Mostrando entradas con la etiqueta trillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta trillo. Mostrar todas las entradas

18.3.13

Nasíos pa torturá

Nos coscamos con ocho años de retraso de las fechorías de nuestros perros de la guerra en Iraq pero la vergüenza ajena no acierta a sobreponerse al carácter retroactivo del asunto. La culpa del bochorno colectivo la tiene El País, que ha publicado ahora (aunque parece que tuvo conocimiento del desbarre en su momento) un vídeo en el que una piara de hijos bastardos de nuestra patria una, grande y ja, ja, ja, evidencia que, antes que nasíos pa matá —como los ilustrados reclutas de las Historias de la puta mili de Ivà—, ellos vinieron al mundo pa torturá. En la peliculita de marras, los lejías hispánicos se lo pasan pipa moliendo a palos a un par de prisioneros mesopotámicos hasta dejarlos sin habla: puestos de testiculina hasta las cejas, los mercenarios que guerrean por Dios, por la patria y por su majestad (de ellos), airean sin complejos las vergüenzas de ese microcosmos marcial tan ajeno (pero tan dañino) para los hombres de buena voluntad. Así, con esta doméstica hazaña, es como vamos a celebrar de puertas adentro el décimo aniversario de la infamia en la que nos vimos envueltos por las falacias del vigoréxico Aznar y el shakespeariano Trillo: aliados con los halcones de las Azores, nos embarcaron en una desproporcionada guerra tomándose a la tremenda el histórico galimatías con el que el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, justificó lo de las armas de destrucción masiva: "Hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que desconocemos cosas, es decir, sabemos que hay ciertas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas que desconocemos que desconocemos, aquellas que no sabemos que no sabemos". Sea. La guerra y la molienda. Pero atiéndanse mis razones: si todos estos son los preciados cachorros de la madre patria, a mí que me desteten de la camada.

28.12.12

Matar al mensajero

Coinciden en el tiempo un vomitivo estudio sobre el retrato que ha hecho la prensa foránea de la patética coyuntura española en 2012 y un certero documental británico que ahonda en la herida nacional. El estudio lo elabora el tendencioso Observatorio Marca España del Real Instituto Elcano, lo encarga nuestro victimista Gobierno y lo pagamos a escote los españoles, aunque su conclusión no deja de sorprender: los MASP (Medios Anglosajones y Protestantes) son "promotores de una visión negativa y parcial de España"; frente a ellos está "la visión menos pronunciada e incluso objetiva que han emitido los medios chinos y franceses, que han proyectado una imagen de España más fiel a la realidad". Resumiendo, a Rajoy le han pasado una nota (subvencionada) que asegura que el China Daily es más fiable que The New York Times o The Wall Street Journal y el presidente ha interiorizado que la dictadura comunista le da sopas con honda al imperio capitalista en materia de ética periodística. Los peperos deben ver a los anglosajones como los demonios del periodismo mundial, pues el embajador Trillo también se ha quejado a la BBC "por el contenido parcial del reportaje" The Great Spanish Crash, "ya que refleja sus debilidades económicas [las de España, claro] pero no sus fortalezas". Lo que muestra, en realidad, el británico Paul Mason en el último documental de la serie This World no es más que una síntesis inofensiva de lo que ya ilustró Aleix Saló en sus geniales Españistán y Simiocracia y de lo que ha venido denunciando Jordi Évole cada semana en Salvados. Estamos a la cola de Europa porque nos lo tenemos bien merecido, y no saldremos de ahí matando al mensajero sino obligándole a modificar su mensaje gracias a una política decente; aunque me parece que de esto no nos queda en España.

10.12.12

Cerrado por contra-reformas

Pasó el puente de la Constitución y, por vez primera desde que tengo uso de razón política, no se celebró la efeméride con jornada de puertas abiertas en el Congreso. Las semanas previas al cumpleaños de nuestra Carta Magna, los seguratas del Estado habían impedido a porrazos rodear el centro de trabajo de los diputados nacionales pero el día de su aniversario se afanaron en lo contrario: animaban a los viandantes a rodear el palacio, ligeritos. Algún humorista gráfico llegó a dibujar en su perímetro —afilando pincel e ingenio— un cartel que rezaba "Cerrado por contra-reformas", pero lo cierto es que el maltratado hemiciclo no quiso esta vez enseñar sus vergüenzas cotidianas a la ciudadanía; eso, y que tampoco puede echar mano ahora de un campechano anfitrión como TrilloBono, que mostraban los lujos congresuales a los españolitos como pagados de su bolsillo y hasta explicaban la democracia como invento propio. A falta de procesión civil, los papeles se han entregado este año a una enconada lucha entre reformistas y conservadores que ya va cansando: comidilla para hoy y hojarasca para mañana, los artículos que demandan una revisión constitucional deberían reclamar, primero, una reforma de los constitucionalistas; mas ni lo uno ni lo otro se darán bajo mandato popular. Ahora que la Constitución va quedando huérfana de padres, son sus madres las que reclaman un lugar en la historia, pero la solución no pasa por ahí: si seguimos mirando al pasado, seremos siempre unos atrasados. España debe ser el único país del mundo en el que, cuanto más antigua es una Constitución, más moderno resulta su articulado: se cumple ahora el bicentenario de 'La Pepa' gaditana y uno envidia los privilegios de nuestros antepasados; doscientos años después, la involución sufrida amenaza con desterrar el concepto de progreso de nuestro léxico.