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20.6.13

Leña al mono

Hace tres semanas fue la Comisión Europea la que nos leyó la cartilla y ahora le ha tocado el turno al Fondo Monetario Internacional, mas poco importa el remitente cuando las advertencias enviadas a nuestra nunca bien ponderada península histérica son idénticas: 'Sí, pero no', han venido a decir los insaciables vampiros supranacionales en un escueto mensaje donde el 'sí' equivale a una palmadita en la espalda —efecto lubricante— y el 'no', a todo lo demás —"te la meto doblá", que cantaría el chirigotero 'Selu' de Cai—. Resumiendo la cháchara tecnócrata, por ahorrar esfuerzos al (improbable) lector: dos de las tres patas de la maldita troika de los dineros se han aliado para azuzar a los cachorros de Rajoy para que continúen apretando pero sin ahogar a sus presas o, en el peor de los supuestos, para que ahoguen sin que se note demasiado. O sea, leña al mono democrático, que para eso están las mayorías absolutas. Aunque, por más que el eco gubernamental repita hasta la saciedad que ya se vislumbran en el horizonte los brotes verdes, lo cierto es que, desde que la cándida Elena Salgado los barruntara años ha, los únicos brotes verdes que han visto estos ojitos son los de mi mala hierba jardinera. Lo refería con una ilustrativa anécdota David Gistau en su dietario: a las puertas del Congreso, ayer se le escapó a un policía: "Ay, si los detectores fueran de mentiras…". En fin, que ante quienes nos chulean desde las alturas no caben medias tintas: o seguimos jugando al engañabobos con inútiles pactos al estilo de los de Cánovas y Sagasta o desentrañamos toda la mala leche acumulada secundando a Sánchez-Gordillo ("Que la Europa de los mercaderes se vaya al coño de su puta madre"). De momento, Rajoy y Rubalcaba han optado por jugar a la Restauración.

14.6.13

Vicios y virtudes

El azote del kirchnerismo, Jorge Lanata, despidió el pasado domingo su popular Periodismo Para Todos de la tele argentina con uno de sus implacables discursos: "La corrupción es como el aire acondicionado. Vos lo escuchás cuando lo ponen. Pero después te acostumbrás al ruido y lo dejás de escuchar. Con el afano es igual, primero te asombra y después te va asombrando cada vez menos y menos y menos y ya todo te parece normal". Quien así se expresa es uno de los escasos periodistas de raza que aún sobreviven al otro lado del corrompido charco, y su exordio adelanta un nuevo sopapo en la jeta de los chorros oficialistas de una nación que los amamanta por centenares. Leo Messi es paisano de Lanata aunque, por los últimos chismes escuchados en el mentidero, está más en la onda de las cuadrillas de manilargos a las que el orondo comunicador pone la cara colorada semana tras semana. Lo ventajoso para el pelotero culé es que echó los dientes en el argentado paraíso de la sisa pero pegó el estirón en la ibérica cuna de la picaresca, un hecho al que, a la vista de los resultados, le ha sacado un sustancioso provecho. Las lenguas de vecindona escupen que el futbolista del Barça le ha birlado a la hacienda española un puñado de millones, y ese parece mérito suficiente para erigirse, por derecho propio, en uno de esos "hipócritas" —denunciados en la prensa por Luis García Montero— que "afirman en público la virtud para esconder en privado sus vicios"; uno de los villanos que los futboleros convierten en héroes con la misma facilidad que la justicia troca en villanos a héroes como el perseguido soplón Hervé Falciani, un desertor del HSBC que maneja un arsenal documental capaz de aniquilar buena parte del fraude fiscal planetario; un polvorín que, por desgracia, no explotará nunca.

8.6.13

Empresa Mundial S.A.

A esta hora en que yo me entretengo arrejuntando palabras, en las cercanías de Londres se encuentran reunidos, a gastos pagos, los (putos) amos de mundo: centenar y medio de medradores gerifaltes financieros, dóciles mandamases políticos, avaros mercaderes globalizados, paniaguados comunicadores, domesticados académicos y aristócratas palmeros que, juntos pero no revueltos, conforman el todopoderoso Club Bilderberg, una de esas "siniestras camarillas" que, según Fidel Castro, manejan la humanidad a su antojo. Oficialmente, la conferencia anual que este año se reúne por sexagésimo primera vez es "un foro para discusiones informales off-the-record sobre megatendencias y los principales problemas que enfrenta el mundo", pero aseguran quienes han (mal)gastado su vida investigando tan florida secta —con el conspiranoico pope exsoviético Daniel Estulin a la cabeza— que entre sus miembros se esconden el verdadero rey de reyes y el auténtico jefe de los jefes de Estado; y que su objetivo final es la creación de "un gobierno mundial único, con su propio ejército, moneda y religión" o, dicho en román paladino, "una red global de cárteles gigantes" que vendría a funcionar como Empresa Mundial S.A. Y a lo peor todo eso es cierto; y también lo es que los oligarcas bilderbergianos pertenecen a la masonería y a los Illuminati (con tomati) —según rezan los manuales de la cosa—, pero a mí me gusta imaginármelos echando unas risas entre cañas y tapas mientras alternan partidas de Monopoly y Risk, que son las dos únicas maneras de controlar el mundo que yo conozco. Porque, de ser ciertas las sospechas de que esa plutocracia atlantista pretende imponer un Nuevo Orden Mundial desde la sombra, ¿alguien entendería para qué demonios invitaron en los últimos años a peleles como Almunia, Cospedal, Sorayita o la reina Sofía? ¿Alguien podría explicar qué pinta allí De Guindos este año, aparte de repartir currículos para cuando Rajoy le dé la patada?

21.5.13

La (amarga) dolce vita

Refiere la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española que el 'sainete' es una "pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final". Verbigracia: lo de Blesa. Porque el grotesco metisaca carcelario perpetrado por nuestra justicia para con el expresidente de Caja Madrid habría dado mucho de sí en manos de Arniches o los Álvarez Quintero, aunque relatado por los apesebrados cronistas del presente, maldita la gracia. El numerito con pernoctación en el trullo no ha supuesto más que un paréntesis disuasorio estratégicamente escenificado en medio de lo que podríamos intitular, con permiso de Daniel Monzón y su olvidable largometraje homónimo, El robo más grande jamás contado: la película —inconclusa, para nuestra desventura— en la que unos insufribles banksters de andar por casa hicieron saltar la banca española asaltando a los ciudadanos, con la entusiasta connivencia de una kilométrica recua de paniaguados secundarios de la política y el sindicalismo; los mismos que ahora, perpetuando esa lógica perversa que impera en las cadenas de favores estratosféricas, se las componen como buenamente pueden para evitar ser ajusticiados. El caso es que Miguel Blesa fue durante algún tiempo el insoslayable farallón del rocoso gremio que implantó en España la dolce vita. Sus amistades peligrosas lo arrastraron al magnético microcosmos del money, money —fue compañero de pupitre de Aznar—, pero esas mismas malas compañías han terminado vedando su plácido retiro. Sus préstamos a espuertas y su querencia por la mamandurria están siendo escudriñados y ya le han costado un disgusto más dos millones y medio de fianza. Con todo, se nos antoja poco castigo para uno de los estrellones del desfalco nacional, cuyas tropelías nos salen, de momento, a cuarenta mil millones del ala. Sirva, al menos, como apercibimiento para sus pringados colegas, que son ciento y la madre.

7.5.13

El nuevo (viejo) socialismo

Porque "vivir es ver volver" —como decía Azorín— resulta menos sorpresiva la fulgurante resurrección del socialismo rubalcabiano: en política todo vuelve; y lo hace sobrado de motivos si aún no se había ido del todo. Rubalcaba, que lleva meses haciendo oídos sordos a los cenizos demoscópicos, interiorizó de pequeño el adagio de papá Gramsci que advierte que "una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer"; pero el pertinaz segundón tiene para sí que la verdadera crisis es la que está carcomiendo al absolutismo pepero y no la que los sans-culottes del puño y la rosa avivan desde la rue Ferraz. Así que, haciendo buena la apócrifa cantinela donjuanesca ("Los muertos que vos matáis gozan de muy buena salud"), el PSOE lanzó el pasado fin de semana un órdago a sus enterradores poniendo sobre la mesa del presente un conjunto de propuestas para reactivar la economía y combatir el desempleo: un refrito que mezcla a Roosevelt con la Merkel y a Obama con el FMI pero que abre una vía de esperanza a una ciudadanía con la "confianza lastimada" (Juan Gelman dixit); seis estratégicos aldabonazos económicos para poner en práctica aquello que sugería Ignacio Ramonet en una reciente entrevista: "Hay que volver al sentido común, a un keynesianismo razonable: tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea indispensable". Total, que lo que proponen Rubalcaba y su claque, casi sin pretenderlo, es volver a los orígenes del socialismo: redistribuir la riqueza —aunque esta vez sea prestada— por medio del Estado; o sea, lo que apuntó Jabois a su manera: "El PSOE no necesita ideas nuevas sino viejas, que son las de sus intelectuales que se le han ido bajando del caballo por rabia, frustración o aburrimiento".

1.5.13

La puta insistencia

Una vieja amiga cántabra solía contarme un chascarrillo norteño que añadía vitriolo a la fina estampa que retrata la lógica del poder en este desventurado país: "Ya no sabemos si el Banco es de Santander o Santander es del banco". Se refería, claro, al vampírico tinglado montado hace varias generaciones por esos ahorradores pasiegos de rancio abolengo a los que un maldito apellido condenó desde la cuna: los Botín. Y otro tanto podría afirmarse hoy acerca de los partidos políticos, los medios de comunicación o los clubes de fútbol, pues a todos los tienen trincados los malandrines por los colgajos. De ahí que la totalidad de las causas judiciales abiertas contra los miembros del clan de la corbata roja —evasión fiscal, indemnizaciones desorbitadas, etc.— hayan sido archivadas a cambio de millonaria calderilla —si se me permite el oxímoron—; y de ahí que estos días la paniaguada prensa patria, que ha venido silenciando discretamente todas y cada una de las tropelías santanderinas, despida con honores de brillante gestor a quien la justicia sentenció como ímprobo y probado delincuente, Alfredo Sáenz, que se retira de la vicepresidencia de la casa madre con una pensión de ochenta y ocho millones de euros que sumar a lo expoliado a sus clientes a lo largo de toda una vida dedicado a la usura. Una pensión que, por su desafío al decoro en tiempos de miseria, quedará como el mayor agravio comparativo de un gremio al que los tiesos de España hemos ayudado ya con casi doscientos mil millones públicos (que no tenemos) desde que su avaricia y sus artimañas nos abocaran a una crisis que aún le parece ajena; un gremio que, por su cansina reincidencia, impele a las profesionales del sexo a reiterar su ya legendaria defensa: "Las putas insistimos: los banqueros no son nuestros hijos".

27.4.13

El récord de la vergüenza

David Trueba ha reconocido, negro sobre blanco, que "encontrarle un lado positivo a la cifra de parados española es como apreciar lo hermoso del amanecer el día de tu fusilamiento", pero el renacentista opinador no ha caído en la cuenta de que el partido que nos (des)gobierna es capaz de eso y de mucho más, pues parece ser que desde las alturas genovesas —a las que no he tenido el (dis)gusto de ascender nunca para comprobarlo— se contempla la realidad tamizada por un espíritu bucólico sin parangón en la historia de la humanidad. Para muestra, tres botones entresacados de las reacciones a lo que El Mundo ha titulado en primera "El récord de la vergüenza": 6.202.700 parados: 1) el secretario de Estado de Empelo, de cuyo nombre no quiero acordarme, balbuce que se está "invirtiendo la senda" y que la tasa de destrucción de empleo "se está atemperando"; 2) el correveidile extremeño de apellido compuesto, Floriano, suplica "que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias"; y 3) el torrentiano Martínez Pujalte mienta a Zapatero y le da otro revolcón a la sobada herencia recibida, achacando los males presentes a las decisiones tomadas "hace unos cuantos años", cuando "empezaba la crisis". Tres esperpénticas demostraciones de cómo despachan los cráneos privilegiados del PP el dramón de un pueblo que comienza a comerse los mocos; aún más grotescas tras ser corregidas al día siguiente por un Gobierno que ya admite sin ambages que será incapaz de crear empleo durante su legislatura. "Cuando gobierne bajará el paro", dijo un Rajoy que se las prometía muy felices mientras holgazaneaba en la oposición. Y en esas estamos, confiando en que cumpla su promesa… esperando que gobierne.

25.4.13

Medias verdades

Se cachondea Toni Garrido de la economía denunciando con la solemnidad que le caracteriza que "es la única disciplina que permite que distintos expertos lleguen a conclusiones totalmente diferentes utilizando los mismos datos"; y no podía haber elegido una coyuntura más favorable para meter el dedo en esa llaga: porque estamos en la semana en la que ha caído hasta mínimos históricos la cotización de la Excel(encia) financiera, esa maldita hoja de cálculo virtual —alumbrada por los alumnos más aventajados de Bill Gates— sobre cuyos desarreglos funcionales asentaron Reinhart y Rogoff las teorías austericidas que han servido como hoja de ruta a aquellos mandamases que vinieron al mundo con tijeras en lugar de manos. Aunque de poco ha servido la revelación del garrafal error de procedimiento de los cerebritos yanquis, porque los recortadores vocacionales siguen a lo suyo, con o sin aval académico. Así que, en vez de ciscarnos en el papá de Microsoft, nos vemos obligados a descargar una vez más sobre la puñetera madre de quienes se han propuesto hundirnos en la miseria. Con todo, aún quedan almas cándidas que defienden que los datos se han convertido "en el nuevo ADN de la información"; una afirmación difícil de sostener en este tremedal en el que estamos hartos de escuchar de boca de los banksters que el papel lo aguanta todo, o sea, que los datos no son más que medias verdades huérfanas de significado sin sus hermanas mellizas, las interpretaciones. Materia, esta, en la que están doctorados los trileros más baqueteados de nuestro (des)Gobierno (Rajoy, Montoro y De Guindos), que de nuevo se han confabulado para engatusarnos con el engañabobos de la prima de riesgo. Pero basta poner los pies en la calle y cruzarse cara a cara con la pobreza para mandar a tomar por saco a la susodicha prima… con toda su parentela.

11.4.13

Ciencia con conciencia

Alguien ha recordado, a propósito de la muerte de José Luis Sampedro, una atinada certidumbre rabelaisiana que bien podría hacer las veces de epitafio: "La ciencia sin conciencia no es sino la ruina del alma"; porque se ha retirado a descansar eternamente un hombre, algo que no sucede todos los días aunque las necrológicas parezcan certificar lo contrario; un hombre que "había envejecido con absoluta lucidez y ajeno a la dichosa vanidad, prudente y humilde, como si temiese que le echasen en cara su longevidad en este mundo banal y trepidante en el que son muchos los que razonan sin haber pensado y eructan sin haber comido", como ha subrayado con razón Alvite; un hombre que huyó de los fanatismos porque de joven guerreó desde los dos bandos y con ello quedó vacunado para los restos; un hombre que enseñó economía a varios contables mayores (ministros, analistas, profesores) y legiones de domésticos tesoreros (el pueblo); un hombre cuya sonriente narrativa se convirtió en lectura obligatoria de una época en la que la educación pública aún sabía lo que se hacía; un hombre que se subió a tiempo al carro de la indignación generalizada para azuzar las conciencias socialadormecidas; un hombre, en fin, que dejó una síntesis de nuestro zeitgeist para enmarcar: "¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales, sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada libremente en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento".

9.4.13

Habemus Fraudeleaks

"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.

26.3.13

La navajita plateá

Se puede cantar al son del flamenco psicodélico de Los Planetas ("Se ha reunido un comité de expertos / y ha decidido que se acabó lo nuestro") o contar deslastrado de zarandajas diplomáticas, como hacía Marc Vidal en la previa: "Hay un grupo de inútiles reunidos pensando en cómo nos cobran su ineficiencia sin que parezca improvisado"; pero al margen del soniquete elegido para envolver el relato de los acontecimientos, lo incontrovertible de la charlotada perpetrada por la troika contra Chipre es que se trata de un nuevo atraco de la Europa consentida a los bolsillos de sus súbditos más débiles; y ya van unos cuantos. Alemania continúa marcando el paso de la (des)unión europea y quienes (mal)vivimos sometidos a sus vaivenes emocionales estamos ya empachados de tanto chalaneo. Los germanos se dan el lujo de adoctrinar a sus convecinos en materia de elementalidad pero callan como putas cuando la vergüenza les araña. Se va a cumplir ahora el primer aniversario de una anécdota que no me dejará mentir: el Real Madrid se medía al Bayern Múnich en el Allianz Arena, en la ida de las semifinales championsligueras; en los prolegómenos del choque, los amigos de lo ajeno afanaron las botas, camisetas y medias de Ronaldo, Özil y Benzema; pero el robo no mereció más que minúsculos despieces en la prensa de segunda división. Imaginemos ahora qué habría sucedido si el pillaje hubiera tenido lugar en suelo español: como poco, habría sido premiado con el escarnio de los amplificadores morales teutones y la risita condescendiente de sus acérrimos partidarios. Así se escribe la Historia. Sin embargo hoy, con la ortodoxia chipriota recién afeitada a punta de rescate alemán, el lacio Rajoy no ha resistido la tentación de poner sus barbas a remojo, mientras la navajita plateá del corralito reluce allá en las alturas sajonas.

16.3.13

Un ambicioso plan

'Al revés te lo digo para que me entiendas'; esa fue la cantinela que escuché en boca de mis mayores durante años para ironizar sobre el escaso parecido entre la embrollada realidad del renacer democrático y las crónicas publicadas por quienes tenían su voz y su palabra (auto)secuestradas por espurios conflictos de intereses. La cantinela se fue apagando a medida que yo iba creciendo (y mis mayores se iban extinguiendo) pero aquella inmoralidad se mantiene intacta en el relato colectivo del presente, pues la indecencia de los (des)informadores no ha menguado ni un ápice. Así, sucede que abre uno el periódico dominical y se topa con un abracadabrante titular, "Vivir por debajo de nuestras posibilidades", y una no menos desconcertante tesis, defendida en el artículo subsiguiente por Joaquín Estefanía, que sintetiza datos del flamante Informe sobre la Desigualdad en España elaborado por la Fundación Alternativas: "En la etapa previa a la crisis no se aprovechó la capacidad política para aproximar el gasto social al nivel existente en los países europeos más poderosos y reducir así las brechas ciudadanas, […] en contra de lo que mil veces se ha repetido como un mantra falso, en el ámbito de la protección social lo que hicimos fue 'vivir por debajo de nuestras posibilidades". Y no es por darme el pisto, pero ya me barruntaba yo que nos seguían diciendo las cosas al revés cuando, en cuestión de días, había tenido que tragarme que "cada año hay más ricos… y son más ricos" (Carlos Elordi) aunque "la pobreza se ha hecho simultáneamente más intensa (más pobreza) y más extensa (afecta a más personas)" (Estefanía). O sea que, como sospechábamos, aquí los únicos que viven por encima de sus posibilidades son los que tienen posibilidades. Los demás nos conformamos con seguir el consejo cantado por Nacho Vegas: trazar un ambicioso plan, consistente en sobrevivir.

14.3.13

Sombra aquí, sombra allá

En la última sesión parlamentaria de (des)control, Rubalcaba hizo notar a Rajoy que el déficit cacareado por su Gobierno "tiene una capa de maquillaje de este tamaño" y, aunque por escrito cueste hacerse una idea, su gesto insinuaba que el grosor de la referida capa podría llegar, sin exagerar, desde la madrileña carrera de San Jerónimo hasta Pernambuco. Por eso al presidente, que en la víspera había pecado de optimista dando por superada "la enorme crisis financiera y de deuda pública", no le quedó más remedio que salir por peteneras, one more time. La culpa la tiene el fanfarrón Montoro, que había reincidido en sus malabarismos contables para cuadrar un déficit público del 6,7%, a sabiendas de que la trola se esfumaría en un suspiro, pues a esa falacia hay que sumar las devoluciones fiscales retrasadas alevosamente hasta enero más el monto del rescate bancario. Total: 10,46%. O sea, que estamos como hace año y medio —con los bolsillos más pelados, eso sí—, y lo único irrefutable es que en el último (y desastroso) ejercicio del Gobierno socialista la rebaja del déficit fue mayor que en el (presuntamente milagroso) primer año Mariano. Los analistas más fiables denuncian sin descanso que el programa económico del PP está más visto que el tebeo (y su ineficacia probada) pero da igual; nuestro ministro más "mentiroso, incompetente e injusto" (Sala-i-Martín) se divierte entretanto cual perdonavidas cobrador del frac, amedrentando con los lobos de Hacienda a todo aquel que le afea la conducta. Ejerce de cínico doppelgänger del simpsoniano Burns porque maneja información reservada, pero está condenado por ley a un "estricto y completo sigilo" en materia tributaria; así que debería empezar a controlar las insidias que se le escapan por entre las comisuras… o escupirlas violentamente contra sus amistades peligrosas… o metérselas por donde le quepan, con perdón.

4.3.13

La revolución española puede esperar

El guardián de los dineros norteamericanos, Ben Bernanke, se subió la semana pasada al carro de los augures neokeynesianos (Krugman, Stigliz y compañías nobeles) al reconocer que el déficit no es un peligro evidente y actual, que los recortes en el gasto en una economía deprimida son una idea terrible y que la austeridad prematura no tiene sentido. Se refería, por supuesto, a la economía estadounidense, pero sus advertencias son extrapolables, punto por punto, a las cuentas europeas. Aunque lo mismo da, porque a este lado del charco nadie parece enterarse. Aquí nos siguen amenazando con estratagemas infantiloides, como si fuéramos niños de teta, con el poderoso influjo del déficit público. El pérfido Montoro, nuestro orgulloso y zumbón malo del cuento, no para de susurrarnos al oído que viene el coco, pero la gente no está para fábulas morales. Los (desastrosos) números cantan y los oráculos econoprogresistas siguen demostrando, para nuestra desgracia, que llevaban razón desde el principio: que el austericidio no era la mejor vía para salir de una crisis que ya ha cumplido su primer lustro. Se lo recordaban el otro día Skidelsky y Miller, desde el Financial Times, a los popes que han elevado la tijera a los altares de su credo político: "Importa la reforma del lado de la oferta, pero también la demanda". Por eso nuestros vecinos lusos andan inmersos en su emocionante segunda revolución de los claveles, y no han querido esperar a un nuevo 25 de abril para plantarle cara a la troika (BCE, CE, FMI) desde la calle: "El pueblo es el que manda", rezaban algunas pancartas tras las que se escondían unas irrefrenables ansias de reparar el deteriorado bienestar de su viejo estado. Mientras tanto, a este lado de La Raya aún perdemos el tiempo intentando entender, literalmente, a nuestros mandamases. Y así nos va.

24.2.13

El estado del bienestaba

Final del Carnaval de Cádiz 2013. Se abre el telón. La chirigota del Selu canta 'Las verdades del banquero'. Antes de arrancarse con la presentación, homenajea a los payasos de la tele, preguntando al respetable: "¿Cómo están ustedes?". La respuesta del público no se hace esperar: "¡Tieeesos!". Ese el actual estado de una nación que está para pocas risas y, en el debate sobre la cosa, Rubalcaba tuvo que recordárselo a un Rajoy que todavía mira para otro lado: "En España ha reaparecido la pobreza". Los franceses, inmisericordes con nuestras desgracias, han tardado poco en aplicar su brocha gorda al asunto, incorporando a sus ácidos guiñoles al mandamás español como un indigente, despachado por el presentador del programa con tres euros para un bocata. Al otro lado de los Pirineos saben tan bien como aquí que los cacareados brotes verdes no son más que un ilusorio trampantojo con el que los artistas neoliberales han (re)decorado la ruinosa fachada de una nación cuyo interior se cae a pedazos, con el único objetivo de mantenernos embelesados mientras desmantelan definitivamente lo que Malagón ha rebautizado como "estado del bienestaba". La historia de España es la historia de una crisis permanente, según atestigua un flamante ensayo que analiza las grandes depresiones económicas sufridas entre 1348 y 2012. Su editor, Gonzalo Pontón, concluye al respecto que, "en la génesis, gestión y enquistamiento de todas esas crisis, lo determinante es la incompetencia de los gobiernos, sus políticas fiscales, el despilfarro público, la especulación y la corrupción a gran escala". Hoy, como ayer, estamos en manos de una banda de indocumentados, pícaros, ludópatas y mangantes que malversa nuestra pasta mientras nosotros las vemos de venir. La única diferencia es que ahora se la llevan a Suiza en frondosos ramitos de violetas, de a quinientos euros el pétalo.

12.2.13

El expolio patronal

Lamentaba Faulkner que el hombre no pueda "comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas" y sostenía que la triste razón de la desdicha humana radica en que "lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar". Eso lo hemos sufrido (casi) todos en algún momento aunque, ahora que no nos llega ni para ser desdichados —o sea, trabajadores—, los patronos parecen ensañarse con nuestro sufrimiento. El nauseabundo recochineo con el que los gerifaltes de la patronal desprecian a los parias del siglo XXI debe ir con su sueldo, pero se entiende regular con seis millones de parados. Haciendo memoria, de las últimas cúpulas de la CEOE salen más delincuentes que empresarios decentes. A saber: su penúltimo mandamás, Díaz Ferrán, está en el talego; un vástago de su antecesor, José María Cuevas, fue trincado la semana pasada por blanqueo de capitales; y al actual vicepresidente y cabecilla de la patronal madrileña, Arturo Fernández, acaban de ponerle la cara colorada por retribuir a sus asalariados en negro. Cierto es que la mejor manera de defendernos de este mal de muchos es un consuelo de tontos —no parecernos a ellos, como sugería Marco Aurelio en sus Meditaciones—, pero algo es algo. El expolio patronal viene avalado por una vampírica reforma laboral, diseñada a su insaciable medida, que va camino de convertir a España en un páramo laboral. Así que nos están sisando por lo civil y por lo criminal y, de paso, se cachondean en nuestra jeta, dando lecciones de austeridad mientras niegan las cifras del paro. Todo por la pasta, claro. Por eso yo, como mi colega César Losada, "no creo en revoluciones contra políticos, ni banqueros, ni conspiraciones opacas […]. La única revolución efectiva ha de ser contra el poder de todos los poderes, contra el Dios dinero".

17.1.13

Subidón de estupidez

La portada de El Jueves pasado —firmada por el gran Monteys— presentaba a un espídico Rajoy encaramado a un set de platos musicales, en plan Steve Aoki y animando a la peña al grito de "¡Subidooón!". A sus pies, uno de los amuermados fieles de su parroquia se revolvía indignado: "Puto DJ… Siempre pone lo mismo". Alumbrando a los más despistados, un antetítulo ("impuestos, tasas, precios, tarifas…") ponía letra a la música. Una vez más, la única prensa seria que nos va quedando se adelantaba —con cachondeo— a los acontecimientos, pues acabamos de saber que España es el país desarrollado que más ha gravado los impuestos en los últimos treinta y cinco años y, de regalo, el que soporta el mayor esfuerzo impositivo de la Eurozona; todo ello para hacer un pan como unas hostias, porque la recaudación fiscal no para de menguar. Javier Gilsanz, que acaba de recolectar los ultimísimos datos de nuestro presente socioeconómico, sostiene que "salarios chinos e inflación alemana no nos hacen más competitivos sino más pobres"; y el Banco Mundial ha alertado, a quien corresponda, de los riesgos de la austeridad, rebajando sus previsiones de crecimiento. Pese a todo, Marianico 'el Corto' lució ayer palmito en el Financial Times, barruntando que 2014 será el año del despegue económico y la creación de empleo, y urgiendo a la Merkel a recomponer lo que él desbarata. Con los periódicos por delante, un tiento al raído bolsillo y una ojeada al irrefrenable descenso en la valoración del gabinete gubernamental, no queda sino constatar que el presidente y sus asesores crematísticos andan empeñados en hacer buena la tesis de Carlo Maria Cipolla, el gran teórico de la estupidez, que atribuía esta dudosa cualidad a las personas que causan daño a otras sin obtener ganancia alguna, o, en el peor de los casos, provocándose algún daño propio en el proceso.

15.1.13

Revolving mamandurrias

Du yu spikinglis? Pues ni puta falta que (te) hace, porque ya tenemos suficiente con la brasa que nos están dando los anglosabelotodo patrios, que de un tiempo a esta parte se han compinchado para demostrar que lo del nivel medio oral y escrito curricular era cierto. Por gentileza de estos infrautilizados hooligans de la Pérfida Albión, ahora sabemos que la traducción al cristiano de "revolving door" no es 'revolviendo puerta' —como pudiera parecer— sino 'puerta giratoria', y que esa es la gráfica expresión que los anglosajones emplean para denunciar los viajes de ida y vuelta que se pegan los gestores de la cosa pública y la privada a nuestra costa. En España deberíamos adoptarla como sinónimo de 'acomodo' y aceptarla como consecuencia inevitable de algo tan arraigado como el tráfico de influencias. Mientras legiones de lumbreras malgastan el tiempo pensando (y repensando) la izquierda, en esto —como en casi todo— la derecha va al grano: desde que Aznar privatizara medio país para repartirlo entre sus compañeros de pupitre, hasta hoy, cuesta encontrar un potentado pepero cuyo agradecido estómago no se halle generosamente abastecido por algún (des)interesado benefactor. La última en subirse al abarrotado carro de la mamandurria ha sido la reina del escaqueo funcionarial, Esperanza Aguirre, que se ha deshecho de sus prejuicios anticatalanistas —previo pago de su importe— para asesorar a una empresa de cazatalentos que, con su fichaje, evidencia un alarmante mal olfato para el asunto. La condesa (consorte) de Murillo pone así un punto y seguido en la (intra)historia de esta (in)sana costumbre, excluida de los estatutos del PP pero muy extendida entre su parroquia, cuyo (pen)último capítulo fue protagonizado hace unos días por Rodrigo Rato y su colocación en Telefónica. Eso sí, no serán sus aventajados alumnos (seudo)socialistas quienes puedan afearle la conducta: de Felipe abajo, calladitos estarán más guapos.

9.1.13

La patrulla X

"Política es ventriloquía", eso lo sabe cualquiera, pero cuesta encajar la hostia que (nos) atiza César Losada desde La industria del placer ampliando dicha tesis. "Manos que mueven muñecos, bocas que se sincronizan con discursos pronunciados por voces ajenas, ficción colectiva". Le sobra razón a este "nuevo inquilino" del pensamiento posmoderno, pero sus argumentos nos sientan como una patada en los mismísimos. Según Losada, los políticos "no pueden ser desenmascarados, pues su esencia misma es la de máscara de un cuerpo sin sustancia […]: detrás del atrezzo se esconden otros agentes de poder, fundamentalmente el capital". Primero, una de cal. "Pero… ¿quién es el capital? ¿Son acaso los grupos industriales o financieros? El capital somos nosotros, el único ser propio de esa nada que es el dinero". Y luego, otra de arena. "Produce vértigo reconocer la culpa de que los males políticos son resultado de nuestras acciones". Así que las diatribas lanzadas hasta hoy se vuelven en nuestra contra, como un bumerán: "Toda la vida investigando la conspiración secreta, buscando a la mano negra, el poder en la sombra, la mano que mece la cuna… y detrás de la última puerta, solo una presencia: desde el principio, el ventrílocuo eras tú". Y el dolor es doble, pues cuesta asimilar que uno sea el malo de la película y, además, tenga las trazas de José Luis Moreno. Pero es lo que hay. Y al show se suma, desde ayer, el Partido X, que se presenta sin máscara, pero también sin rostro —sin ideología—, con el objetivo de "resetear el sistema" y "recuperar la democracia". Esta patrulla X doméstica y huidiza no pide voto ni confianza, pero llega con vocación mayoritaria para desalojar del Parlamento a los mandamases actuales. Y el ventrílocuo que habita en mí no ve el momento de meterle (la) mano.

24.12.12

Evasión (fiscal) y victoria

Explicaba Rousseau en La cuestión social que la verdadera igualdad radica "en que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro ciudadano, ni que sea tan pobre que se vea obligado a venderse". Por desgracia, en España nunca llegamos a rondar esa utopía; ni siquiera cuando abandonamos, a duras penas, el apagado blanco y negro dictatorial y nos adentramos en la democracia coreando "la vida es una tómbola / de luz y de color". La maldita crisis mundial, que los españoles nos hemos tomado, según nuestra costumbre, a la tremenda, no ha hecho sino extremar la brecha que separa a los del taco, cuyo parné se multiplica a velocidades de vértigo, de la inmensa mayoría de tiesos, que los últimos informes publicados desmenuzan así: casi la mitad de la población está en situación de precariedad; y la mitad de la mitad ha caído en ese eufemismo que hemos dado en llamar riesgo de pobreza, lo que, traducido al cristiano, viene a significar que entre diez millones de españoles se ha extendido, como denunciaba Rafael Azcona en La Codorniz de cuando entonces, "la costumbre de no comer con regularidad". Ni siquiera bastan para ello las millonarias limosnas del magnate de los trapitos, Amancio Ortega, que intenta disimular con ridículos gestos de buena voluntad su estreno como segunda mayor fortuna planetaria. Pretende con ello que obviemos que, para los de su casta, no hay afición más provechosa que evadir impuestos, gracias a la connivencia de una justicia reformada a su antojo y a un Gobierno que amenaza con la boca pequeña mientras desprecia los servicios prestados por monsieur Falciani, el joven informático que ha destapado las vergüenzas de la banca mundial poniendo nombre y apellidos a la crème de la crème de los evasores fiscales, incluidos los 659 españolitos que, por política gentileza, seguirán durmiendo tranquilos.