El prematuro deceso del actor que lo encarnó en la (pequeña) pantalla ha provocado que algunos serieadictos hayan recopilado de urgencia las sentencias más populares de Tony Soprano, aquel torrencial capo italoamericano que nos llevó de la mano por el lado salvaje de la vida durante seis largas temporadas. De entre los más respetables proverbios pronunciados por tan singular personaje, hoy emerge uno que escuece al ser rememorado: "Solo jodemos al que merece ser jodido". Y escuece particularmente porque, también en eso, la ficción supera a la realidad: incluso en lo tocante a la moralina, los turbios arquetipos televisivos se permiten dar lecciones a los pelafustanes que nos (des)gobiernan: porque, aquí y ahora, los politicastros no tienen miramientos ni siquiera cuando se confabulan para jodernos: en nuestra sodomicracia se toma por retambufa a todo hijo de vecino; de lo cual se colige que los verdaderos mafiosos no son, como creíamos erróneamente, los figurines que convirtieron a Los Soprano en la serie de las series, sino aquellos que se están cebando (en recalcitrante presente continuo) con nuestro ojo ciego. "Una mafia completamente instalada bajo apariencias democráticas", según los ha retratado el indignado verbo de Juan José Millás, que ayer se ciscó sin piedad en los (sobre)soldados populares desde lo alto de su columna paisana. Y motivos no le faltan, porque aún está fresca la divulgación del abracadabrante dineral extraordinario que Alí Babárcenas y los cuarenta ladrones genoveses se han agenciado con cargo a los presupuestos generales del Estado: veintidós euromillonazos sisados en otros tantos años, repartidos a discreción entre los capitostes peperos de antaño y de hogaño. Así se entiende mejor por qué el PP gasta casi doscientos mil euros anuales en sobres pero, principalmente, se comprende por qué sus señorías reiteran que no están en política por el dinero: muy al contrario, están en el dinero por la política.
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22.6.13
16.6.13
Causa general
Por mucho que el tontolaba de Floriano siga dando la barrila con la infumable cantinela de que hay abierta una "causa general" contra el PP —cacareando el argumentario suministrado por el jefe de prensa oficioso de su partido, Paco Marhuenda—, lo cierto y verdad es que el asunto de Bárcenas y sus asuntillos —valga la redundancia— se está descubriendo como un "pozo sin fondo", según ha titulado el ABC haciendo gala de una inusual coña marinera: compraventa dorada, marchantismo ilustrado, billetes viajeros, declaraciones a devolver, millones a cascoporro, rutinas deluxe… De todo hubo en la viña del señor que manejaba el cotarro de los dineros. Al sibarita Bárcenas se lo imagina uno, tanto en las duras como en las maduras, recitando a Churchill frente al espejo: "No podría vivir sin el champán. En la victoria me lo merezco; en la derrota, lo necesito". Además, tengo para mí que el bon vivant genovés aún anda luciendo pescuezo por las cumbres capitalinas porque es de esos que piensa que "el dinero es el boletín de notas de la vida", como reza una antológica viñeta recopilada en El dinero en The New Yorker. Pero, aunque el antiguo contable de la famiglia pepera merezca matrícula de honor por su destreza matemática, su expediente vital retrata al mayor suspenso de nuestra joven democracia: un pitagorín que, más pronto que tarde, lo único que podrá contar serán los días que le queden para volver a ser libre. Por eso, al mamarracho Floriano le convendría saber que la única causa general habida en la patria que se apellidó una, grande y libre, fue la instruida por sus abuelos políticos sobre lo que ellos mismos denominaron "la dominación roja"; mas no creo que el papagayo mangurrino que nos cuesta muchísimo más de lo que vale conozca el alcance de las consecuencias de aquel proceso.
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2.6.13
Ceremonia y costumbre
En estos últimos meses se viene elevando a conocimiento público, adornado con todo lujo de detalles, aquello que los malpensados llevábamos años barruntando: el mangoneo generalizado se instaló en el Partido Popular como ceremonia y costumbre —que diría Yeats— desde el mismísimo momento de su fundación. Defendía Max Weber que solo podemos saber lo que somos si determinamos cómo hemos llegado a ser lo que somos, y así, entre una ley de transparencia que no termina de fraguar y una ley mordaza que nunca debería fraguar, el PP está dejando entrever sus vergüenzas pasadas y presentes, lo cual que vamos empezando a saber lo que es precisamente porque se está determinando cómo ha llegado a serlo. Así lo reconocen incluso sus adversarios, como Irene Lozano: "El máximo ejercicio de transparencia que ha hecho el PP —si bien a trompicones— ha sido el de publicar su contabilidad B en los periódicos"; aunque sea por la vía indirecta, cabría añadir. El caso es que gracias a los diarios (in)dependientes vamos descubriendo que a la tesorería pepera se jugaba al revés que al parchís: Bárcenas se comía veinte, contaba una y las otras diecinueve las repartía. Aunque, mayormente, lo que está quedando al descubierto es que los gerifaltes genoveses diseñaron dos universos paralelos que ahora pretenden finiquitar con discursos para lelos. La Cospedal espera que lo del extesorero "se ventile con total normalidad", pero sucede que las (sobre)soldadas a discreción solo son la punta de un iceberg que esconde, además, regalías gürtelianas a todo quisque, mamoneos entre los mandamases mediterráneos y nuestros regentes, estafas bankiarias, dádivas empresariales… O sea, que no va a resultar sencillo ventilar toda la mierda que corrompe una cofradía cuyos potentados se dividen entre quienes un buen día se vendieron al mejor postor y quienes, por no ser menos, se dejaron comprar.
13.4.13
Los descerebrados
Como lo explicó el otro día Harguindey con inusitado descaro, me ahorro argüirlo yo: "Se puede ser genial, listo, normal, tonto, muy tonto y González Pons. Claro que el vicesecretario general de Estudios (¿?) del PP no está solo en la peña 'Los Descerebrados". El caso es que el relamido parlanchín se ha vuelto a cubrir de gloria esta semana: el mismo día que El País divulgaba las infracciones cometidas por la tesorería pepera durante dos décadas, respaldado por las inequívocas similitudes entre las cuentas blancas genovesas y las (supuestas) cuentas negras, González Pons se comía, sin atragantarse, un nuevo marrón: "La contabilidad del PP responde exactamente a lo que la ley le exige y le exigía. Y no tiene nada que ver con los supuestos papeles del extesorero Luis Bárcenas". Nada que ver… Nada… Ni siquiera un poco… Nada. Lástima que la justicia opine lo contrario, aunque aún no haya decidido entre si tiene un poco o un mucho que ver. De momento, mejor dejarlo estar y pasar a la dramatización de los hechos, con la que nos estamos echando unas buenas risas: los tres diarios nacionales de relumbrón andan a la greña por pequeñeces; por esa ridícula manía que ayer advertía Arcadi Espada: "A las noticias propias las llaman exclusivas y a las ajenas filtraciones". Así, lo que El País adelantó como 'Los papeles Bárcenas' y El Mundo ha rebautizado como 'Los papeles del tercer hombre', ABC lo ha rebajado a 'Las fotocopias de Bárcenas'; lo que El Mundo desveló y El País elevó a categoría de episodio nacional, el menguado ABC quiere dejarlo en agua de borrajas, ahora que su nulo olfato investigador y su paupérrima influencia lo han convertido en adalid del amarillismo cavernario. Para ello ha inaugurado un bochornoso serial con el que hociquea en la (relativa) gloria de sus rivales. Bonita manera de vender periódicos.
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9.4.13
Habemus Fraudeleaks
"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.
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7.4.13
Los papeles del tercer hombre
Sostiene (y sostiene bien) la argentina Leila Guerriero que "los periodistas no somos la justicia". Por eso, tras leer y tocar "unas hojas donde hay nombres que harían estremecer al Gobierno y al aparato productivo" en una madrileña noche de lluvia y fútbol, Raúl del Pozo esquivó la nocturnidad y la alevosía y, en lugar de plantarse ante la Audiencia Nacional para largar su hallazgo y traicionar a su garganta profunda, corrió a refugiarse bajo el flexo de las grandes ocasiones para redactar el artículo de su vida: el que servirá de prólogo al apocalipsis del Partido Popular. En su más gloriosa columna desde que heredara el trono umbraliano en El Mundo, el periodista conquense aparca su ordinario barroquismo cheli y se limita a transcribir, palabra por palabra, las frases escuchadas en la cinematográfica noche de autos a un tercer hombre que recuerda a aquel que se escabullía por entre las cloacas vienesas. La prosa canalla cede el paso en su minireportaje a los datos y así vamos conociendo que Del Pozo ha manejado "unos folios donde el hombre de los papeles ha escrito cantidades y nombres […] mayores y menores entre maletines y cheques"; unos folios en los que aparece "una empresa fantasma, tapadera, supuestamente para hacer zanjas, realmente una empresa del PP para el trasvase de donativos y chanchullos" y en los que descubrimos que quienes "decidieron sobre donaciones y sobresueldos fueron los políticos"; unos folios, en fin, que obligan a reformular al presidente la pregunta de Rubalcaba: "¿Cree que puede gobernar pendiente de que al señor Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?". Parece que no pero, de momento, la columna de Raúl del Pozo ha provocado un tembleque generalizado practicando lo que Guerriero defiende de los periodistas: "Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o solo para eso".
28.3.13
De chantas, chorros y chusmas
España es un país de chantas, chorros y chusmas que no sabe que lo es porque maneja regular el chamullo lunfardo. Pero lo cierto es que el país que exportó la picaresca a las provincias ultramarinas del imperio en el que nunca se ponía el sol ha devenido en un mal ejemplo para esos hijos putativos que todavía se acuerdan (para bien) de su madre patria. Nos hemos pasado décadas afeando la conducta a nuestros hermanos de allende los mares y ahora no tenemos más remedio que tomarlas donde antaño las dimos: de un tiempo a esta parte, los diarios del otro lado del charco llegan reventones de cuchufletas sobre el rutinario cambalache de los gánsteres de nuestro particular Chicago, siglo XXI. Recreándose en la jerigonza rioplatense, los argentinos no esconden su asombro ante la (pen)última licencia que nos hemos tomado para con ellos: afanarles el pan de sus hijos sobre el terreno. Porque en eso están desde hace años algunos de los extesoreros del Partido Popular, esos cuatro angelitos que guardaron las cuatro esquinitas del colchón de esconder los dineros peperos durante tres décadas. Los nietos de Evita asisten pasmados a este "escándalo de coimas" en el que todos los millonarios administradores del partido gobernante (Sanchís, Naseiro, Lapuerta y Bárcenas) han sido imputados por meter mano a la caja de caudales, en lo que va camino de concretarse como un tinglado montado exclusivamente para perpetuar los pingües privilegios heredados del (Antiguo) Régimen. Con todo, el último de los contables genoveses señalado por la justicia (Sanchís), limonero terrateniente en la macrofinca peronista, aún lamenta su mala estampa: "Jamás volvería a entrar en la política, porque a mí me costó muchos millones de pesetas de la época y lo único que me ha traído son disgustos". Palabra de chanta, de chorro, de chusma.
26.2.13
Gobernando en diferido
Empiezo a pensar que la inmarcesible coplilla de Campoamor se ha mantenido en boga de siglo en siglo únicamente para servir de parapeto a los bocones del PP: según dejó escrito el poeta asturiano para los restos, "en este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira, / todo es según el color / del cristal con que se mira"; una incontrovertible certidumbre que parece haberse convertido en el undécimo mandamiento para la feligresía pepera, cuyos bustos parlantes se afanan cada día en redecorar la realidad de su genovesa casa añadiendo una nueva entrada a su particular diccionario de neolengua. Anotaba el pasado fin de semana el cervantino Jiménez Lozano que, en plena "florescencia de ignorancia y de banalidad", no caben los discursos alternativos, pues "la verdad no existe, todo es opinión" y, lo más grave, "nada es nada sino lo que decidimos que sea". Tomándole la palabra al sabio castellano, la repulsiva Cospedal volvió a violar ayer, de una tacada, los hechos probados, el derecho laboral y la académica lengua española: para explicar el (pen)último desaguisado de los suyos, farfulló la generalísima secretaria que lo que se pactó con el innombrable Bárcenas fue una "indemnización en diferido", a lo que añadió algo así como que el acuerdo era "en forma de simulación de lo que antes era una retribución"; y, dicho lo dicho, siguió trabucándose graciosamente durante un minuto que debió parecerle un siglo. En lo que va camino de convertirse en una ridícula tradición, la Cospedal volvió a sufrir las feroces consecuencias del papelón generalizado que se ha visto obligado a desempeñar el Partido Popular desde que a su incompetente gestión se ha sumado el conocimiento de su indecente comportamiento. Pero en el teatrillo democrático no hace falta reinventar la lengua para llamar a las cosas por su nombre; solo se precisa un Gobierno directo, no diferido.
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22.2.13
Ya basta hijos de puta
A lo peor soy yo el equivocado, pero me parece gratuito organizar un macrodebate sobre el debate en busca de una conclusión tan baladí como la distinción entre vencedores y vencidos. Aunque no se tenga noticia de una sola ocasión en la que haya hecho honor a su nombre, el debate sobre el estado de la nación debería limitarse a lo que promete su denominación: ofrecer una instantánea en plano general de lo que el machadiano Juan de Mairena llamó "los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa" y el señor Pérez —su alumno— tradujo al lenguaje poético como "lo que pasa en la calle"; pero esta vez tampoco pudo ser. La razón estriba, quizás, en que el Gobierno llegaba a la cita (casi) anual con un discurso jalonado por el bochornoso "que se jodan" de los Fabra de toda la vida y la repugnante peineta de Bárcenas; por el desprecio clasista y el corrupto recochineo; o sea, con todo debatido… de aquella manera. Nuestros embusteros mandamases ya habían dicho en los últimos catorce meses todo lo que tenían que decir —una cosa y su contraria, y así sucesivamente—, mientras la turulata oposición callaba todo lo que tenía que callar, así que el debate se redujo a una discusión sobre el estado de otras cuestiones, principalmente pretéritas. En ese duelo crepuscular tantas veces visto se enzarzaron Rajoy y Rubalcaba, dos forajidos alumbrados mediado el siglo XX, con idéntico historial delictivo y (mucho) más pasado que futuro, a los que solo distingue esta galleguísima observación de Jabois: "Es más fácil prometer una cosa y hacer la contraria que hacer una cosa y prometer la contraria, porque lo primero es traición pero lo segundo es cachondeo". La contienda sirvió, además, como subvencionada terapia de grupo para una reata de agrandados postulantes, entre los que Javi Vizcaíno creyó ver "pose, panfleto, pasteleo y siesta". Ante la imposibilidad de sacar algo en claro del Congreso, tuvo que ser una vez más El Roto quien esclareciera el estado de la nación: en una descorazonadora viñeta, una pareja pasa delante de un escaparate. "¿Te acuerdas de cuando comprábamos?", pregunta ella, nostálgica; a lo que él responde: "No". Una obra de hondura solo comparable a la propuesta más popular de la pasada edición de ARCO: ese grafiti posmoderno de la mexicana Teresa Margolles en el que podía leerse "Ya basta hijos de puta", cuyo destinatario podría ser cualquiera que se dé por aludido.
10.2.13
La vida (no) es un Carnaval
En 2009, mientras Zapatero hablaba de "desaceleración transitoria", una chirigota gaditana llamaba al pan, pan, con resignada guasa. Se hacía llamar 'Salón de belleza 'El Tijerita' y en su estribillo se lamentaba: "Crisis, crisis, crisis, crisis, / crisis, crisis, por tos laos. / ¿Cómo quieres que yo pele / si está to el mundo pelao?". Cuatro años después, con Zapatero durmiendo el sueño de los justos, la misma chirigota hace de la necesidad virtud. Se presenta como 'Los recortaos' y su estribillo, claro, se recrea en el asunto: "Traigo estas tijeras: / son de 'Los Tijeritas', / cuando salimos de peluqueros. / Te las regalo Rajoy / y recórtate un huevo". Cuatro años en los que recortar se ha convertido en el pasatiempo predilecto de nuestros nuevos gobernantes han rebajado el primer premio de 2009 al sexto puesto en 2013: la chirigota de Kike Remolino se atascó en el pase de semifinales, sufriendo vejaciones más propias de cuando entonces: sus integrantes fueron identificados policialmente y su atrezo registrado. El repertorio previo de esta mosca cojonera con turuta había puesto sobre aviso a la pepera alcaldesa de Cádiz, que envió a sus esbirros a ejercer labores de amedrentamiento contra los subversivos elementos. Quizá tenga algo que ver que su nombre, Teófila Martínez, aparezca entre los sobrecogedores de los cuadernos de Bárcenas y con el temor a que las coplas por venir se acordaran de ella. El caso es que cinco legislaturas en el trono municipal son muchas y que su resurrecta censura ha convertido a la "cuna de la libertad" en la tumba de la democracia. Lo advertía ayer Gregorio Morán en La Vanguardia: "[Los políticos] Nos perdieron el miedo hace muchos años, luego el respeto. Solo nos queda nuestra capacidad de rebelión". Por ejemplo, cantarles cuatro verdades a la cara por Carnaval, al ritmo del tres por cuatro.
4.2.13
La mala follá de Rajoy
Vergüenza me da compararme al genial (y añorado) Chumy Cúmez, pero… "yo antes no creía en nada. Ahora ni siquiera eso"; y mira que lo siento por el envalentonado Rajoy, pero su pliego de descargo contra las regalías barcenianas no hará variar ni una sola de mis convicciones. Su insulso discurso no resistiría el más elemental comentario de texto, ni pasaría el filtro del más rudimentario detector de mentiras: la querencia del presidente por faltar a la verdad y a la palabra dada es congénita, y no iba a ser ahora que se juega el pellejo cuando se sincerara con una nación que, según los últimos sondeos, se muere de ganas por desahuciarle de la Moncloa. Rajoy mintió alegremente en los pasajes más significativos de su inconsistente defensa y ya solo queda aguardar que pasen los días para retirarle definitivamente el beneficio de la duda. De momento, lo que el mandamás popular descalificó como documentos apócrifos, o sea, los papeles de Bárcenas, le señalan como el mayor beneficiado por los bastardos emolumentos, lo cual no es moco de pavo. Rajoy lleva años acostándose en una navaja de afeitar —esa atrevida costumbre dadaísta— y corre el riesgo de terminar igual que las putas de Whitechapel, que sufrieron la mala follá de que sus destinos se cruzaran con Jack el Destripador. El inefable Mariano ha fiado su porvenir a una célebre sentencia de Marcelo Truzzi —"afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias"—, sin caer en la cuenta de que las evidencias juegan en su contra. A lo peor, lo que su señoría ve, con sobredosis de retórica, como "la sombra de la sombra de un indicio manipulado", es la veraz fotocopia de un cuaderno amenazadoramente real; ese cuaderno pepero en el que 'negro' se escribía con 'b' y dos más dos eran cinco… y se llevaban una.
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27.1.13
Con el debido silencio
El papá del prota de la última novela de Pérez-Reverte solía decir: "Se hizo domador y lo mató un león, alumno suyo". Cuesta imaginarse a Rajoy con los ropajes de Ángel Cristo, y más aún bailando El tango de la Guardia Vieja, pero si continúa por la senda del silencio acabará devorado por su pupilo Bárcenas en el peligroso circo popular de los sobre(entendidos). "¡Qué elocuencia, Mariano, tu mudez! / ¡Qué bien te explicas cuando nada dices! / No te aturullas, no te contradices, / ni un gramo muestras de tu candidez. / Por tu boca no muere nunca el pez. / Al callar, ni mientes ni desdices…" cantaba hace un año El Coplero Feroz; y hoy, como entonces, el presidente no osa contradecir al rapsoda. Rajoy encabeza la interesada estrategia conjunta entre acusador y acusado de dejar desinflarse un globo que quizá no explote nunca. Lo avisó el otro día Iñaki Gabilondo: "Lo peor que puede pasar es lo que me temo que va a pasar: nada". Y amplió su tesis un par de días después Juan Abreu: "España es un país donde los partidos han creado una inmensa red clientelar a la que sustentan y que los sustenta a costa del contribuyente. España es un país donde los partidos gastan billones de euros del contribuyente todos los años en decenas de televisiones, periódicos y radios dedicadas a hacer propaganda a los partidos y a tapar la corrupción de los partidos". El tesorero de la mafia pepera dijo cuando lo trincaron hace tres años: "Yo le debo mucho al partido y el partido me debe mucho a mí"; y ahora sabemos que no hablaba de dinero, sino de silencio. Si todos callan, podrían salvar el pellejo, aunque el país se vaya al garete: "En cualquier momento —remataba Abreu— aparece un tipo en televisión y anuncia: españoles, España ha muerto".
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25.1.13
Un fantasma recorre el PSOE
En El manifiesto comunista de Marx y Engels un fantasma recorría la Europa de 1848: "El fantasma del comunismo"; y no me quiero ni imaginar lo que pensaría el dinámico dúo prusiano al saber que el único nexo que conserva el socialismo español con el marxismo, a día de hoy, es precisamente un fantasma… pero no comunista, sino columnista: un posrevolucionario espectro juntaletras, cuyo "psoedónimo" era Amy Martin, encarnado por una personalidad tan inestable que al momento de escribir estas líneas había mudado las trazas del defenestrado exdirector general de la Fundación Ideas (Carlos Mulas) por las de su polifacética exmujer (Irene Zoe Alameda), que se ha revelado a última hora como la fantasmagórica sabelotodo. La señora de Mulas se muestra encantada de conocerse en un comunicado con el que pretende deshacer el entuerto, aunque no acierta a disimular que la chusca trama es solo una campaña de márquetin para vendernos su próxima novela; eso sí, subvencionada por la factoría socialista que dirigía su marido, quien la había fichado como "global observer", a razón de tres mil euros la broma, para dar cuenta —¡ojo al dato!— "de los reequilibrios y paradojas constantes que se establecen entre lo local y lo global". De Alameda cuentan que escribe, canta y dirige cine, y que farda de bilingüismo, pero en ninguna de esas materias ha superado la intrascendencia. Siendo compasivos, dan ganar de despacharla con el mismo trato que Ortega concedió al políglota Salvador de Madariaga, advirtiéndole que también se puede ser tonto en cinco idiomas. La moraleja de la ridícula fábula es que en la casa socialista mandaban el nepotismo y la mamandurria al tiempo que en el seno popular estallaba el affaire Bárcenas, y que, a este paso, el (¿anhelado?) pacto anticorrupción habrán de firmarlo PSOE y PP en un vis a vis, en el trullo.
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23.1.13
Decorando las consecuencias
Defiende Raúl del Pozo que, ante al moralismo de los fariseos aflorado a la par que la hedionda corruPPción, "no hay que asustarse", porque "fallan las personas, no el sistema". Lo que pasa es que el sistema son las personas y, en el Partido Popular, tan sistema es el avieso Bárcenas como persona la indigesta Cospedal, que de fallar sabe bastante, por cierto. La acongojada bien pagá se ha (auto)erigido en la heroína doméstica de la pepera lucha anticorrupción, pero su endeble estrategia solo resistirá el paso de los días entre sus acólitos genoveses y demás desinformados. Quienes sabemos leer y escuchar, y aún conservamos algo de memoria —estimulada por esa inagotable hemeroteca que es la red de redes, todo hay que decirlo—, recordamos una entrevista emitida hace poco más de un año por Onda Cero, que el resto de los medios sintetizaron bajo este inequívoco titular: "Cospedal pide a Rajoy la restitución de Luis Bárcenas en el Partido Popular". Así que "esta persona" non grata de la que a día de hoy "no consta" nada en la sede popular, fue defendida por la generalísima secretaria de la cosa hasta anteayer, como quien dice. Por eso resulta estomagante escuchar de su boca la sarta de naderías con la que nos viene martilleando en los últimos días. Sería de agradecer que se sincerara de una vez e hiciera suyos, sin demora, los demoledores versos de Jorge Riechmann: "No tenemos afán de ir a las raíces de nada, / pero nos sobra para decorar las consecuencias". Porque eso es (todo) lo que hay, aunque algunos hayan vuelto a caer en la trampa política de buscar soluciones a un problema que ningún pringado pretende resolver: ¿quién se cree que los políticos quieran acabar con la corrupción? ¿Si desaparecen los sobres(ueldos), de qué van a comer sus señorías?
21.1.13
Trazabilidad sobrecogedora
La trazabilidad de los sobres; eso es lo que importa. Mucho más que el cuánto, interesa saber el quién, el cuándo, el dónde y el cómo: todas las uves dobles del periodismo —in english, of course—, una detrás de la otra. Porque uno se malicia que los sobres sin remitente de Bárcenas escondían mucho más que un puñado de machacantes: ocultaban una manera de hacer (y vivir de la) política que venimos sufragando desde antiguo los ingenuos participantes en ese engañabobos que un día nos vendieron como democracia. Y no espera uno que las aclaraciones vengan de aquellos que son juez y parte en el tinglado de los eurofajos, esos que alardean de pulso firme con la boca pequeña mientras esconden, maniatados, su tembleque tras el atril. El canguelo generalizado amenaza con llevarse por delante la (fingida) estabilidad del Partido Popular, pero su mandamás ni se inmuta: incluso uno de sus correligionarios, el ripioso Monsieur de Sans-Foy, ha ilustrado el tancredismo de Rajoy con un insulso cuarteto: "Mariano ni adelanta ni se atrasa, / no cambia de lugar ni de postura. / Ocurra lo que ocurra… no se apura, / no huele, no se nota, no traspasa". Alguien ha insertado un petardo en salva sea la parte del presidente y la mecha arde sin que su señoría se dé por aludida. Lo bochornoso será que, cuando quiera sacárselo de encima, el petardazo le habrá cubierto de mierda hasta las cejas. Debería dejar el asunto en manos del doctor Vara, que se ofrece voluntario para practicar a los corruptos "cirugía sin anestesia". El imprudente exbellotari, veterano devoto de Nuestra Señora de las Sandeces, propone para los sobrecogedores "endurecimiento de penas equivalentes al asesinato": dice que ellos matan "la confianza de los ciudadanos", aunque peor es lo suyo: casi nos mata de la risa.
19.1.13
Hay que matar a B
Produce arcadas enfrentarse hoy a aquel orgulloso comunicado oficial, fechado el 28 de julio de 2009, en el que los peperos babeaban de admiración ante quien fue su tesorero durante casi dos décadas: "El Partido Popular quiere manifestar su reconocimiento a los más de 28 años de servicios de Luis Bárcenas a nuestro partido que han sido ejemplo de profesionalidad y buen hacer". Cuando las inspecciones gürtelianas amenazaban con dejar al aire sus vergüenzas contables, el prestidigitador de los dineros genoveses renunció al tejemaneje pero no a sus réditos: para entonces ya tenía agenciados 22 millones en Suiza —solo la punta de su iceberg patrimonial, según confesión propia— y se había desposado con su secretaria particular. En sus diecinueve años como manirroto administrador hizo gala de una ilimitada generosidad, repartiendo mensualmente sobres a diestro, y solo a diestro, entre los gerifaltes de la cúpula popular: sobresueldos que oscilaban entre los cinco y los quince mil euros, según fuera el grado corruptivo del "sobrecogedor" (Nacho Escolar). Hasta ayer sospechábamos —es un decir— que la financiación de los partidos era (algo más que) irregular; hoy, tras el mayor fraude conocido en democracia, sabemos que es directamente ilegal. Por eso, la ciudadanía se ha plantado en la puerta de la rebautizada CorruPPlandia para decir basta, enarbolando pancartas que corrigen los desesperanzados gritos cotidianos por otro cargado de amarga resignación: "Sí había pan para tanto chorizo" —adoptando la leyenda de una histórica viñeta de Manel Fontdevila—. Desvelado el robo del siglo, ahora sabemos que Hay que matar a B, como en la pelí de Borau; pero no la 'B' de Bárcenas, un simple repartidor de infectos dividendos; la 'B' a extinguir es la contabilidad paralela generalizada a la que van a parar nuestros dineros, la que permite que los estafadores públicos de turno, (mal)llamados políticos, nos sigan robando por encima de nuestras posibilidades.
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