba: "Después de Felipe, Guerra, / y después de Guerra, nadie". Porque, por mucho que posturee ahora nuestro parlamentario más veterano ("Yo no le negaré jamás la amistad a Felipe"), lo cierto es que su entente cordiale terminó como el rosario de la aurora, según cantó el romancero Campany cuando entonces: "Por las filas felipistas / circula ya la sentencia. / Voces de muerte sonaron / del Guadalquivir al Deva. / Todas las voces decían: / 'Camaradas, guerra al Guerra. / Quedemos nosotros limpios / y sobre él caiga la mierda". Lo que pasa es que el memorialismo posmoderno es hijo bastardo de la ciencia ficción; y así no hay quien se aclare.
25.5.13
Ni espadófilo ni espadófobo
Denuncia un excesivamente afectado Mr. Sword que "las webs noticiosas son el modo beta del periodismo: meros borradores informativos, donde se exhibe, de modo algo chapucero, el proceso de producción, y de descarte, de las noticias del día"; y uno no acierta a comprender si, con esta andanada (todavía humeante) contra sus colegas, el ínclito corrector de conductas desviadas pretende cribar definitivamente los (menguantes) espadófilos de los (crecientes) espadófobos o, simplemente, reiterar que de un tiempo a esta parte anda —como Rosendo— loco por incordiar. Porque resulta difícil de tragar que nuestro más egregio (quinta)columnista ignore que tanto su actual mecenas (El Mundo) como su anterior paganini (El País) gastan esas mismas tretas para (mal)vender periódicos, pese a contar con mastodónticas redacciones y espurios compadrajes con el poder. Dicho lo cual, bienvenidos sean los pequeños y valientes y perfectibles medios digitales al rompecabezas colectivo de la (des)información, porque solo encajando las piezas que nos suministran entre los unos y los otros va siendo medianamente posible armar el puzle de la realidad; el mismo que los gerifaltes del parné se afanan en desbaratar a diario para atormentarnos con una rayada melodía: Begin the beguine. Dicen que dijo Giner de los Ríos que "todo lo sabemos entre todos" y aquí confieso que, si me dan a elegir entre la certidumbre del libérrimo pedagogo y el desvarío del ultimísimo Arcadi Espada, me quedó con la atinada sentencia del maestro republicano. Tanto aportan al relato del abecé de la contabilidad en a en b y en c las andanzas capitalinas de Raúl del Pozo y su Tercer Hombre en El Mundo como las sintéticas recapitulaciones al respective de Nacho Escolar en eldiario.es; así que me resisto a lanzar un solo anzuelo en esta caudalosa política de gacetilla que, como ha observado Enric González, baja muy revuelta: soy pescador y no renunciaré a mi ganancia.
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23.5.13
Un (mal) expresidente
Aznar se plantó en la tele cargando "un dolor español de profundidades casi noventayochistas" (Gistau) y se postuló, entre la compunción y la prepotencia, como protomártir de una hipotética renovación de España: "Cumpliré con mi responsabilidad, con mi conciencia, con mi partido y con mi país", dijo el atribulado ex, pero, sin que sirva de precedente, esta vez preferiríamos que actuara de manera irresponsable. Por nuestra salud. El divino creador del paraíso del pelotazo realizó una faena de aliño en su comparecencia televisada, lidiando mediante chuscos capotazos tres mansos ejemplares de fraternal encaste (Lomana, Prego y Marhuenda): recreándose en los lances accesorios pero resucitando las espantás de Curro Romero cuando tocaba entrar a matar. A la postre, no tocó pelo, mas vio cumplido un sueño preterido desde que los flashes se divorciaran de su triste figura: que su nombre volviera a figurar con letra de molde en los carteles y, de paso, que su (posible/improbable) regreso al ruedo ibérico se convirtiera durante unas horas en la comidilla de un país ayuno de bureos. Sostuvo Norman Mailer que 'ego' fue el gran sustantivo del siglo XX, pero Aznar se dejó el alma aggiornando la sentencia: sus respuestas se limitaron a un estomagante yo, mí, me, conmigo que aporta entre poco y nada al debate nacional. Lo que sí hizo el prejubilado mandamás fue lo que Rubalcaba no ha sabido, no ha querido o no ha podido hacerle en año y medio a Rajoy: daño. Al inefable tío del bigote no le gusta un pelo cómo está dejando su digitalizado delfín lo que antaño fue su cortijo; lo cual que, entre desleal y circunspecto, se lo hizo saber. Cómo sería la cosa, que hasta uno de los pujantes cachorros peperos, Borja Sémper, ladró en Twitter: "Zapatero se consolida como el mejor ex-presidente de gobierno". Que ya es ladrar.
17.5.13
Perro come lobo
Ahora que la prensa (pretendidamente) seria ha devenido en cachondeo, no es de extrañar que un artefacto tan cachondo como la "revista satírica sin mensaje alguno" Mongolia sea quien aporte seriedad al patio mediático. Su desarmante hibridación de irreverencia e información ha pegado el revolcón definitivo a un gremio que amenazaba con irse a la tumba sin que nadie osara meterle mano. Pero apareció a tiempo una gamberra pandilla cuyas afrentas a la corrección política han tenido eco en medio mundo: The New York Times, Corriere della Sera y Financial Times han amplificado sus indiscriminados ataques a todo lo que se menea; y hasta los prohombres de la cosa periodística, como Miguel Ángel Aguilar, han subrayado que su "principal aportación es la de reducir la distancia entre lo que se sabe y lo que se publica". Tal es el poderoso influjo de una revolución mongola que, con tan solo un año de vida, ya ha dado a la imprenta dos imprescindibles biblias: la primera, una heterodoxa enciclopedia del disparate cuyo título (El Libro Rojo de Mongolia) repele la indiferencia; la segunda, que llega ahora a las librerías, incluye un mensaje infinitamente más grave: recoge (y amplía) lo publicado en la sección 'Reality News', esa que advierte "A partir de aquí, si se ríe, es cosa suya", y supone una antológica huella del crimen (o del suicidio) del periodismo español, arrancando con la conspiranoia de El Mundo y el 11-M y abundando en los golpes de Cebrián a El País y de Roures a Público, para que ninguna fechoría de los señores de la prensa se diluya en Papel mojado. Una excelente noticia a la que solo cabe hacer una objeción: este nuevo periodismo denunciante residió en las casas ahora delatadas, donde seguiría acomodado si no hubiera sido desahuciado; o sea, aunque nos alegra que perro coma perro, exigimos lo mismo que la parroquia del jactancioso cortijero tío Pinto: "Menos lobos".
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5.5.13
Una España admirada por el mundo
Anteayer se celebró —es un decir— el Día de la Libertad de Prensa, esa entelequia que el Partido Popular había festejado por adelantado vía Twitter: "Con esta prensa fatalista q inunda España d pesimismo cuesta más salir d la crisis,pero vamos a salir,sin su ayuda,pero saldremos". Así apretujó sus veleidades mediáticas Iñaki Oyarzábal para sumarse a las exequias por aquel antiguo pilar de la democracia que un día hizo las veces de cuarto poder: matando al mensajero. El disléxico secretario general de los pepijos vascos ponía de esa forma el punto y seguido a una mala racha de los de su cuerda en la materia, porque, de un tiempo a esta parte: 1) los genoveses presumen de transparencia abusando de la callada por respuesta y endilgándonos las naderías presidenciales apantalladas; 2) los parlanchines diestros tienen vetada su presencia en la trinchera enemiga que lo peta en la tedeté; 3) se ha descubierto que parte de las barcenadas va a parar a los bolsillos de un ejército de intoxicadores profesionales a sueldo del partido; y 4) el mandamás interino de la autonosuya madrileña, Ignacio González, ha manifestado en voz alta sus anhelos de poner puertas al campo informativo. Y lo más lamentable es lo poco que sorprenden estos resabios viniendo de los hijos putativos de aquel ministro de (des)información franquista (Fraga) que introdujo en el (antiguo) régimen español las tácticas propagandísticas de su maestro Goebbels. Desde su acta fundacional, el PP ha pretendido inocular en la prensa nacional el venenoso título de aquella aguda colección de aforismos de Jorge Wagensberg: A más cómo, menos por qué. Eso, y aborregar al personal castigándolo con copiar cien veces en la pizarra (hasta aprendérselo de memoria) el lema de la última campaña de la enciclopedia ilustrada de la revolución española, el diario Marca: "Hay una España admirada por el mundo. Solo hay que saber qué periódico leer". Pero no cuela.
3.5.13
Aquí no hay quien viva
"El fútbol es —según asentó Vázquez Montalbán— la religión diseñada en el siglo XX más extendida del planeta"; y en pleno siglo XXI sigue siendo, mal que le pese a los marxistas más rancios, el verdadero opio del pueblo, cuyo principal efecto secundario, la hornbyana fiebre en las gradas, se ha impuesto como la única pandemia incurable de la actualidad. Conviene administrar estas certidumbres, de entrada, pues solo tras su dosificada ingesta se puede digerir una jornada como la de ayer, en la que la batalla entre los apocalípticos y los integrados de las huestes balompédicas estuvo más reñida que nunca. La sensacionalista prensa recreativa continuó comportándose como si no existiera el mañana y se entregó rendida a los encantos del maximalismo: la tunda germana en las semis de la championslíg ha dejado al aire las vergüenzas del fútbol español y ahora toca rasgarse las vestiduras para llorar el fin de ciclo de nuestras glorias deportivas, el Barça y el Madrid. Pero ni el (auto)engañoso uso preventivo del miedo escénico y los minuti molto longo ni el ventajista abuso posterior del apotegma linekeriano ("El fútbol es ese deporte en el que juegan once contra once y al final ganan los alemanes") marcan goles. El balompié patrio vive desde hace años en una burbuja ruinosamente gestionada —deudas milmillonarias y sueldos disparatados— que está a punto de estallar y que se llevará consigo nuestros aires de grandeza; pero, mientras miramos para otro lado, la eficacia probada europea —el lema del Bayern es "Mia san mia": nosotros somos nosotros; sin aditivos ni colorantes— nos las da todas en el mismo lado. Cuando pase la lacerante resaca de la derrota, caeremos en la cuenta de que no tenemos cantera ni pasta para fichajes, y entonces el país se echará a la calle de una puñetera vez: porque sin comer podemos ir tirando, pero sin furbo aquí no hay quien viva.
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1.5.13
La puta insistencia
Una vieja amiga cántabra solía contarme un chascarrillo norteño que añadía vitriolo a la fina estampa que retrata la lógica del poder en este desventurado país: "Ya no sabemos si el Banco es de Santander o Santander es del banco". Se refería, claro, al vampírico tinglado montado hace varias generaciones por esos ahorradores pasiegos de rancio abolengo a los que un maldito apellido condenó desde la cuna: los Botín. Y otro tanto podría afirmarse hoy acerca de los partidos políticos, los medios de comunicación o los clubes de fútbol, pues a todos los tienen trincados los malandrines por los colgajos. De ahí que la totalidad de las causas judiciales abiertas contra los miembros del clan de la corbata roja —evasión fiscal, indemnizaciones desorbitadas, etc.— hayan sido archivadas a cambio de millonaria calderilla —si se me permite el oxímoron—; y de ahí que estos días la paniaguada prensa patria, que ha venido silenciando discretamente todas y cada una de las tropelías santanderinas, despida con honores de brillante gestor a quien la justicia sentenció como ímprobo y probado delincuente, Alfredo Sáenz, que se retira de la vicepresidencia de la casa madre con una pensión de ochenta y ocho millones de euros que sumar a lo expoliado a sus clientes a lo largo de toda una vida dedicado a la usura. Una pensión que, por su desafío al decoro en tiempos de miseria, quedará como el mayor agravio comparativo de un gremio al que los tiesos de España hemos ayudado ya con casi doscientos mil millones públicos (que no tenemos) desde que su avaricia y sus artimañas nos abocaran a una crisis que aún le parece ajena; un gremio que, por su cansina reincidencia, impele a las profesionales del sexo a reiterar su ya legendaria defensa: "Las putas insistimos: los banqueros no son nuestros hijos".
29.4.13
El dedo de Monago
El dedo de Monago debería pasar a la posteridad como incólume suvenir del descacharrante 'Celtiberia Show', aquel estrafalario escaparate expuesto en las páginas de la revista Triunfo donde el mordaz Luis Carandell recopilaba "las hazañas, andanzas, milagros, ejemplos, decires, gracias, desgracias, ocios y negocios de los celtíberos de nuestros días". El dedo de marras se lo jugó el chulesco bellotari extremeño en una baladronada tras encaramarse a la encina del poder autonómico: "Yo no he venido a hacer recortes sociales. Antes me corto un dedo, ¡vamos!", fue el envite que lanzó a una entrevistadora pública cuando entonces; y ahora, sus recortados sufridores han empapelado la región con su jeta y una coñona leyenda: "Se busca con o sin dedo". Lo cual que el fanfarrón mandamás, que parece haber olvidado que sus numerosos trapos sucios penden de tres endebles pinzas seudocomunistas, ha dado rienda suelta a su hocico y se pavonea por los medios verbalizando su victimismo. Los altavoces de la caverna mediática están reventando el límite de decibelios permitido por las más elementales normas de urbanidad para silenciar la voz de los desahuciados extremeños, pero ni todo el ruido ni toda la furia derechonas podrán acallar la calamitosa realidad de una región acogotada. El individuo que (des)calificó a su antecesor como el "campeón del paro en España" lleva ya acumulados casi setenta mil nuevos parias y aún no ha alcanzado el ecuador de su inestable legislatura. Pese a ello, se da el lujo de marear la perdiz abrazando los ensangrentados cuartos judíos y ambicionando quedar para los restos como "el presidente de la I+D+i extremeña". Incluso se ha postulado como el nuevo Guillermo Tell, porfiando con sus homólogos del arco mediterráneo: "Ellos tendrán el arco, pero yo tengo las flechas". Mas lo único que tiene es poca vergüenza; y un dedo que ya no le pertenece.
21.4.13
Bombas dialécticas
Hay que ser borrico (o muy hijo de las dos Españas) para dejarse seducir por los cantos de la ignominia y acusar a Eduardo Madina de simpatizar "más con lo que representa ETA que con lo que representa el Partido Popular" pero, por increíble que parezca, esa fue la culebra que escupió la otra mañana Bieito Rubido Ramonde a los micrófonos de la COPE, en medio de una audiencia enardecida ante el indecente arrimón. El aliterado director de ABC hizo buena la denuncia de García Márquez acerca del frenético ritmo del periodismo actual ("Los periodistas no tienen tiempo para leer, ni siquiera de leer el periódico"); porque solo acudiendo a esa tara profesional se podría excusar la osadía de observar connivencia con el terrorismo en un político al que ETA dejó cojo y zambo al segarle media pierna por el método de la bomba lapa. Otra cosa es que la andanada no responda a la necedad sino al canguelo derechón provocado por la postulación exógena y oficiosa de Madina como futuro inmediato del PSOE. Lo que pasa es que para remedar la táctica que Arrigo Sacchi elevó a cotas artísticas en el Milan ("Defender es atacar el ataque del contrario") no hace falta lanzarse al tobillo rival, sino todo lo contrario: esgrimir y hacer valer las habilidades propias; salvo que se carezca de ellas, claro. En cualquier caso, el energúmeno que está dejando al vetusto diario monárquico a la altura de una hoja parroquial debería saber que con exabruptos y argumentos caducados ("Conozco bien el tamaño de mi partido, la grandeza del PSOE y me conozco a mí mismo y conozco mi tamaño. Sé que mi volumen no puede dirigir el volumen del primer partido de este país", confesó Madina hace quince meses) no va a aniquilar a alguien que los terroristas intentaron matar hace once años y sin embargo hicieron más fuerte.
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17.4.13
El capital erótico
Cuando la concejala yebenera se desenlazó de la collera de yeguas que trotan por la política provinciana para cabalgar sobre sí misma como regalo audiovisual para un amante furtivo, las cercas del porvenir se le cerraron para siempre. La lozana manchega cometió el pecado de registrar sus alardes digitales en vídeo y la propagación viral del deleite se convirtió en su penitencia: la dictadura del populacho la sentenció a escarnio perpetuo al tiempo que el postureo progresista sacaba la cara por ella; pero el daño ya estaba hecho. Asqueada de las lenguas de vecindona, clavó el punto final a su currículo político y se dispuso a gestionar con provecho lo que Catherine Hakim ha llamado el "capital erótico". Su primer paso fue alistarse en el pelotón de seudofamosos a quienes les ha dado por tirarse a la piscina televisiva previo pago de su importe pero, mientras los otros le echaban arrestos al asunto para encaramarse a la plataforma y darse de barrigazos, la ínclita Hormigos escalaba a bombo y platillo hasta el trampolín de la fama, desde donde se ha lanzado esta semana dibujando un salto mortal de necesidad y perdiendo el bañador por el camino. Porque el último hito en el fugaz discurrir de la exedila toledana por el estrellato ha sido el despelote en la fachada del Interviú, donde se ha lucido enfundada en unas bragas de mercadillo con la esperanza de erigirse en la musa cutre del hedonismo patrio. A la casada infiel le han llegado los ecos de la transparencia política y los ha encarado por la vía de la literalidad, autoproclamándose como la posmoderna libertad guiando al pueblo, que para su desgracia no tendrá un Delacroix que la inmortalice. Quedará, en cambio, empapelada como el barato pasatiempo de la España verderona, antes de honrar definitivamente al estigma que arrastra desde la pila bautismal: el Olvido.
13.4.13
Los descerebrados
Como lo explicó el otro día Harguindey con inusitado descaro, me ahorro argüirlo yo: "Se puede ser genial, listo, normal, tonto, muy tonto y González Pons. Claro que el vicesecretario general de Estudios (¿?) del PP no está solo en la peña 'Los Descerebrados". El caso es que el relamido parlanchín se ha vuelto a cubrir de gloria esta semana: el mismo día que El País divulgaba las infracciones cometidas por la tesorería pepera durante dos décadas, respaldado por las inequívocas similitudes entre las cuentas blancas genovesas y las (supuestas) cuentas negras, González Pons se comía, sin atragantarse, un nuevo marrón: "La contabilidad del PP responde exactamente a lo que la ley le exige y le exigía. Y no tiene nada que ver con los supuestos papeles del extesorero Luis Bárcenas". Nada que ver… Nada… Ni siquiera un poco… Nada. Lástima que la justicia opine lo contrario, aunque aún no haya decidido entre si tiene un poco o un mucho que ver. De momento, mejor dejarlo estar y pasar a la dramatización de los hechos, con la que nos estamos echando unas buenas risas: los tres diarios nacionales de relumbrón andan a la greña por pequeñeces; por esa ridícula manía que ayer advertía Arcadi Espada: "A las noticias propias las llaman exclusivas y a las ajenas filtraciones". Así, lo que El País adelantó como 'Los papeles Bárcenas' y El Mundo ha rebautizado como 'Los papeles del tercer hombre', ABC lo ha rebajado a 'Las fotocopias de Bárcenas'; lo que El Mundo desveló y El País elevó a categoría de episodio nacional, el menguado ABC quiere dejarlo en agua de borrajas, ahora que su nulo olfato investigador y su paupérrima influencia lo han convertido en adalid del amarillismo cavernario. Para ello ha inaugurado un bochornoso serial con el que hociquea en la (relativa) gloria de sus rivales. Bonita manera de vender periódicos.
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9.4.13
Habemus Fraudeleaks
"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.
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7.4.13
Los papeles del tercer hombre
Sostiene (y sostiene bien) la argentina Leila Guerriero que "los periodistas no somos la justicia". Por eso, tras leer y tocar "unas hojas donde hay nombres que harían estremecer al Gobierno y al aparato productivo" en una madrileña noche de lluvia y fútbol, Raúl del Pozo esquivó la nocturnidad y la alevosía y, en lugar de plantarse ante la Audiencia Nacional para largar su hallazgo y traicionar a su garganta profunda, corrió a refugiarse bajo el flexo de las grandes ocasiones para redactar el artículo de su vida: el que servirá de prólogo al apocalipsis del Partido Popular. En su más gloriosa columna desde que heredara el trono umbraliano en El Mundo, el periodista conquense aparca su ordinario barroquismo cheli y se limita a transcribir, palabra por palabra, las frases escuchadas en la cinematográfica noche de autos a un tercer hombre que recuerda a aquel que se escabullía por entre las cloacas vienesas. La prosa canalla cede el paso en su minireportaje a los datos y así vamos conociendo que Del Pozo ha manejado "unos folios donde el hombre de los papeles ha escrito cantidades y nombres […] mayores y menores entre maletines y cheques"; unos folios en los que aparece "una empresa fantasma, tapadera, supuestamente para hacer zanjas, realmente una empresa del PP para el trasvase de donativos y chanchullos" y en los que descubrimos que quienes "decidieron sobre donaciones y sobresueldos fueron los políticos"; unos folios, en fin, que obligan a reformular al presidente la pregunta de Rubalcaba: "¿Cree que puede gobernar pendiente de que al señor Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?". Parece que no pero, de momento, la columna de Raúl del Pozo ha provocado un tembleque generalizado practicando lo que Guerriero defiende de los periodistas: "Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o solo para eso".
3.4.13
Periodismo retroactivo
Leí el titular y (mal)dije para mis adentros que el periodismo retroactivo había llegado demasiado lejos: "Españoles, Franco ha muerto", balbució ayer un espíritu coñón en la red, y ante tal rimbombancia tuve la sensación de subirme con retraso al carro de la Historia; aunque tardé poco en desfacer el entuerto y descubrir que la aparente burla no era sino un afectuoso homenaje al último cadáver exquisito del cine español, Jesús Franco, que acababa de dejar huérfana a la cinefilia más extravagante. Pronto hice mi contribución al pésame generalizado y me repuse del susto, pero los excesos del periodismo retroactivo siguieron rondándome. Eché un vistazo a las noticias del día en varios medios digitales y, como dándome la razón, los titulares aludían sin excepción a añejas historias: el relato de la jornada se parecía más a lo prometido por un popular título de Gil de Biedma (Ahora que de casi todo hace ya veinte años) que al análisis de la rabiosa actualidad. Constaté así que la presente crisis del periodismo tiene poco que ver con el cambio de paradigma tecnológico pero mucho con la fraudulenta administración de los réditos (des)informativos del pasado. Verbigracia: los estrechos lazos entre un mandamás y un narco gallegos, cuya endeble trabazón ha servido a Arcadi Espada para pergeñar una ridícula —por improbable— primera plana de cómo debió haberse dado la noticia cuando entonces: "Una alto cargo de la sanidad gallega se fotografía en un yate con un hombre del que se rumorea su vinculación al contrabando de tabaco", vendría a ser el titular, adornado por dos impagables subtítulos: 1) "El alto cargo, Núñez Feijóo, será presidente de la Xunta 14 años después"; y 2) "El hombre, Marcial Dorado, será condenado por contrabando de drogas 14 años después". Tocados (y hundidos), los gerifaltes de la prensa española deberían (re)leer a Nietzsche para recordar que "un exceso de historia daña la vida".
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20.3.13
Por los siglos de los siglos
Los meapilas de nuestro Gobierno la titularon, en un alarde de gazmoñería y derroche de mayúsculas, como "Misa Solemne de Inicio del Ministerio como Pastor Supremo de la Iglesia Universal de Su Santidad Francisco" pero a mí me pareció, con perdón de los concernidos, un desatino más de la secta (ultra)católica, (hiper)apostólica y (super)romana; uno de los tantos gaudeamus que se pegan los globalizados santurrones de postal a costa del fiel contribuyente al amparo de ese hiperbólico oxímoron que estos días cotiza al alza: la Iglesia de los pobres. Por la Santa Sede desfilaron, de un luto tan riguroso que al principio me puse en lo peor, el cuñado de Urdangarín, un triunvirato de beatos ministros y el desubicado Rajoy, que esta vez agachó la testuz más de lo acostumbrado para rendir pleitesía al nuevo Papa. En verdad, lo que a nuestros mandamases les cautiva de Georgium Marium Bergoglio, alias Franciscum —como le llama L'Osservatore Romano—, es que sea uno de los suyos, o sea, que hable español, virtud mediante la cual quedan difuminadas sus archiconocidas carencias políglotas. Pero lo que importa lo están investigando estos días con ridículo ahínco los medios: el Papa argentino también tiene pasado; y más bien oscuro, por no desmerecer frente a sus antecesores en la (intra)historia vaticana, cuyo retrato robot vendría a ser un híbrido nacido del ayuntamiento entre el Marqués de Sade, don Vito Corleone y Alí Babá con la virgen de turno, que para eso está. Como quiera que sea, y a sabiendas de que el pingüe (y tenebroso) tinglado católico se extenderá por los siglos de los siglos, los descreídos nos consolamos con la única prensa honesta que va quedando (El Jueves), que una vez más pone voz a nuestros pensamientos desde su portada: "Nos importa una mierda quién es el nuevo Papa… Y ahora, ¿podemos seguir hablando de cosas serias?".
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