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6.2.13

La segunda transición

Me entero por Abreu —que a su vez se entera por Dawkins— de que existe un gusano que vive exclusivamente debajo de los párpados del hipopótamo, y se alimenta de sus lágrimas. Se trata, sin duda, de un formidable caso de parasitismo que yo prefiero contemplar como la más hermosa de las simbiosis. Abundando en tan feliz comunión, me imagino al liviano Rajoy acurrucado bajo el protector toldo ocular de la oronda Merkel… hasta que la deprimente realidad trastoca tan enternecedora imagen y me devuelve la estampa de una reptiliana y fofa canciller repantingada sobre la cosa de ver de nuestro paquidermo presidente, pues hace ya mucho tiempo que la Merkel se viene alimentando con fruición de las miserias lloradas por el lastimoso Mariano y otros indignos ejemplares de su especie. La regenta de la pensión Europa lleva meses mareando la perdiz y todavía no ha decidido si alojar a nuestro aprendiz de gobernante como huésped o como gorrón de su comunidad de vecinos. A estas alturas casi nadie se acuerda ya del (aplazado) rescate a nuestra península histérica, pero yo me malicio que Rajoy se subió anteayer hasta la zuhause merkeliana para pedir auxilio. Lo que pasa es que el rescate que ahora necesita la España pepera no es económico —con la (sobre)soldada y los ahorros suizos tenemos para ir tirando— sino político. Hasta allende nuestras fronteras está llegando el hedor de la putrefacción institucional, según nos hacen saber los papeles foráneos, mientras que de puertas adentro la tufarada se está haciendo tan insoportable que la voz del pueblo se ha levantado en demanda de una segunda transición. Ahora bien, los naipes de Aznar —un as escondido en la manga de Anson— o Rubalcaba —el manoseado rey del palo progresista— no deberían ser opciones a barajar para esta trascendental partida.

27.1.13

Con el debido silencio

El papá del prota de la última novela de Pérez-Reverte solía decir: "Se hizo domador y lo mató un león, alumno suyo". Cuesta imaginarse a Rajoy con los ropajes de Ángel Cristo, y más aún bailando El tango de la Guardia Vieja, pero si continúa por la senda del silencio acabará devorado por su pupilo Bárcenas en el peligroso circo popular de los sobre(entendidos). "¡Qué elocuencia, Mariano, tu mudez! / ¡Qué bien te explicas cuando nada dices! / No te aturullas, no te contradices, / ni un gramo muestras de tu candidez. / Por tu boca no muere nunca el pez. / Al callar, ni mientes ni desdices…" cantaba hace un año El Coplero Feroz; y hoy, como entonces, el presidente no osa contradecir al rapsoda. Rajoy encabeza la interesada estrategia conjunta entre acusador y acusado de dejar desinflarse un globo que quizá no explote nunca. Lo avisó el otro día Iñaki Gabilondo: "Lo peor que puede pasar es lo que me temo que va a pasar: nada". Y amplió su tesis un par de días después Juan Abreu: "España es un país donde los partidos han creado una inmensa red clientelar a la que sustentan y que los sustenta a costa del contribuyente. España es un país donde los partidos gastan billones de euros del contribuyente todos los años en decenas de televisiones, periódicos y radios dedicadas a hacer propaganda a los partidos y a tapar la corrupción de los partidos". El tesorero de la mafia pepera dijo cuando lo trincaron hace tres años: "Yo le debo mucho al partido y el partido me debe mucho a mí"; y ahora sabemos que no hablaba de dinero, sino de silencio. Si todos callan, podrían salvar el pellejo, aunque el país se vaya al garete: "En cualquier momento —remataba Abreu— aparece un tipo en televisión y anuncia: españoles, España ha muerto".