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18.6.13

Santo y seña

Aún tengo fresco en la memoria el recuerdo de Crematorio, una insoslayable miniserie televisiva nacida para prestigiar las creaciones domésticas, basada, a su vez, en una punzante novela de Rafael Chirbes que acaba de ser aupada a los altares de la narrativa hispana por una solvente encuesta periodística. Tanto en la una como en la otra se da cuenta, alternando la lija y la seda, del auge y caída del imperio español de la corrupción, el indecoroso tinglado que en unos pocos años llegó a convertirse en santo y seña de un mundanal que, como consecuencia de ello, produce hoy entre los pusilánimes una indescriptible mezcolanza de vergüenza y asco. Crematorio clava su inmisericorde puya en el corazón de la corrupción urbanística, una bastarda subespecie que encontró su feraz caldo de cultivo a orillas del Mare Nostrum; y un reportaje publicado ahora por El País certifica que el ochenta y ocho por ciento de tanta podredumbre tiene concomitancias con el suelo. Haciendo acopio de los últimos datos sobre la materia, el periódico global en español calcula que, en trece años, se han descubierto alrededor de ochocientas corruptelas en nuestro país, que no todas ellas están judicializadas y que se han practicado unas dos mil detenciones. Las cifras simplemente actualizan el recuento nuestro de cada día, aunque los pringados de turno preferirían que con semejante material se hiciese, de una vez por todas, borrón y cuenta nueva. Precisamente a quienes depositan sus (fundadas) esperanzas absolutorias en indeseables subterfugios, van dedicadas advertencias como la del director de infoLibre, Jesús Maraña: "Si desde la política alguien cree que se puede tapar la Gürtel con los ERE (o viceversa) o los sobresueldos del PP con el caso Campeón, es que vive en otro planeta. El ventilador no funciona. Se atascó con tanta porquería. No todos son iguales, aunque muchos hagan enormes esfuerzos por parecerse".

14.6.13

Vicios y virtudes

El azote del kirchnerismo, Jorge Lanata, despidió el pasado domingo su popular Periodismo Para Todos de la tele argentina con uno de sus implacables discursos: "La corrupción es como el aire acondicionado. Vos lo escuchás cuando lo ponen. Pero después te acostumbrás al ruido y lo dejás de escuchar. Con el afano es igual, primero te asombra y después te va asombrando cada vez menos y menos y menos y ya todo te parece normal". Quien así se expresa es uno de los escasos periodistas de raza que aún sobreviven al otro lado del corrompido charco, y su exordio adelanta un nuevo sopapo en la jeta de los chorros oficialistas de una nación que los amamanta por centenares. Leo Messi es paisano de Lanata aunque, por los últimos chismes escuchados en el mentidero, está más en la onda de las cuadrillas de manilargos a las que el orondo comunicador pone la cara colorada semana tras semana. Lo ventajoso para el pelotero culé es que echó los dientes en el argentado paraíso de la sisa pero pegó el estirón en la ibérica cuna de la picaresca, un hecho al que, a la vista de los resultados, le ha sacado un sustancioso provecho. Las lenguas de vecindona escupen que el futbolista del Barça le ha birlado a la hacienda española un puñado de millones, y ese parece mérito suficiente para erigirse, por derecho propio, en uno de esos "hipócritas" —denunciados en la prensa por Luis García Montero— que "afirman en público la virtud para esconder en privado sus vicios"; uno de los villanos que los futboleros convierten en héroes con la misma facilidad que la justicia troca en villanos a héroes como el perseguido soplón Hervé Falciani, un desertor del HSBC que maneja un arsenal documental capaz de aniquilar buena parte del fraude fiscal planetario; un polvorín que, por desgracia, no explotará nunca.

12.6.13

Vade retro Soraya

Anda el patio un tanto revuelto por mor de un concejal gallego que ha etiquetado como "chochito de oro" a la señora Sáenz de Santamaría [en adelante SS], y no termina uno de comprender las furibundas reacciones que ha suscitado su fabulador exabrupto. Resumiendo: un edil nacionalista se recrea en el retórico arte de la sinécdoque desde su blog particular, una bitácora entre coñona y chabacana de limitado alcance; merced al mencionado tropo alude a los 40.000 euros que el ministerio de SS tiene presupuestados para "recoñecementos xinecolóxicos"; el improperio escapa al ámbito local, y el populacho español, con el (radical)feminismo al frente, se la coge (una vez más) con papel de fumar y pide la dimisión del (presunto) bocazas; el ministerio de SS aclara el destino de la partida denunciada, para desfacer el entuerto; por último, el rapsoda accede a la petición popular, previa redacción de un sensato pliego de descargo en el que anota: "É curioso que eu teña que dimitir por un erro deste calibre, mentres outros imputados unha, duas ou tres veces seguen no cargo". Sin ir más lejos, el partido (supuestamente) agraviado por la retranca del tal Charlín aún acoge entre sus filas a indeseables como el ínclito León de la Riva, autor de toda una enciclopedia de la grosería que, por desgracia, le ha permitido apoltronarse en la alcaldía vallisoletana durante casi dos décadas. Pero lo sustancial del caso es que la vicepresidenta plenipotenciaria del Gobierno está empezando a caer (demasiado) gorda entre quienes no soportan su insultante omnipresencia, y ya está sufriendo los primeros revolcones. Iñaki Gabilondo la rebautizó el otro día como "Soraya da Vinci" por su irrefrenable acumulación de cargos, y nos parece harto atinado el remoquete, pues nos están intentando colar como polímata gubernamental a quien que no pasa de saber muy poco de todo y nada de mucho, que diría Perroantonio. Así que, 'Vade retro Soraya'.

8.6.13

Empresa Mundial S.A.

A esta hora en que yo me entretengo arrejuntando palabras, en las cercanías de Londres se encuentran reunidos, a gastos pagos, los (putos) amos de mundo: centenar y medio de medradores gerifaltes financieros, dóciles mandamases políticos, avaros mercaderes globalizados, paniaguados comunicadores, domesticados académicos y aristócratas palmeros que, juntos pero no revueltos, conforman el todopoderoso Club Bilderberg, una de esas "siniestras camarillas" que, según Fidel Castro, manejan la humanidad a su antojo. Oficialmente, la conferencia anual que este año se reúne por sexagésimo primera vez es "un foro para discusiones informales off-the-record sobre megatendencias y los principales problemas que enfrenta el mundo", pero aseguran quienes han (mal)gastado su vida investigando tan florida secta —con el conspiranoico pope exsoviético Daniel Estulin a la cabeza— que entre sus miembros se esconden el verdadero rey de reyes y el auténtico jefe de los jefes de Estado; y que su objetivo final es la creación de "un gobierno mundial único, con su propio ejército, moneda y religión" o, dicho en román paladino, "una red global de cárteles gigantes" que vendría a funcionar como Empresa Mundial S.A. Y a lo peor todo eso es cierto; y también lo es que los oligarcas bilderbergianos pertenecen a la masonería y a los Illuminati (con tomati) —según rezan los manuales de la cosa—, pero a mí me gusta imaginármelos echando unas risas entre cañas y tapas mientras alternan partidas de Monopoly y Risk, que son las dos únicas maneras de controlar el mundo que yo conozco. Porque, de ser ciertas las sospechas de que esa plutocracia atlantista pretende imponer un Nuevo Orden Mundial desde la sombra, ¿alguien entendería para qué demonios invitaron en los últimos años a peleles como Almunia, Cospedal, Sorayita o la reina Sofía? ¿Alguien podría explicar qué pinta allí De Guindos este año, aparte de repartir currículos para cuando Rajoy le dé la patada?

4.6.13

Teleindignados

Uno de los más avezados todólogos del afterpop patrio, Raúl Minchinela, sostiene que "la televisión retrata el XXI como el siglo de las pocas luces"; y lo cierto es que basta con abandonarse durante unos minutos al noble arte del zapeo para corroborar que razón no le falta. La (plausible) tele que nos parió ha dejado paso a un oligárquico entramado audiovisual demasiado condescendiente con la rajoyana mayoría silenciosa y… así nos va. Pero no todo está perdido: como acentuaba hace poco David Trueba, "con bastante poco esfuerzo, La Sexta se ha adueñado de un territorio de crítica que las demás cadenas le han entregado sin disputa". El renacentista crítico televisivo se refería, claro, al recalcitrante espíritu de mosca cojonera que se ha adueñado de quienes manejan a su antojo el emporio que Zapatero regaló a Roures y este malvendió a Lara; y la verdad es que se nos antoja incontrovertible defender que los infoshows sextarios conforman ahora mismo, casi en exclusiva, el digno amplificador de la ninguneada voz del pueblo. El Gran Wyoming, mordaz busto parlante de uno de esos críticos artefactos (El Intermedio), lo denunciaba piropeando a Jordi Évole en el quinto cumpleaños de su bienaventurada criatura: "Es una vergüenza que Salvados sea competencia de los grandes medios de comunicación; en realidad, es una vergüenza para el país"; y lo es porque el antiguo 'Follonero' ha finiquitado su undécima temporada erigiéndose en el referente de lo que Libération ha llamado "teleindignados": el Michael Moore del Llobregat se ha transformado en "un Tintín que nunca recula". Lo reconfortante es que su hueco lo ocupa, desde ya, El Objetivo de Ana Pastor, esa españolización del manido fact checking anglosajón que pretende afear las mentiras públicas con datos: una quimera que fracasó en su debut, olvidando que no todo es verdadero o falso; que también existe lo verdadero, pero…

31.5.13

Ni putas ni santas

La maté porque era mía es una mediocre (y peligrosamente frívola) canción de Platero y Tú; y también una ligera (amén de disfrutable) comedia francesa filmada en los noventa por Patrice Leconte; aunque, por encima de todo, "la maté porque era mía" fue, desde antiguo, el grito liberador que escupía el macho ibérico tras pimplarse el penúltimo sol y sombra en la tasca de la esquina, con las manos ensangrentadas por culpa de lo que por entonces se denominaba, derrochando romanticismo, crimen pasional. Pero en esas llegó la modernidad, y con ella la progresía, que se propuso atajar una tragedia tan vieja como la humanidad con políticas de igualdad, o sea, con unos cuartos robados a los presupuestos generales del Estado y mucho autobombo y neolengua —de ahí la maldita violencia de género—. Hasta se llegó a montar un (fugaz) ministerio de la cosa que de poco sirvió, pues en los últimos días las mujeres están cayendo como chinches a manos de unos depredadores a los que aún llamamos hombres y, en lo que va de año, la luctuosa media de bajas femeninas supera el asesinato por semana. Y, aunque a un energúmeno tan corto de entendederas como González Pons le cueste creerlo, la solución no pasa por desbarres tan profundamente machistas como el que ha dirigido a las víctimas: "La confianza que tengan con nosotros, en la sociedad, tiene que ser más grande que el miedo que le tienen al hijo puta [porque la puta para los de su casta siempre es hembra, claro] que las mata". La solución habría que buscarla, más bien, derogando las leyes represoras y desterrando los rancios valores impuestos por nuestros nuevos inquisidores y repartiendo las responsabilidades a la hora de juzgar tan delicada cuestión: porque de señoras respetables están los cementerios llenos, pero santas y mártires cada vez quedan menos.

29.5.13

Un rey sin Fortuna

Sigo con atención la relectura de Kapuscinski que viene publicando en las últimas semanas José Andrés Rojo y, con especial delectación, su comentario de texto sobre El Emperador, la obra en la que el agudo reportero polaco desentrañó los mecanismos del poder manejados por el divino Haile Selassie y su séquito. En el umbral de su reseña, Rojo recopila los apelativos con los que sus cortesanos se dirigían al último emperador de Etiopía: "Nuestra Sacra y Real Majestad, Rey de Reyes, Inigualable Señor, Venerable Soberano, Ilustrísimo y más Extraordinario Señor, Magnánima Majestad, Supremo Bienhechor, Bondadoso Señor, Precavida Majestad". Repaso esos altisonantes conceptos una y otra vez, los comparo con el estilo reverencial de algunas columnas de la prensa (contemporánea) del Movimiento, y maldigo para mis adentros que cuarenta años —con sus correspondientes estragos— y nueve mil kilómetros —con sus inevitables desigualdades socioculturales— no hayan servido para erradicar, del aquí y del ahora, la pleitesía monárquica de unos súbditos emperrados en malgastar sus días como anacrónicos vasallos de un señor feudal en franca retirada. Porque sobre la figura del rey de España podría aplicarse la ilustrativa observación de uno de los confidentes de Kapuscinski acerca de su emperador: "Parece que entre tantos como convivían en palacio solo él había comprendido que ya no era capaz de hacer frente al vendaval que se había levantado". Mientras el populacho echa el rato en los mentideros dando vueltas a una (improbable) abdicación y a una (hipotética) Tercera República, su majestad (de ustedes) comienza a comportarse como un resignado prejubilado, renunciado a su Fortuna como primer paso hacia el abismo. Aunque algunos se resistan a verlo, el más fantasma de los disfuncionales Borbones vaga ya como el terminal Selassie: "Apartado, ensimismado, altivo y distante, permite que los acontecimientos sigan su curso, como si ya estuviera moviéndose en otra dimensión del tiempo y del espacio". O sea.

21.5.13

La (amarga) dolce vita

Refiere la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española que el 'sainete' es una "pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final". Verbigracia: lo de Blesa. Porque el grotesco metisaca carcelario perpetrado por nuestra justicia para con el expresidente de Caja Madrid habría dado mucho de sí en manos de Arniches o los Álvarez Quintero, aunque relatado por los apesebrados cronistas del presente, maldita la gracia. El numerito con pernoctación en el trullo no ha supuesto más que un paréntesis disuasorio estratégicamente escenificado en medio de lo que podríamos intitular, con permiso de Daniel Monzón y su olvidable largometraje homónimo, El robo más grande jamás contado: la película —inconclusa, para nuestra desventura— en la que unos insufribles banksters de andar por casa hicieron saltar la banca española asaltando a los ciudadanos, con la entusiasta connivencia de una kilométrica recua de paniaguados secundarios de la política y el sindicalismo; los mismos que ahora, perpetuando esa lógica perversa que impera en las cadenas de favores estratosféricas, se las componen como buenamente pueden para evitar ser ajusticiados. El caso es que Miguel Blesa fue durante algún tiempo el insoslayable farallón del rocoso gremio que implantó en España la dolce vita. Sus amistades peligrosas lo arrastraron al magnético microcosmos del money, money —fue compañero de pupitre de Aznar—, pero esas mismas malas compañías han terminado vedando su plácido retiro. Sus préstamos a espuertas y su querencia por la mamandurria están siendo escudriñados y ya le han costado un disgusto más dos millones y medio de fianza. Con todo, se nos antoja poco castigo para uno de los estrellones del desfalco nacional, cuyas tropelías nos salen, de momento, a cuarenta mil millones del ala. Sirva, al menos, como apercibimiento para sus pringados colegas, que son ciento y la madre.

19.5.13

Otro ladrillo en el muro

Al ministro Wert dan ganas de reventarle sus desamparados oídos (sordos) a base de decibelios pinkfloydianos ("We don't need no education / We don't need no thought control / No dark sarcasm in the classroom / Teachers leave them kids alone"), porque él solito se basta y se sobra para pasar de ser otro ladrillo en el muro a convertirse en el muro todo; un muro contra el que se dan de bruces, una y otra vez, los cabales argumentos de quienes se oponen a su beatífica Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, que vienen a ser (casi) todos los implicados en el paripé educacional: profesores, padres y alumnos. Lo advirtió el gran Pedro Simón ("La escuela no es inocente en la debacle adulta: los críos llegan con unas maravillosas prestaciones de serie a la puerta del colegio, pero hay toda una termomix —educar es reprimir— pensada para mixturarlos") y lo ha refrendado Emilio Lledó ("El ser humano es lo que la educación hace de él"). Sabedores de ello, los endocrinos gubernamentales han embocado en el aparato parlamentario una reforma legislativa que no hay quien se la trague pero que, si nada lo remedia, verá la luz transformada en excremento —hecha una mierda, vamos— tras una pesada digestión que culminará dentro de tantos meses como sean necesarios para que olvidemos su acidez primigenia. Entre ideólogos FAEScistas y rancios obispos han cocinado un vomitivo puchero que adoctrinará como borregos nacionalcatólicos a unas criaturas que no se sienten descendientes de su adorado Cordero de Dios. La mayoría absoluta pepera continúa, pues, arrollando, como aquella otra que denunciaba Gil de Biedma en Años triunfales: "Media España ocupaba España entera / con la vulgaridad, con el desprecio / total de que es capaz, frente al vencido, / un intratable pueblo de cabreros".

15.5.13

El principio del fin del 'acostumbramiento'

La rebelión de las masas (auto)etiquetada como 15-M comenzó a tomar forma cuando los avaros apóstoles del capitalismo arrancaron a predicar la desaparición del estado del bienestar y los inquisidores civiles hicieron suyo el retrógrado evangelio austericida, aunando esfuerzos para aniquilar los derechos adquiridos por la ciudadanía durante décadas, o sea, cuando la indignación posmoderna resucitó el frustrado lamento de nuestro particular príncipe destronado, Segismundo: "Pues aunque el dar la acción es / más noble y más singular, / es mayor bajeza el dar / para quitarlo después". La insaciable voracidad de los (putos) amos del cotarro arrebató al pueblo lo que era suyo y, con ese incorregible gesto, despertó al "compuesto de hombre y fiera" que, desde que Calderón alumbrara La vida es sueño, sabemos que somos. El maltrecho gentío tomó entonces las calles —que eran lo único que le iba quedando— y, entre hiperbólicas descalificaciones ("Hatajo de mastuerzos" llamó Fernando Savater a los indignados correligionarios de su hijo Amador) y ditirambos a tutiplén, consiguió asentar los cimientos de un renovado sistema cuyo andamiaje aún está por definir dos años más tarde. Como advirtió Baudrillard, ya no hay ideologías, sino solo simulacros, y consecuentemente los sondeos retratan un país que no deja lugar a la duda: más de la mitad del electorado se resiste a seguir bailando el agua a los partidos tradicionales y, menos aún, a sus pervertidos cabecillas. Existe una evidente resistencia a lo que Juan Gelman ha definido como "acostumbramiento" y ya va siendo hora de transformar ese cabreo ciudadano "en todas direcciones" (por decirlo en términos lucasianos), compuesto de angustia, asco y desengaño, en algo sólido que meternos para el cuerpo. Porque sabemos por William Blake que debemos crear un sistema o ser esclavos del de otro hombre; y no veo yo demasiada vocación esclava a mi alrededor.

13.5.13

La moda europea

El hawaiano Robert Kiyosaki, uno de esos charlatanes posmodernos que se han hecho mundialmente famosos publicando perogrulladas, lo tiene escrito en alguna parte: "A veces se gana y otras se aprende"; y al Real Madrid ayer le tocó aprender. El entrenador que finalmente le arrebató la Euroliga de baloncesto, Georgios Bartzokas, había advertido en la víspera: "Nos mediremos al número uno de la historia del baloncesto"; y esa falsa modestia tenía toda la pinta de una lección magistral que su adversario debería memorizar para no volver a caer en la trampa. El mejor conjunto europeo del momento (Olympiacos), que amontona en su zurrón tres finales y dos títulos cosechados en los últimos cuatro años, se enfrentaba al más laureado del continente, que exhibe orgulloso (pero ridículamente nostálgico) ocho copas de Europa en sus vitrinas, aunque esos datos previos no dibujaban más que un espejismo: de la última final continental que ganaron los blancos hace ya dieciocho años; y de la penúltima, treinta y tres: demasiado tiempo, tratándose de asuntos deportivos. Y este cuento, sumado al que concluyó trágicamente hace diez días sobre los céspedes del Bernabéu y del Camp Nou, arroja una ingrata moraleja: lo que se lleva esta temporada en el viejo continente es darle para el pelo a los clubes españoles: tanto da que hablemos de fútbol, donde la madrastra de Europa (Alemania) nos barrió de la antesala de la gloria, como que nos ocupemos del baloncesto, donde ha sido la cenicienta de la Unión (Grecia) la que nos ha birlado el final feliz. Así las cosas, el lector sabrá perdonarme que aquí no quede hueco para la épica germana ni para la mitología helena: la epopeya por nuestras glorias deportivas tendrá que esperar hasta mejor ocasión. Pero ya me jode no poder cantar ningún alivio para este deprimido país. Ya me jode.

11.5.13

Sic transit Gloria Swanson

La anécdota la cuenta el propio Landa en sus memorias, Alfredo el Grande, vertidas contra sus colegas por persona interpuesta (el gran Marcos Ordóñez), y sirve para ilustrar la falta de respeto que imperaba cuando entonces hacia uno de nuestros cómicos más populares: en cierta ocasión, el relamido director teatral y (presunto) intelectual progre José Carlos Plaza le calzó al actor pamplonica una envenenada pregunta retórica que llevaba adosados los prejuicios de un país entero: "¿Sabes que no lo haces nada mal?"; cuestión a la que el (supuesto) agraviado respondió con hiriente suficiencia: "¿Y tú te has fijado en quién va primero en los títulos de crédito? Pues por eso. Porque lo hago bien". Claro que semejante respuesta solo podía permitírsela un intérprete que ha pasado a la historia del cine español dejando como legado toda una corriente fílmica —que los cronistas más generosos elevan a categoría de género— bautizada en su honor como 'Landismo': una olvidable (pero insoslayable) colección de películas que retratan, según ha sintetizado con agudeza Carlos Boyero, "las aventuras y desventuras, el hambre de sexo y de afirmación, los traumas y los anhelos de aquel señor bajito e histriónico, gesticulante y verborreico, peleón y gimoteante, paleto y excesivo, voyeur y patético, caricaturesco y compadecible, que Landa transformó en un símbolo". El propio protagonista lo reconocía en las citadas memorias: "Mucha porquería he hecho yo"; y es rigurosamente cierto que le faltaron guiones aunque le sobrara trabajo. Pero al ibérico cateto que enloquecía a las suecas le llegó a tiempo su castizo y bardemiano On the road, y con él cambió el estado de la cuestión: pronto alcanzó al reconocimiento de la industria en Cannes y, algo más tarde, el de sus académicos paisanos. Ahora, el cascarrabias protagonista de "una vida cojonuda" se ha marchado certificando que no somos nadie: como diría el mitómano amateur Miguel Cane: "Sic transit Gloria Swanson".

9.5.13

Las damas, primero

En España, la mujer del César no quiere serlo ni parecerlo, salvo cuando se trata de achicharrar la Visa oro de su contrario. Por estos pagos, las señoras de Tal se dividen entre las que no se enteran de los mamoneos de sus santos varones y las que no quieren enterarse, principalmente cuando la justicia se pone pesada y les levanta el refajo por ver lo que esconden entre sus pomposas enaguas. La esposa protohispánica viene a ser la encarnación pluscuamperfecta del primer mandamiento neoliberal: privatiza los beneficios domésticos al tiempo que socializa las pérdidas, mayormente cuando acuden en forma de injerencia legal. A esta clase de hembra, de dudoso pedigrí, igual le da la igualdad que la madre que la trajo al mundo: se basta y se sobra para echar por tierra la pila de años en la que los ejemplares más admirables de su sexo se dejaron el pellejo luchando por esa utopía que nos pinta a todos iguales, reverdeciendo por puro egoísmo el ajado machismo carpetovetónico de una sociedad a la que aún le puede la querencia. Se diría, observando su comportamiento desde la barrera, que esa manada de fulanas preferiría seguir, para según qué cosas, en casa y con la pata quebrada, como mandaba la doctrina de la Sección Femenina, pues se autorretratan como mujeres florero a las que les brotan los Jaguars en el garaje como a mí la mala yerba en el jardín; como voces copleras ahogadas por las bolsas de basura malaya; como despistadas de alta alcurnia consortes de arribistas trincones… Pero sabemos que mienten: porque los juzgados están abarrotados de papeles que evidencian que están de mierda hasta las cejas. Lo que ocurre es que, cuando se trata de burlar a la justicia, aquí sigue funcionando la rancia cortesía caballeresca: las damas, primero.

3.5.13

Aquí no hay quien viva

"El fútbol es —según asentó Vázquez Montalbán— la religión diseñada en el siglo XX más extendida del planeta"; y en pleno siglo XXI sigue siendo, mal que le pese a los marxistas más rancios, el verdadero opio del pueblo, cuyo principal efecto secundario, la hornbyana fiebre en las gradas, se ha impuesto como la única pandemia incurable de la actualidad. Conviene administrar estas certidumbres, de entrada, pues solo tras su dosificada ingesta se puede digerir una jornada como la de ayer, en la que la batalla entre los apocalípticos y los integrados de las huestes balompédicas estuvo más reñida que nunca. La sensacionalista prensa recreativa continuó comportándose como si no existiera el mañana y se entregó rendida a los encantos del maximalismo: la tunda germana en las semis de la championslíg ha dejado al aire las vergüenzas del fútbol español y ahora toca rasgarse las vestiduras para llorar el fin de ciclo de nuestras glorias deportivas, el Barça y el Madrid. Pero ni el (auto)engañoso uso preventivo del miedo escénico y los minuti molto longo ni el ventajista abuso posterior del apotegma linekeriano ("El fútbol es ese deporte en el que juegan once contra once y al final ganan los alemanes") marcan goles. El balompié patrio vive desde hace años en una burbuja ruinosamente gestionada —deudas milmillonarias y sueldos disparatados— que está a punto de estallar y que se llevará consigo nuestros aires de grandeza; pero, mientras miramos para otro lado, la eficacia probada europea —el lema del Bayern es "Mia san mia": nosotros somos nosotros; sin aditivos ni colorantes— nos las da todas en el mismo lado. Cuando pase la lacerante resaca de la derrota, caeremos en la cuenta de que no tenemos cantera ni pasta para fichajes, y entonces el país se echará a la calle de una puñetera vez: porque sin comer podemos ir tirando, pero sin furbo aquí no hay quien viva.

27.4.13

El récord de la vergüenza

David Trueba ha reconocido, negro sobre blanco, que "encontrarle un lado positivo a la cifra de parados española es como apreciar lo hermoso del amanecer el día de tu fusilamiento", pero el renacentista opinador no ha caído en la cuenta de que el partido que nos (des)gobierna es capaz de eso y de mucho más, pues parece ser que desde las alturas genovesas —a las que no he tenido el (dis)gusto de ascender nunca para comprobarlo— se contempla la realidad tamizada por un espíritu bucólico sin parangón en la historia de la humanidad. Para muestra, tres botones entresacados de las reacciones a lo que El Mundo ha titulado en primera "El récord de la vergüenza": 6.202.700 parados: 1) el secretario de Estado de Empelo, de cuyo nombre no quiero acordarme, balbuce que se está "invirtiendo la senda" y que la tasa de destrucción de empleo "se está atemperando"; 2) el correveidile extremeño de apellido compuesto, Floriano, suplica "que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias"; y 3) el torrentiano Martínez Pujalte mienta a Zapatero y le da otro revolcón a la sobada herencia recibida, achacando los males presentes a las decisiones tomadas "hace unos cuantos años", cuando "empezaba la crisis". Tres esperpénticas demostraciones de cómo despachan los cráneos privilegiados del PP el dramón de un pueblo que comienza a comerse los mocos; aún más grotescas tras ser corregidas al día siguiente por un Gobierno que ya admite sin ambages que será incapaz de crear empleo durante su legislatura. "Cuando gobierne bajará el paro", dijo un Rajoy que se las prometía muy felices mientras holgazaneaba en la oposición. Y en esas estamos, confiando en que cumpla su promesa… esperando que gobierne.

25.4.13

Medias verdades

Se cachondea Toni Garrido de la economía denunciando con la solemnidad que le caracteriza que "es la única disciplina que permite que distintos expertos lleguen a conclusiones totalmente diferentes utilizando los mismos datos"; y no podía haber elegido una coyuntura más favorable para meter el dedo en esa llaga: porque estamos en la semana en la que ha caído hasta mínimos históricos la cotización de la Excel(encia) financiera, esa maldita hoja de cálculo virtual —alumbrada por los alumnos más aventajados de Bill Gates— sobre cuyos desarreglos funcionales asentaron Reinhart y Rogoff las teorías austericidas que han servido como hoja de ruta a aquellos mandamases que vinieron al mundo con tijeras en lugar de manos. Aunque de poco ha servido la revelación del garrafal error de procedimiento de los cerebritos yanquis, porque los recortadores vocacionales siguen a lo suyo, con o sin aval académico. Así que, en vez de ciscarnos en el papá de Microsoft, nos vemos obligados a descargar una vez más sobre la puñetera madre de quienes se han propuesto hundirnos en la miseria. Con todo, aún quedan almas cándidas que defienden que los datos se han convertido "en el nuevo ADN de la información"; una afirmación difícil de sostener en este tremedal en el que estamos hartos de escuchar de boca de los banksters que el papel lo aguanta todo, o sea, que los datos no son más que medias verdades huérfanas de significado sin sus hermanas mellizas, las interpretaciones. Materia, esta, en la que están doctorados los trileros más baqueteados de nuestro (des)Gobierno (Rajoy, Montoro y De Guindos), que de nuevo se han confabulado para engatusarnos con el engañabobos de la prima de riesgo. Pero basta poner los pies en la calle y cruzarse cara a cara con la pobreza para mandar a tomar por saco a la susodicha prima… con toda su parentela.

23.4.13

Desvergüenza popular

En el arranque de 'What can I do', un añejo single del polifacético rapero Ice Cube, se oye el lamento de una fatalista voz en off: "En cualquier país, la cárcel es el lugar al que la sociedad envía a sus fracasos. Pero en este país es la sociedad misma la que está fracasando"; una queja que bien podría servirnos, aquí y ahora, para ejemplificar la vergonzante realidad de esta hipercrítica España del presente. Porque un Estado que tolera que sus saqueadores públicos sigan haciendo vida normal, ha de encontrarse forzosamente parasitado por una sociedad fracasada que no puede —pero tampoco quiere— poner fin a sus desgracias colectivas. Llevamos décadas dejando nuestro castigo sin venganza, cual trágicos personajes de Lope, y esa falta de cultura democrática nos está pasando una carísima factura. Ayer mismo supimos que, gracias a nuestros donativos, el Partido Popular amamantó cuando era cachorro a su dóberman asturiano con (sobre)soldadas, cuyos montos he recalculado en pesetas para que el encabronamiento sea mayor: cuando el salario mínimo interprofesional de los jornaleros ibéricos rondaba unas míseras sesenta mil cucas —hará cosa de veinte años—, el feroz Álvarez-Cascos nos chupaba cada mes algo más de dos millones, a tocateja y ensobrados. Sumo y sigo: los papeles airean que la costumbre del complemento en concepto de gastos de representación estaba muy extendida en esa época, y que los principales (sobre)cogedores eran el inefable Aznar y su camarilla (pre)gubernamental, que aún hoy sigue aferrada a varias carteras ministeriales. Vuelvo a sumar, y sigo: se filtran los (escasos) datos disponibles de las empresas tapadera con las que el PP lavó más blanco que sus adversarios durante años. Dejo de sumar. Mientras tanto, los impunes (presuntos) implicados dan diarias lecciones de moral ante las que parece obligado acordarse de Cleóbulo, el sabio moderado: "Ojalá yo viviera en un Estado donde los ciudadanos temieran menos las leyes que la vergüenza". Pero aquí, ni eso.

21.4.13

Bombas dialécticas

Hay que ser borrico (o muy hijo de las dos Españas) para dejarse seducir por los cantos de la ignominia y acusar a Eduardo Madina de simpatizar "más con lo que representa ETA que con lo que representa el Partido Popular" pero, por increíble que parezca, esa fue la culebra que escupió la otra mañana Bieito Rubido Ramonde a los micrófonos de la COPE, en medio de una audiencia enardecida ante el indecente arrimón. El aliterado director de ABC hizo buena la denuncia de García Márquez acerca del frenético ritmo del periodismo actual ("Los periodistas no tienen tiempo para leer, ni siquiera de leer el periódico"); porque solo acudiendo a esa tara profesional se podría excusar la osadía de observar connivencia con el terrorismo en un político al que ETA dejó cojo y zambo al segarle media pierna por el método de la bomba lapa. Otra cosa es que la andanada no responda a la necedad sino al canguelo derechón provocado por la postulación exógena y oficiosa de Madina como futuro inmediato del PSOE. Lo que pasa es que para remedar la táctica que Arrigo Sacchi elevó a cotas artísticas en el Milan ("Defender es atacar el ataque del contrario") no hace falta lanzarse al tobillo rival, sino todo lo contrario: esgrimir y hacer valer las habilidades propias; salvo que se carezca de ellas, claro. En cualquier caso, el energúmeno que está dejando al vetusto diario monárquico a la altura de una hoja parroquial debería saber que con exabruptos y argumentos caducados ("Conozco bien el tamaño de mi partido, la grandeza del PSOE y me conozco a mí mismo y conozco mi tamaño. Sé que mi volumen no puede dirigir el volumen del primer partido de este país", confesó Madina hace quince meses) no va a aniquilar a alguien que los terroristas intentaron matar hace once años y sin embargo hicieron más fuerte.

19.4.13

Armas (domésticas) de destrucción masiva

Ahora ya sabemos lo que cuesta hacer saltar por los aires la nunca bien ponderada Marca España, al menos en los Estados Unidos de América: unos 140 dólares. Para causar tal estropicio basta con aliñar un surtido de baratijas metálicas, ahogarlo en una olla a presión y calentarlo a fuego vivo; entonces, solo queda esperar hasta que el bum dé el chivatazo de que el contundente puchero de metralla está en su punto. Con esta sencilla receta, preparada en una de las cincuenta mil marmitas que Fagor cuela cada año a los yanquis, algún desalmado perpetró una escabechina en Boston el pasado lunes, resucitando la paranoia colectiva de un país que vive en psicosis permanente y arañando, de refilón, los intereses comerciales de nuestro patriótico Gobierno; y, gracias a esa voladura incontrolada, hemos descubierto, de paso, que las armas de destrucción masiva que amenazan la estabilidad occidental no se encuentran solo en el Oriente más o menos próximo, como nos contó el embustero trío de las Azores, sino en cualquier rincón del mundo —esta vez, en un taller industrial vasco—. Ha bastado una vulgar pieza de menaje para acongojar a los Filípides del siglo XXI, que regresaban desde la legendaria Maratón hasta la oficiosa capital de Nueva Inglaterra para cantar una victoria que se tornó en tragedia. Lo que los atletas hallaron al alcanzar la meta fue un apocalipsis hemoglobínico, una aterradora casquería humana provocada por dos petardazos que han metido de nuevo el miedo en el cuerpo al país más aprensivo del planeta; algo a lo que han contribuido los envenenados sobres destinados al presidente Obama y al Senado y la devastadora explosión de una planta de fertilizantes texana, cuyo saldo mortal aún no está cerrado. Ahora, en Norteamérica ya saben que las ollas españolas las carga el diablo; y que el terror no tiene sexo, ni raza, ni credo.

17.4.13

El capital erótico

Cuando la concejala yebenera se desenlazó de la collera de yeguas que trotan por la política provinciana para cabalgar sobre sí misma como regalo audiovisual para un amante furtivo, las cercas del porvenir se le cerraron para siempre. La lozana manchega cometió el pecado de registrar sus alardes digitales en vídeo y la propagación viral del deleite se convirtió en su penitencia: la dictadura del populacho la sentenció a escarnio perpetuo al tiempo que el postureo progresista sacaba la cara por ella; pero el daño ya estaba hecho. Asqueada de las lenguas de vecindona, clavó el punto final a su currículo político y se dispuso a gestionar con provecho lo que Catherine Hakim ha llamado el "capital erótico". Su primer paso fue alistarse en el pelotón de seudofamosos a quienes les ha dado por tirarse a la piscina televisiva previo pago de su importe pero, mientras los otros le echaban arrestos al asunto para encaramarse a la plataforma y darse de barrigazos, la ínclita Hormigos escalaba a bombo y platillo hasta el trampolín de la fama, desde donde se ha lanzado esta semana dibujando un salto mortal de necesidad y perdiendo el bañador por el camino. Porque el último hito en el fugaz discurrir de la exedila toledana por el estrellato ha sido el despelote en la fachada del Interviú, donde se ha lucido enfundada en unas bragas de mercadillo con la esperanza de erigirse en la musa cutre del hedonismo patrio. A la casada infiel le han llegado los ecos de la transparencia política y los ha encarado por la vía de la literalidad, autoproclamándose como la posmoderna libertad guiando al pueblo, que para su desgracia no tendrá un Delacroix que la inmortalice. Quedará, en cambio, empapelada como el barato pasatiempo de la España verderona, antes de honrar definitivamente al estigma que arrastra desde la pila bautismal: el Olvido.