Hace tres semanas fue la Comisión Europea la que nos leyó la cartilla y ahora le ha tocado el turno al Fondo Monetario Internacional, mas poco importa el remitente cuando las advertencias enviadas a nuestra nunca bien ponderada península histérica son idénticas: 'Sí, pero no', han venido a decir los insaciables vampiros supranacionales en un escueto mensaje donde el 'sí' equivale a una palmadita en la espalda —efecto lubricante— y el 'no', a todo lo demás —"te la meto doblá", que cantaría el chirigotero 'Selu' de Cai—. Resumiendo la cháchara tecnócrata, por ahorrar esfuerzos al (improbable) lector: dos de las tres patas de la maldita troika de los dineros se han aliado para azuzar a los cachorros de Rajoy para que continúen apretando pero sin ahogar a sus presas o, en el peor de los supuestos, para que ahoguen sin que se note demasiado. O sea, leña al mono democrático, que para eso están las mayorías absolutas. Aunque, por más que el eco gubernamental repita hasta la saciedad que ya se vislumbran en el horizonte los brotes verdes, lo cierto es que, desde que la cándida Elena Salgado los barruntara años ha, los únicos brotes verdes que han visto estos ojitos son los de mi mala hierba jardinera. Lo refería con una ilustrativa anécdota David Gistau en su dietario: a las puertas del Congreso, ayer se le escapó a un policía: "Ay, si los detectores fueran de mentiras…". En fin, que ante quienes nos chulean desde las alturas no caben medias tintas: o seguimos jugando al engañabobos con inútiles pactos al estilo de los de Cánovas y Sagasta o desentrañamos toda la mala leche acumulada secundando a Sánchez-Gordillo ("Que la Europa de los mercaderes se vaya al coño de su puta madre"). De momento, Rajoy y Rubalcaba han optado por jugar a la Restauración.
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20.6.13
Leña al mono
26.3.13
La navajita plateá
Se puede cantar al son del flamenco psicodélico de Los Planetas ("Se ha reunido un comité de expertos / y ha decidido que se acabó lo nuestro") o contar deslastrado de zarandajas diplomáticas, como hacía Marc Vidal en la previa: "Hay un grupo de inútiles reunidos pensando en cómo nos cobran su ineficiencia sin que parezca improvisado"; pero al margen del soniquete elegido para envolver el relato de los acontecimientos, lo incontrovertible de la charlotada perpetrada por la troika contra Chipre es que se trata de un nuevo atraco de la Europa consentida a los bolsillos de sus súbditos más débiles; y ya van unos cuantos. Alemania continúa marcando el paso de la (des)unión europea y quienes (mal)vivimos sometidos a sus vaivenes emocionales estamos ya empachados de tanto chalaneo. Los germanos se dan el lujo de adoctrinar a sus convecinos en materia de elementalidad pero callan como putas cuando la vergüenza les araña. Se va a cumplir ahora el primer aniversario de una anécdota que no me dejará mentir: el Real Madrid se medía al Bayern Múnich en el Allianz Arena, en la ida de las semifinales championsligueras; en los prolegómenos del choque, los amigos de lo ajeno afanaron las botas, camisetas y medias de Ronaldo, Özil y Benzema; pero el robo no mereció más que minúsculos despieces en la prensa de segunda división. Imaginemos ahora qué habría sucedido si el pillaje hubiera tenido lugar en suelo español: como poco, habría sido premiado con el escarnio de los amplificadores morales teutones y la risita condescendiente de sus acérrimos partidarios. Así se escribe la Historia. Sin embargo hoy, con la ortodoxia chipriota recién afeitada a punta de rescate alemán, el lacio Rajoy no ha resistido la tentación de poner sus barbas a remojo, mientras la navajita plateá del corralito reluce allá en las alturas sajonas.
6.2.13
La segunda transición
Me entero por Abreu —que a su vez se entera por Dawkins— de que existe un gusano que vive exclusivamente debajo de los párpados del hipopótamo, y se alimenta de sus lágrimas. Se trata, sin duda, de un formidable caso de parasitismo que yo prefiero contemplar como la más hermosa de las simbiosis. Abundando en tan feliz comunión, me imagino al liviano Rajoy acurrucado bajo el protector toldo ocular de la oronda Merkel… hasta que la deprimente realidad trastoca tan enternecedora imagen y me devuelve la estampa de una reptiliana y fofa canciller repantingada sobre la cosa de ver de nuestro paquidermo presidente, pues hace ya mucho tiempo que la Merkel se viene alimentando con fruición de las miserias lloradas por el lastimoso Mariano y otros indignos ejemplares de su especie. La regenta de la pensión Europa lleva meses mareando la perdiz y todavía no ha decidido si alojar a nuestro aprendiz de gobernante como huésped o como gorrón de su comunidad de vecinos. A estas alturas casi nadie se acuerda ya del (aplazado) rescate a nuestra península histérica, pero yo me malicio que Rajoy se subió anteayer hasta la zuhause merkeliana para pedir auxilio. Lo que pasa es que el rescate que ahora necesita la España pepera no es económico —con la (sobre)soldada y los ahorros suizos tenemos para ir tirando— sino político. Hasta allende nuestras fronteras está llegando el hedor de la putrefacción institucional, según nos hacen saber los papeles foráneos, mientras que de puertas adentro la tufarada se está haciendo tan insoportable que la voz del pueblo se ha levantado en demanda de una segunda transición. Ahora bien, los naipes de Aznar —un as escondido en la manga de Anson— o Rubalcaba —el manoseado rey del palo progresista— no deberían ser opciones a barajar para esta trascendental partida.
17.1.13
Subidón de estupidez
La portada de El Jueves pasado —firmada por el gran Monteys— presentaba a un espídico Rajoy encaramado a un set de platos musicales, en plan Steve Aoki y animando a la peña al grito de "¡Subidooón!". A sus pies, uno de los amuermados fieles de su parroquia se revolvía indignado: "Puto DJ… Siempre pone lo mismo". Alumbrando a los más despistados, un antetítulo ("impuestos, tasas, precios, tarifas…") ponía letra a la música. Una vez más, la única prensa seria que nos va quedando se adelantaba —con cachondeo— a los acontecimientos, pues acabamos de saber que España es el país desarrollado que más ha gravado los impuestos en los últimos treinta y cinco años y, de regalo, el que soporta el mayor esfuerzo impositivo de la Eurozona; todo ello para hacer un pan como unas hostias, porque la recaudación fiscal no para de menguar. Javier Gilsanz, que acaba de recolectar los ultimísimos datos de nuestro presente socioeconómico, sostiene que "salarios chinos e inflación alemana no nos hacen más competitivos sino más pobres"; y el Banco Mundial ha alertado, a quien corresponda, de los riesgos de la austeridad, rebajando sus previsiones de crecimiento. Pese a todo, Marianico 'el Corto' lució ayer palmito en el Financial Times, barruntando que 2014 será el año del despegue económico y la creación de empleo, y urgiendo a la Merkel a recomponer lo que él desbarata. Con los periódicos por delante, un tiento al raído bolsillo y una ojeada al irrefrenable descenso en la valoración del gabinete gubernamental, no queda sino constatar que el presidente y sus asesores crematísticos andan empeñados en hacer buena la tesis de Carlo Maria Cipolla, el gran teórico de la estupidez, que atribuía esta dudosa cualidad a las personas que causan daño a otras sin obtener ganancia alguna, o, en el peor de los casos, provocándose algún daño propio en el proceso.
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