Uno de los más avezados todólogos del afterpop patrio, Raúl Minchinela, sostiene que "la televisión retrata el XXI como el siglo de las pocas luces"; y lo cierto es que basta con abandonarse durante unos minutos al noble arte del zapeo para corroborar que razón no le falta. La (plausible) tele que nos parió ha dejado paso a un oligárquico entramado audiovisual demasiado condescendiente con la rajoyana mayoría silenciosa y… así nos va. Pero no todo está perdido: como acentuaba hace poco David Trueba, "con bastante poco esfuerzo, La Sexta se ha adueñado de un territorio de crítica que las demás cadenas le han entregado sin disputa". El renacentista crítico televisivo se refería, claro, al recalcitrante espíritu de mosca cojonera que se ha adueñado de quienes manejan a su antojo el emporio que Zapatero regaló a Roures y este malvendió a Lara; y la verdad es que se nos antoja incontrovertible defender que los infoshows sextarios conforman ahora mismo, casi en exclusiva, el digno amplificador de la ninguneada voz del pueblo. El Gran Wyoming, mordaz busto parlante de uno de esos críticos artefactos (El Intermedio), lo denunciaba piropeando a Jordi Évole en el quinto cumpleaños de su bienaventurada criatura: "Es una vergüenza que Salvados sea competencia de los grandes medios de comunicación; en realidad, es una vergüenza para el país"; y lo es porque el antiguo 'Follonero' ha finiquitado su undécima temporada erigiéndose en el referente de lo que Libération ha llamado "teleindignados": el Michael Moore del Llobregat se ha transformado en "un Tintín que nunca recula". Lo reconfortante es que su hueco lo ocupa, desde ya, El Objetivo de Ana Pastor, esa españolización del manido fact checking anglosajón que pretende afear las mentiras públicas con datos: una quimera que fracasó en su debut, olvidando que no todo es verdadero o falso; que también existe lo verdadero, pero…
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4.6.13
Teleindignados
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28.12.12
Matar al mensajero
Coinciden en el tiempo un vomitivo estudio sobre el retrato que ha hecho la prensa foránea de la patética coyuntura española en 2012 y un certero documental británico que ahonda en la herida nacional. El estudio lo elabora el tendencioso Observatorio Marca España del Real Instituto Elcano, lo encarga nuestro victimista Gobierno y lo pagamos a escote los españoles, aunque su conclusión no deja de sorprender: los MASP (Medios Anglosajones y Protestantes) son "promotores de una visión negativa y parcial de España"; frente a ellos está "la visión menos pronunciada e incluso objetiva que han emitido los medios chinos y franceses, que han proyectado una imagen de España más fiel a la realidad". Resumiendo, a Rajoy le han pasado una nota (subvencionada) que asegura que el China Daily es más fiable que The New York Times o The Wall Street Journal y el presidente ha interiorizado que la dictadura comunista le da sopas con honda al imperio capitalista en materia de ética periodística. Los peperos deben ver a los anglosajones como los demonios del periodismo mundial, pues el embajador Trillo también se ha quejado a la BBC "por el contenido parcial del reportaje" The Great Spanish Crash, "ya que refleja sus debilidades económicas [las de España, claro] pero no sus fortalezas". Lo que muestra, en realidad, el británico Paul Mason en el último documental de la serie This World no es más que una síntesis inofensiva de lo que ya ilustró Aleix Saló en sus geniales Españistán y Simiocracia y de lo que ha venido denunciando Jordi Évole cada semana en Salvados. Estamos a la cola de Europa porque nos lo tenemos bien merecido, y no saldremos de ahí matando al mensajero sino obligándole a modificar su mensaje gracias a una política decente; aunque me parece que de esto no nos queda en España.
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14.12.12
La puntilla de (Mon)toro
A falta de un buen matador que echarse a la cara sobre el albero parlamentario, el ministro (Mon)toro, uno de esos morlacos de boquilla (mal)criados en la dehesa genovesa para crecerse en el castigo, le echó pitones la otra tarde a los del siete —la prensa— en el coso de los diputados: les dijo que menos criticar desde los editoriales de sus periódicos y más pagar (religiosamente) los impuestos; que menos dar lecciones de ética y más coherencia entre las palabras (publicadas) y los hechos. Pero en el último tercio de la lidia, encerrado en tablas, al impetuoso (Mon)toro bravo le flojearon los cuartos traseros y, a la hora del chivatazo, se jiñó: "La ley impide al Ministerio citar la situación fiscal de contribuyentes concretos, pero sí le permite hablar de la situación de un sector". En ese preciso instante oyó el primer aviso de la autoridad y evitó que la faena terminara en estocada, lo cual que hizo mutis por chiqueros sin decir adiós muy buenas. Se ve que recordó entonces que el apoderado de esos recaderos a los que acababa de amenazar es el mismo que de tapadillo le dice a él en los corrales cómo debe embestir las cuentas públicas y, a lo peor, se le cruzó por entre la cornamenta un artículo en el que Pere Rusiñol resumía hace poco las estrechas relaciones entre banca y prensa: Prisa (El País y Ser), con Banco Santander, HSBC y Caixabank; El Mundo, con la banca italiana; Vocento (ABC), con Banco Santander y BBVA; Planeta (Antena 3, La Sexta, La Razón), con Banco Sabadell; Grupo Zeta (El Periódico), con Bankia y La Caixa; y Grupo Godó (La Vanguardia), con La Caixa. Al día siguiente, en distinta plaza, (Mon)toro volvió a presumir de criadillas anunciando una lista pública de defraudadores y morosos; solo quedó en el aire quién le dará la puntilla.
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