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26.6.13

Sin educancia

En los últimos días va quedando meridianamente claro que el pueblo soberano se ha tomado la definición de 'voto' que ofrece Perroantonio en su Diccionario para entender a los humanos al pie de la letra. Bien asimilada, esa "transferencia de la propia responsabilidad a otros a cambio de insultos" viene a representar la (verdadera) esencia de la democracia —quid pro quo, que diría un latino arcaico emperifollando el gráfico ojo por ojo del talión—; y es por ello que, cada vez que mea fuera del tiesto, a nuestro indigesto ministro de Educación, Cultura y Deporte le llueve una nutrida antología del tocho milenario que amenaza con echar abajo mis desvencijados anaqueles: El gran libro de los insultos, indispensable vocabulario arrojadizo recopilado por el profesor Pancracio Celdrán. Hasta donde alcanzan mis radares, he detectado que, en unos pocos días, al petulante Wert le han pitado los oídos en canchas deportivas, regios teatros y (j)aulas académicas: un pleno de invectivas y denuestos que abochornaría a cualquier españolito de a pie pero que al morlaco elegido por los mayorales genoveses para crecerse en el castigo le resbala. A estas alturas de la faena, el felón que viró de la Izquierda Democrática a la derecha mesocrática en busca de mamandurrias ha pasado de ser un paria a convertirse en un apestado dentro de su propio partido, donde ya no le quedan palmeros. El valido peor valorado de nuestra inmadura democracia se ha propuesto imponer una abusiva meritocracia educativa que amenaza con dejar sin estudios a medio país por falta de becas, olvidando que, según su elitista baremo, ni Aznar hubiera llegado a presidente ni él a ministro sin educancia. Resulta paradójico que un pilarista de currículo ejemplar haya involucionado para terminar como un administrador muy deficiente, pero lo más duro es que, si nada lo remedia, tendremos que soportarlo hasta la próxima reválida.

12.6.13

Vade retro Soraya

Anda el patio un tanto revuelto por mor de un concejal gallego que ha etiquetado como "chochito de oro" a la señora Sáenz de Santamaría [en adelante SS], y no termina uno de comprender las furibundas reacciones que ha suscitado su fabulador exabrupto. Resumiendo: un edil nacionalista se recrea en el retórico arte de la sinécdoque desde su blog particular, una bitácora entre coñona y chabacana de limitado alcance; merced al mencionado tropo alude a los 40.000 euros que el ministerio de SS tiene presupuestados para "recoñecementos xinecolóxicos"; el improperio escapa al ámbito local, y el populacho español, con el (radical)feminismo al frente, se la coge (una vez más) con papel de fumar y pide la dimisión del (presunto) bocazas; el ministerio de SS aclara el destino de la partida denunciada, para desfacer el entuerto; por último, el rapsoda accede a la petición popular, previa redacción de un sensato pliego de descargo en el que anota: "É curioso que eu teña que dimitir por un erro deste calibre, mentres outros imputados unha, duas ou tres veces seguen no cargo". Sin ir más lejos, el partido (supuestamente) agraviado por la retranca del tal Charlín aún acoge entre sus filas a indeseables como el ínclito León de la Riva, autor de toda una enciclopedia de la grosería que, por desgracia, le ha permitido apoltronarse en la alcaldía vallisoletana durante casi dos décadas. Pero lo sustancial del caso es que la vicepresidenta plenipotenciaria del Gobierno está empezando a caer (demasiado) gorda entre quienes no soportan su insultante omnipresencia, y ya está sufriendo los primeros revolcones. Iñaki Gabilondo la rebautizó el otro día como "Soraya da Vinci" por su irrefrenable acumulación de cargos, y nos parece harto atinado el remoquete, pues nos están intentando colar como polímata gubernamental a quien que no pasa de saber muy poco de todo y nada de mucho, que diría Perroantonio. Así que, 'Vade retro Soraya'.

20.2.13

Marhuenda y los razonianos

Para la secta de los razonianos, como para Wittgenstein, los límites de su lenguaje son los límites de su mundo; y en ese reducto subsisten sus fieles mientras todo se desmorona a su alrededor. Lo que no aparece en su biblia particular —el (presunto) diario La Razón—, no existe, de manera que los (cada vez más escasos) lectores del panfleto planetario solo contemplan las corruptelas cotidianas como incorregibles vicios de los demás, pues ojean el único periódico español que, durante el pasado mes de enero, dedicó menos piezas a la corrupción en el PP que a la de otros partidos (11 vs. 34). La formidable hazaña hay que anotarla en la hoja de servicios del gurú Marhuenda, un estomagante todólogo que campea a sus anchas por el lodazal mediático gracias al poder omnímodo del grupo que le amamanta y a sus servidumbres políticas. Desde sus púlpitos de ocasión, este mediocre juntaletras, que fue mano derecha de Rajoy antes de transmutarse definitivamente en la voz de su amo, imparte su viciada y decadente doctrina. Sostiene el doctor Perroantonio que la ideología es una tumoración cerebral que "restringe el campo de visión, tuerce la perspectiva y causa aberración óptica y cromática", y añade que, "en los casos más graves, el individuo afectado pierde sensibilidad general y tiende al autismo y a embestir a otros congéneres con la testuz". Al ínclito Marhuenda, su ideología —un postureo derechón más partidista que ideológico— ya le ha arrastrado a temerarios arrebatos, como (des)calificar a Intereconomía de "grupo infecto de ultraderecha". El filósofo Marina anda preocupado —y nosotros con él— por la "corrupción de baja intensidad", esa intoxicación social que permite "comportamientos indecentes, vergonzosos, deshonestos, que no son delito"; la misma que preconiza ese periodismo troglodita envalentonado por la impunidad para con su inmoralidad (des)informativa, que convive en plácida armonía con la otra, la "corrupción delictiva".

3.1.13

Con Franco se vivía mejor

Los monclovitas interinos deberían darse un garbeo, de cuando en cuando, por el blog del momento: un "diccionario para entender a los humanos" que va anotando diariamente el poeta Josean Blanco bajo el alias de su más rabiosa encarnación, Perroantonio. En uno de sus irónicos bocados he hallado una (muy) seria definición de España: "Nación de nacioncitas unida a África por el Estrecho de Gibraltar y separada de Europa por los Pirineos, la Revolución Industrial y la Ilustración". El mendaz Rajoy y el leguleyo Gallardón deberían aprendérsela de memoria, ahora que han decidido que lo que nos une es lo que nos separa y parecen haberse propuesto perseguir de oficio a los ciudadanos que, de buena fe, socorran a los sin papeles. Cuando creíamos haber descubierto (casi) todas las vergüenzas del Gobierno derechón, nos sobresalta comprobar que en sus miembros más retrógrados resucita el virus de la xenofobia, que anidó en sus entrañas en tiempos de Maricastaña y allí se hizo fuerte. Denuncia la plataforma ciudadana Salvemos la Hospitalidad que, según el nuevo artículo 318 bis del anteproyecto de reforma del Código Penal que acaban de presentar las hordas genovesas, "las personas o instituciones que apoyen, ayuden o acojan en sus domicilios de forma altruista a las personas extranjeras en situación irregular que transiten por España serán consideradas criminales: detenidas, juzgadas y, en su caso, condenadas a hasta dos años de cárcel". Será por eso que el más popular de los racistas populares, el alcalde badalonés García Albiol, se ha bajado al moro ataviado con túnica y turbante: para llevar la buena nueva a la tierra de los infieles y pedirles que permanezcan al otro lado del Estrecho; para advertirles que no merece la pena cruzar el mare nostrum para descubrir que, en España, con Franco se vivía mejor.