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18.6.13

Santo y seña

Aún tengo fresco en la memoria el recuerdo de Crematorio, una insoslayable miniserie televisiva nacida para prestigiar las creaciones domésticas, basada, a su vez, en una punzante novela de Rafael Chirbes que acaba de ser aupada a los altares de la narrativa hispana por una solvente encuesta periodística. Tanto en la una como en la otra se da cuenta, alternando la lija y la seda, del auge y caída del imperio español de la corrupción, el indecoroso tinglado que en unos pocos años llegó a convertirse en santo y seña de un mundanal que, como consecuencia de ello, produce hoy entre los pusilánimes una indescriptible mezcolanza de vergüenza y asco. Crematorio clava su inmisericorde puya en el corazón de la corrupción urbanística, una bastarda subespecie que encontró su feraz caldo de cultivo a orillas del Mare Nostrum; y un reportaje publicado ahora por El País certifica que el ochenta y ocho por ciento de tanta podredumbre tiene concomitancias con el suelo. Haciendo acopio de los últimos datos sobre la materia, el periódico global en español calcula que, en trece años, se han descubierto alrededor de ochocientas corruptelas en nuestro país, que no todas ellas están judicializadas y que se han practicado unas dos mil detenciones. Las cifras simplemente actualizan el recuento nuestro de cada día, aunque los pringados de turno preferirían que con semejante material se hiciese, de una vez por todas, borrón y cuenta nueva. Precisamente a quienes depositan sus (fundadas) esperanzas absolutorias en indeseables subterfugios, van dedicadas advertencias como la del director de infoLibre, Jesús Maraña: "Si desde la política alguien cree que se puede tapar la Gürtel con los ERE (o viceversa) o los sobresueldos del PP con el caso Campeón, es que vive en otro planeta. El ventilador no funciona. Se atascó con tanta porquería. No todos son iguales, aunque muchos hagan enormes esfuerzos por parecerse".

14.6.13

Vicios y virtudes

El azote del kirchnerismo, Jorge Lanata, despidió el pasado domingo su popular Periodismo Para Todos de la tele argentina con uno de sus implacables discursos: "La corrupción es como el aire acondicionado. Vos lo escuchás cuando lo ponen. Pero después te acostumbrás al ruido y lo dejás de escuchar. Con el afano es igual, primero te asombra y después te va asombrando cada vez menos y menos y menos y ya todo te parece normal". Quien así se expresa es uno de los escasos periodistas de raza que aún sobreviven al otro lado del corrompido charco, y su exordio adelanta un nuevo sopapo en la jeta de los chorros oficialistas de una nación que los amamanta por centenares. Leo Messi es paisano de Lanata aunque, por los últimos chismes escuchados en el mentidero, está más en la onda de las cuadrillas de manilargos a las que el orondo comunicador pone la cara colorada semana tras semana. Lo ventajoso para el pelotero culé es que echó los dientes en el argentado paraíso de la sisa pero pegó el estirón en la ibérica cuna de la picaresca, un hecho al que, a la vista de los resultados, le ha sacado un sustancioso provecho. Las lenguas de vecindona escupen que el futbolista del Barça le ha birlado a la hacienda española un puñado de millones, y ese parece mérito suficiente para erigirse, por derecho propio, en uno de esos "hipócritas" —denunciados en la prensa por Luis García Montero— que "afirman en público la virtud para esconder en privado sus vicios"; uno de los villanos que los futboleros convierten en héroes con la misma facilidad que la justicia troca en villanos a héroes como el perseguido soplón Hervé Falciani, un desertor del HSBC que maneja un arsenal documental capaz de aniquilar buena parte del fraude fiscal planetario; un polvorín que, por desgracia, no explotará nunca.

31.5.13

Ni putas ni santas

La maté porque era mía es una mediocre (y peligrosamente frívola) canción de Platero y Tú; y también una ligera (amén de disfrutable) comedia francesa filmada en los noventa por Patrice Leconte; aunque, por encima de todo, "la maté porque era mía" fue, desde antiguo, el grito liberador que escupía el macho ibérico tras pimplarse el penúltimo sol y sombra en la tasca de la esquina, con las manos ensangrentadas por culpa de lo que por entonces se denominaba, derrochando romanticismo, crimen pasional. Pero en esas llegó la modernidad, y con ella la progresía, que se propuso atajar una tragedia tan vieja como la humanidad con políticas de igualdad, o sea, con unos cuartos robados a los presupuestos generales del Estado y mucho autobombo y neolengua —de ahí la maldita violencia de género—. Hasta se llegó a montar un (fugaz) ministerio de la cosa que de poco sirvió, pues en los últimos días las mujeres están cayendo como chinches a manos de unos depredadores a los que aún llamamos hombres y, en lo que va de año, la luctuosa media de bajas femeninas supera el asesinato por semana. Y, aunque a un energúmeno tan corto de entendederas como González Pons le cueste creerlo, la solución no pasa por desbarres tan profundamente machistas como el que ha dirigido a las víctimas: "La confianza que tengan con nosotros, en la sociedad, tiene que ser más grande que el miedo que le tienen al hijo puta [porque la puta para los de su casta siempre es hembra, claro] que las mata". La solución habría que buscarla, más bien, derogando las leyes represoras y desterrando los rancios valores impuestos por nuestros nuevos inquisidores y repartiendo las responsabilidades a la hora de juzgar tan delicada cuestión: porque de señoras respetables están los cementerios llenos, pero santas y mártires cada vez quedan menos.

21.5.13

La (amarga) dolce vita

Refiere la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española que el 'sainete' es una "pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final". Verbigracia: lo de Blesa. Porque el grotesco metisaca carcelario perpetrado por nuestra justicia para con el expresidente de Caja Madrid habría dado mucho de sí en manos de Arniches o los Álvarez Quintero, aunque relatado por los apesebrados cronistas del presente, maldita la gracia. El numerito con pernoctación en el trullo no ha supuesto más que un paréntesis disuasorio estratégicamente escenificado en medio de lo que podríamos intitular, con permiso de Daniel Monzón y su olvidable largometraje homónimo, El robo más grande jamás contado: la película —inconclusa, para nuestra desventura— en la que unos insufribles banksters de andar por casa hicieron saltar la banca española asaltando a los ciudadanos, con la entusiasta connivencia de una kilométrica recua de paniaguados secundarios de la política y el sindicalismo; los mismos que ahora, perpetuando esa lógica perversa que impera en las cadenas de favores estratosféricas, se las componen como buenamente pueden para evitar ser ajusticiados. El caso es que Miguel Blesa fue durante algún tiempo el insoslayable farallón del rocoso gremio que implantó en España la dolce vita. Sus amistades peligrosas lo arrastraron al magnético microcosmos del money, money —fue compañero de pupitre de Aznar—, pero esas mismas malas compañías han terminado vedando su plácido retiro. Sus préstamos a espuertas y su querencia por la mamandurria están siendo escudriñados y ya le han costado un disgusto más dos millones y medio de fianza. Con todo, se nos antoja poco castigo para uno de los estrellones del desfalco nacional, cuyas tropelías nos salen, de momento, a cuarenta mil millones del ala. Sirva, al menos, como apercibimiento para sus pringados colegas, que son ciento y la madre.

9.5.13

Las damas, primero

En España, la mujer del César no quiere serlo ni parecerlo, salvo cuando se trata de achicharrar la Visa oro de su contrario. Por estos pagos, las señoras de Tal se dividen entre las que no se enteran de los mamoneos de sus santos varones y las que no quieren enterarse, principalmente cuando la justicia se pone pesada y les levanta el refajo por ver lo que esconden entre sus pomposas enaguas. La esposa protohispánica viene a ser la encarnación pluscuamperfecta del primer mandamiento neoliberal: privatiza los beneficios domésticos al tiempo que socializa las pérdidas, mayormente cuando acuden en forma de injerencia legal. A esta clase de hembra, de dudoso pedigrí, igual le da la igualdad que la madre que la trajo al mundo: se basta y se sobra para echar por tierra la pila de años en la que los ejemplares más admirables de su sexo se dejaron el pellejo luchando por esa utopía que nos pinta a todos iguales, reverdeciendo por puro egoísmo el ajado machismo carpetovetónico de una sociedad a la que aún le puede la querencia. Se diría, observando su comportamiento desde la barrera, que esa manada de fulanas preferiría seguir, para según qué cosas, en casa y con la pata quebrada, como mandaba la doctrina de la Sección Femenina, pues se autorretratan como mujeres florero a las que les brotan los Jaguars en el garaje como a mí la mala yerba en el jardín; como voces copleras ahogadas por las bolsas de basura malaya; como despistadas de alta alcurnia consortes de arribistas trincones… Pero sabemos que mienten: porque los juzgados están abarrotados de papeles que evidencian que están de mierda hasta las cejas. Lo que ocurre es que, cuando se trata de burlar a la justicia, aquí sigue funcionando la rancia cortesía caballeresca: las damas, primero.

1.5.13

La puta insistencia

Una vieja amiga cántabra solía contarme un chascarrillo norteño que añadía vitriolo a la fina estampa que retrata la lógica del poder en este desventurado país: "Ya no sabemos si el Banco es de Santander o Santander es del banco". Se refería, claro, al vampírico tinglado montado hace varias generaciones por esos ahorradores pasiegos de rancio abolengo a los que un maldito apellido condenó desde la cuna: los Botín. Y otro tanto podría afirmarse hoy acerca de los partidos políticos, los medios de comunicación o los clubes de fútbol, pues a todos los tienen trincados los malandrines por los colgajos. De ahí que la totalidad de las causas judiciales abiertas contra los miembros del clan de la corbata roja —evasión fiscal, indemnizaciones desorbitadas, etc.— hayan sido archivadas a cambio de millonaria calderilla —si se me permite el oxímoron—; y de ahí que estos días la paniaguada prensa patria, que ha venido silenciando discretamente todas y cada una de las tropelías santanderinas, despida con honores de brillante gestor a quien la justicia sentenció como ímprobo y probado delincuente, Alfredo Sáenz, que se retira de la vicepresidencia de la casa madre con una pensión de ochenta y ocho millones de euros que sumar a lo expoliado a sus clientes a lo largo de toda una vida dedicado a la usura. Una pensión que, por su desafío al decoro en tiempos de miseria, quedará como el mayor agravio comparativo de un gremio al que los tiesos de España hemos ayudado ya con casi doscientos mil millones públicos (que no tenemos) desde que su avaricia y sus artimañas nos abocaran a una crisis que aún le parece ajena; un gremio que, por su cansina reincidencia, impele a las profesionales del sexo a reiterar su ya legendaria defensa: "Las putas insistimos: los banqueros no son nuestros hijos".

23.4.13

Desvergüenza popular

En el arranque de 'What can I do', un añejo single del polifacético rapero Ice Cube, se oye el lamento de una fatalista voz en off: "En cualquier país, la cárcel es el lugar al que la sociedad envía a sus fracasos. Pero en este país es la sociedad misma la que está fracasando"; una queja que bien podría servirnos, aquí y ahora, para ejemplificar la vergonzante realidad de esta hipercrítica España del presente. Porque un Estado que tolera que sus saqueadores públicos sigan haciendo vida normal, ha de encontrarse forzosamente parasitado por una sociedad fracasada que no puede —pero tampoco quiere— poner fin a sus desgracias colectivas. Llevamos décadas dejando nuestro castigo sin venganza, cual trágicos personajes de Lope, y esa falta de cultura democrática nos está pasando una carísima factura. Ayer mismo supimos que, gracias a nuestros donativos, el Partido Popular amamantó cuando era cachorro a su dóberman asturiano con (sobre)soldadas, cuyos montos he recalculado en pesetas para que el encabronamiento sea mayor: cuando el salario mínimo interprofesional de los jornaleros ibéricos rondaba unas míseras sesenta mil cucas —hará cosa de veinte años—, el feroz Álvarez-Cascos nos chupaba cada mes algo más de dos millones, a tocateja y ensobrados. Sumo y sigo: los papeles airean que la costumbre del complemento en concepto de gastos de representación estaba muy extendida en esa época, y que los principales (sobre)cogedores eran el inefable Aznar y su camarilla (pre)gubernamental, que aún hoy sigue aferrada a varias carteras ministeriales. Vuelvo a sumar, y sigo: se filtran los (escasos) datos disponibles de las empresas tapadera con las que el PP lavó más blanco que sus adversarios durante años. Dejo de sumar. Mientras tanto, los impunes (presuntos) implicados dan diarias lecciones de moral ante las que parece obligado acordarse de Cleóbulo, el sabio moderado: "Ojalá yo viviera en un Estado donde los ciudadanos temieran menos las leyes que la vergüenza". Pero aquí, ni eso.

13.4.13

Los descerebrados

Como lo explicó el otro día Harguindey con inusitado descaro, me ahorro argüirlo yo: "Se puede ser genial, listo, normal, tonto, muy tonto y González Pons. Claro que el vicesecretario general de Estudios (¿?) del PP no está solo en la peña 'Los Descerebrados". El caso es que el relamido parlanchín se ha vuelto a cubrir de gloria esta semana: el mismo día que El País divulgaba las infracciones cometidas por la tesorería pepera durante dos décadas, respaldado por las inequívocas similitudes entre las cuentas blancas genovesas y las (supuestas) cuentas negras, González Pons se comía, sin atragantarse, un nuevo marrón: "La contabilidad del PP responde exactamente a lo que la ley le exige y le exigía. Y no tiene nada que ver con los supuestos papeles del extesorero Luis Bárcenas". Nada que ver… Nada… Ni siquiera un poco… Nada. Lástima que la justicia opine lo contrario, aunque aún no haya decidido entre si tiene un poco o un mucho que ver. De momento, mejor dejarlo estar y pasar a la dramatización de los hechos, con la que nos estamos echando unas buenas risas: los tres diarios nacionales de relumbrón andan a la greña por pequeñeces; por esa ridícula manía que ayer advertía Arcadi Espada: "A las noticias propias las llaman exclusivas y a las ajenas filtraciones". Así, lo que El País adelantó como 'Los papeles Bárcenas' y El Mundo ha rebautizado como 'Los papeles del tercer hombre', ABC lo ha rebajado a 'Las fotocopias de Bárcenas'; lo que El Mundo desveló y El País elevó a categoría de episodio nacional, el menguado ABC quiere dejarlo en agua de borrajas, ahora que su nulo olfato investigador y su paupérrima influencia lo han convertido en adalid del amarillismo cavernario. Para ello ha inaugurado un bochornoso serial con el que hociquea en la (relativa) gloria de sus rivales. Bonita manera de vender periódicos.

9.4.13

Habemus Fraudeleaks

"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.

7.4.13

Los papeles del tercer hombre

Sostiene (y sostiene bien) la argentina Leila Guerriero que "los periodistas no somos la justicia". Por eso, tras leer y tocar "unas hojas donde hay nombres que harían estremecer al Gobierno y al aparato productivo" en una madrileña noche de lluvia y fútbol, Raúl del Pozo esquivó la nocturnidad y la alevosía y, en lugar de plantarse ante la Audiencia Nacional para largar su hallazgo y traicionar a su garganta profunda, corrió a refugiarse bajo el flexo de las grandes ocasiones para redactar el artículo de su vida: el que servirá de prólogo al apocalipsis del Partido Popular. En su más gloriosa columna desde que heredara el trono umbraliano en El Mundo, el periodista conquense aparca su ordinario barroquismo cheli y se limita a transcribir, palabra por palabra, las frases escuchadas en la cinematográfica noche de autos a un tercer hombre que recuerda a aquel que se escabullía por entre las cloacas vienesas. La prosa canalla cede el paso en su minireportaje a los datos y así vamos conociendo que Del Pozo ha manejado "unos folios donde el hombre de los papeles ha escrito cantidades y nombres […] mayores y menores entre maletines y cheques"; unos folios en los que aparece "una empresa fantasma, tapadera, supuestamente para hacer zanjas, realmente una empresa del PP para el trasvase de donativos y chanchullos" y en los que descubrimos que quienes "decidieron sobre donaciones y sobresueldos fueron los políticos"; unos folios, en fin, que obligan a reformular al presidente la pregunta de Rubalcaba: "¿Cree que puede gobernar pendiente de que al señor Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?". Parece que no pero, de momento, la columna de Raúl del Pozo ha provocado un tembleque generalizado practicando lo que Guerriero defiende de los periodistas: "Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o solo para eso".

5.4.13

Altezas y bajezas

Hubo un tiempo en que, obtuso y a medio hacer, todavía me costaba distinguir entre la infanta de naranja y la infanta de limón, la tonta y la lista, la guapa y la fea —así las catalogaba la plebe— de esa disfuncional familia a la que mis mayores denominaban, henchidos de orgullo y satisfacción, Casa Real; pero han pasado los años y… ahora me cuesta aún más separar la paja de la paja: mi única certeza es que la lista —o sea, el grano— debe pertenecer a otro linaje; y mi truco para distinguirlas consiste en asociarlas a sus (hoy marchitos) consortes: la mayor fue, es y será para los restos la Marichalá; y la menor, recalcitrante en su extravío vital, la Urdangarana; la misma que anteayer se transmutó en el (pen)último capítulo del libro gordo de la Historia ostentando el dudoso honor que confiere convertirse en el primer miembro de una familia real imputado por un caso de corrupción —que no es exactamente lo mismo que ser el primer regente corrupto, pues de esos están los mausoleos llenos—. Un juez con los atributos del caballo del Espartero decidió acabar con meses de renuencia judicial y decretó unilateralmente el principio del fin de la monarquía española. Los sufridos súbditos ya barruntábamos que la verdadera matahari de La Zarzuela no era la princesa Corinna zu etcétera sino la consentidora del trinque sin ánimo de lucro perpetrado por el duque em…Palma…do, y ahora estamos a un solo paso de descubrir que en España todos somos iguales ante la ley; pero no porque los de abajo demos la talla de sus altezas sino porque en las alturas le han cogido gusto a nuestras bajezas. Parece ser que la degeneración de la campechanía regia posará desde una celda para la becqueriana culminación de Los borbones en pelotas.

24.3.13

El cuento de nunca acabar

Lo recuerda Fernando Savater cada vez que se le presenta la ocasión: "La diferencia entre dictadura y democracia es que en la democracia es político todo el mundo"; pero a una casta tradicionalmente intolerante como la diestra le cuesta horrores asumirlo. Los gerifaltes populares parecen soliviantados estos días porque tienen a la ciudadanía knockin' on PP's door para devolverles sus esperpénticas estampas reflejadas en los deformados espejos de la nefanda realidad; y se ve que la imagen no es de su agrado. Por la calle anda suelto el escrache, esa marrullería lunfarda y arrabalera que los argentinos se sacaron de la manga para ponerle la cara colorada a sus cóndores domésticos, aquellos que se divirtieron jugando al escondite con indefensos seres humanos durante la abominable dictadura militar. Aquí y ahora, los afectados por la hipoteca han adoptado como propia esa democrática táctica de rebeldía plantándole cara a quienes diariamente se chotean en la nuestra; y, como era previsible, la casta acorralada se ha defendido destapando su caja de los miedos: el Gobierno ha advertido muy seriamente que el escrache no es un derecho, pero enfrente tiene a un pueblo sin expectativas que lo último que aceptaría en esta tesitura sería que le recortaran también el derecho al pataleo. Equivocadamente, se están teniendo más en cuenta los tumultos y desórdenes ocurridos que los buenos ejemplos que producen —algo que ya denunciaba Maquiavelo cinco siglos atrás en uno de sus discursos—, y así no hay avance posible. Pero esta vez los opresores deberían andarse con ojo: la resiliencia nacional está al límite y una hipotética fractura social podría provocar una reacción tremendista. "Vamos a la violencia, de cabeza", advierte un articulista poco dado a las soflamas apocalípticas; aunque nada sería más dañino para España que una nueva reedición del cuento de nunca acabar.

29.1.13

Em...Palma...do y con un palmo

Las cosas de palacio van despacio… y en el de la Zarzuela, aún más; pero todo tiene su fin. Cuando más imperdonable nos parecía la eterna desidia de la Familia Real ante los mangoneos de su único (y repudiado) yerno en activo, el Rey ha mandado a la papelera de reciclaje su currículo. El dios padre de la monarquía española ha expulsado (casi) definitivamente del paraíso virtual de la Casa Real —su web— al último de los hijos políticos que le queda, quien tras este destierro cibernético irá derechito al infierno de la orfandad institucional. Ojos que no ven —se rumorea que masculló su majestad (de ustedes) mientras ejecutaba el irreversible borrado—, familia que va tirando. Mas parece harto ridícula la estrategia de mirar para otro lado emprendida hace meses, y refrendada ahora, por un círculo tan estrechamente ligado a los deslices delincuenciales del infante consorte; tanto más ridícula cuanto que ese simbólico —aunque estéril— gesto no se perpetra en función de los desmanes crematísticos del antiguo yernísimo sino tras la revelación de que el chistoso duque de Palma gustaba de autodenominarse como licencioso "duque em…Palma…do". Una vez más, la (des)vergüenza se impone a la honradez en esta península histérica en donde la justicia —siquiera poética— sigue brillando por su ausencia. Al desprecio público por el ínclito exjugador de balonmano se sumó el domingo nuestro postulante a rey: Urdangarín —sin la "Urdangarana"— contempló en primera fila el histórico bicampeonato mundial logrado por sus colegas ante Dinamarca, y allí mismo fue donde su cuñado Felipe dejó con un palmo de narices al empalmado duque, al que no se atrevió a saludar pese a tenerlo a tiro de piedra —con perdón—. Las formas intentan disimular el fondo de la cuestión, pero la justicia y la historia aguardan expectantes. Si yo fuera el príncipe, ya estaría buscándome un currelo.

21.1.13

Trazabilidad sobrecogedora

La trazabilidad de los sobres; eso es lo que importa. Mucho más que el cuánto, interesa saber el quién, el cuándo, el dónde y el cómo: todas las uves dobles del periodismo —in english, of course—, una detrás de la otra. Porque uno se malicia que los sobres sin remitente de Bárcenas escondían mucho más que un puñado de machacantes: ocultaban una manera de hacer (y vivir de la) política que venimos sufragando desde antiguo los ingenuos participantes en ese engañabobos que un día nos vendieron como democracia. Y no espera uno que las aclaraciones vengan de aquellos que son juez y parte en el tinglado de los eurofajos, esos que alardean de pulso firme con la boca pequeña mientras esconden, maniatados, su tembleque tras el atril. El canguelo generalizado amenaza con llevarse por delante la (fingida) estabilidad del Partido Popular, pero su mandamás ni se inmuta: incluso uno de sus correligionarios, el ripioso Monsieur de Sans-Foy, ha ilustrado el tancredismo de Rajoy con un insulso cuarteto: "Mariano ni adelanta ni se atrasa, / no cambia de lugar ni de postura. / Ocurra lo que ocurra… no se apura, / no huele, no se nota, no traspasa". Alguien ha insertado un petardo en salva sea la parte del presidente y la mecha arde sin que su señoría se dé por aludida. Lo bochornoso será que, cuando quiera sacárselo de encima, el petardazo le habrá cubierto de mierda hasta las cejas. Debería dejar el asunto en manos del doctor Vara, que se ofrece voluntario para practicar a los corruptos "cirugía sin anestesia". El imprudente exbellotari, veterano devoto de Nuestra Señora de las Sandeces, propone para los sobrecogedores "endurecimiento de penas equivalentes al asesinato": dice que ellos matan "la confianza de los ciudadanos", aunque peor es lo suyo: casi nos mata de la risa.

11.1.13

Un detallazo catalán

Anda estos días la prensa nacional algo azorada por el inopinado arrepentimiento de la banda de unionistas catalanes que ha devuelto al fisco parte de lo birlado hace algunos lustros, para librarse del talego. Se escandalizan los españolistas macarras de la moral, aparentando haberse caído de un guindo tal que ahora, pero, en un país en el que el trinque político es el deporte nacional, su enésima estratagema no cuela. No hace falta ser tocayo del toro que mató a Paquirri para sentirse agraviado por los mensajes de los juntaletras guerracivilistas, acérrimos defensores de la divergència i la desunió. Verbigracia, el exiliado Pablo Sebastián, desde su República de las ideas: "Es verdad que, en esto de la corrupción, en todas partes cuecen habas —ahí está Baltar, como asunto reciente—, pero en el caso del nacionalismo catalán lleva añadido el marchamo independentista lo que hace mucho mas grave la situación". Así que era eso: un ladrón catalán es mucho más peligroso que un intrigante cordobés. ¡Dónde va a parar! En una de las mejores tragicomedias del siglo XX, Albert Camus puso en boca del emperador Calígula una lapidaria advertencia (cito de memoria): "Gobernar es robar: eso lo sabe todo el mundo. Pero hay maneras y maneras: yo pienso hacerlo descaradamente"; advertencia que los políticos españoles, siempre tan leídos, convirtieron de inmediato en su credo espiritual, al que se han aplicado con unánime devoción hasta hoy. Por eso produce escozor intelectual escuchar a la Cospedal balbucir que "en política hay que ser coherente y no actuar con frivolidad" en nombre de un partido corrompido hasta las trancas; despreciando, de paso, el ejemplar "detallazo" de los admirables trileros catalanes, que solo han devuelto una trigésima parte de lo sustraído porque —como apunta Enric González— "una cosa es tener un gesto y otra ser tonto".

5.1.13

El patio de Monipodio

Kissinger, que tanto se equivocó cuando (mal)vivía cegado por su omnipotencia imperialista, erró también el tiro con una cínica observación sobre su gremio: "Los políticos corruptos hacen que el otro diez por ciento de políticos sea mal visto por la población". Lo cierto es que en este patio de Monipodio, donde maldita la gracia que nos hace el humorismo yanqui, son ese noventa por ciento de políticos enviciados y sus dos principales debilidades —la corrupción y el fraude— los que están muy mal mirados por una clientela a la que solo hay otro asunto que le desvele aún más: el ruinoso estado de sus cuentas corrientes, según nos ha chivado el último barómetro del CIS; y eso que el sociológico cuestionario se cocinó en la primera quincena de diciembre, cuando aún no se había divulgado el desalentador balance de fin de año que alzaba a trescientos la cifra de políticos españoles imputados por corruptelas varias. Aunque la cantidad de carguillos entregados al mangoneo es mucho más abultada, pues a ella habría que sumar, por no dar rodeos, a los sesenta y tres diputados —incluidos el presidente Rajoy y cuatro de sus ministros— denunciados ayer por malversación de fondos públicos y apropiación indebida ante el Tribunal Supremo, que llevan varios meses cobrando dietas duplicadas pese a disponer de vivienda habitual en Madrid; o al cacique gallego que la Fiscalía orensana acaba de empurar por prevaricación, José Luis Baltar: el mismo que hizo del enchufismo una abusiva rutina, de los tratos de favor una afición desmedida y de los pucherazos electorales un arte; el mismo que llegó a la Diputación de Orense con lo puesto y salió de ella, veintidós años después, con propiedades multiplicadas y un centenar de bugas de colección; el mismo del que Rajoy dijo en 2009: "Baltar es el PP". O sea.

3.1.13

Con Franco se vivía mejor

Los monclovitas interinos deberían darse un garbeo, de cuando en cuando, por el blog del momento: un "diccionario para entender a los humanos" que va anotando diariamente el poeta Josean Blanco bajo el alias de su más rabiosa encarnación, Perroantonio. En uno de sus irónicos bocados he hallado una (muy) seria definición de España: "Nación de nacioncitas unida a África por el Estrecho de Gibraltar y separada de Europa por los Pirineos, la Revolución Industrial y la Ilustración". El mendaz Rajoy y el leguleyo Gallardón deberían aprendérsela de memoria, ahora que han decidido que lo que nos une es lo que nos separa y parecen haberse propuesto perseguir de oficio a los ciudadanos que, de buena fe, socorran a los sin papeles. Cuando creíamos haber descubierto (casi) todas las vergüenzas del Gobierno derechón, nos sobresalta comprobar que en sus miembros más retrógrados resucita el virus de la xenofobia, que anidó en sus entrañas en tiempos de Maricastaña y allí se hizo fuerte. Denuncia la plataforma ciudadana Salvemos la Hospitalidad que, según el nuevo artículo 318 bis del anteproyecto de reforma del Código Penal que acaban de presentar las hordas genovesas, "las personas o instituciones que apoyen, ayuden o acojan en sus domicilios de forma altruista a las personas extranjeras en situación irregular que transiten por España serán consideradas criminales: detenidas, juzgadas y, en su caso, condenadas a hasta dos años de cárcel". Será por eso que el más popular de los racistas populares, el alcalde badalonés García Albiol, se ha bajado al moro ataviado con túnica y turbante: para llevar la buena nueva a la tierra de los infieles y pedirles que permanezcan al otro lado del Estrecho; para advertirles que no merece la pena cruzar el mare nostrum para descubrir que, en España, con Franco se vivía mejor.

24.12.12

Evasión (fiscal) y victoria

Explicaba Rousseau en La cuestión social que la verdadera igualdad radica "en que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro ciudadano, ni que sea tan pobre que se vea obligado a venderse". Por desgracia, en España nunca llegamos a rondar esa utopía; ni siquiera cuando abandonamos, a duras penas, el apagado blanco y negro dictatorial y nos adentramos en la democracia coreando "la vida es una tómbola / de luz y de color". La maldita crisis mundial, que los españoles nos hemos tomado, según nuestra costumbre, a la tremenda, no ha hecho sino extremar la brecha que separa a los del taco, cuyo parné se multiplica a velocidades de vértigo, de la inmensa mayoría de tiesos, que los últimos informes publicados desmenuzan así: casi la mitad de la población está en situación de precariedad; y la mitad de la mitad ha caído en ese eufemismo que hemos dado en llamar riesgo de pobreza, lo que, traducido al cristiano, viene a significar que entre diez millones de españoles se ha extendido, como denunciaba Rafael Azcona en La Codorniz de cuando entonces, "la costumbre de no comer con regularidad". Ni siquiera bastan para ello las millonarias limosnas del magnate de los trapitos, Amancio Ortega, que intenta disimular con ridículos gestos de buena voluntad su estreno como segunda mayor fortuna planetaria. Pretende con ello que obviemos que, para los de su casta, no hay afición más provechosa que evadir impuestos, gracias a la connivencia de una justicia reformada a su antojo y a un Gobierno que amenaza con la boca pequeña mientras desprecia los servicios prestados por monsieur Falciani, el joven informático que ha destapado las vergüenzas de la banca mundial poniendo nombre y apellidos a la crème de la crème de los evasores fiscales, incluidos los 659 españolitos que, por política gentileza, seguirán durmiendo tranquilos.

20.12.12

Dios los cría...

Ayer me entretuve escudriñando el 'Abecedario de la corrupción 2012', publicado a doble página por El Mundo hace unos días: 141 nombres de sospechosos habituales, de la A de Acebes a la U de Urdangarín, pasando por exóticos ejemplares como José Blanco, Carlos Fabra o Rodrigo Rato. Ni bien acababa de finiquitar la deshonrosa retahíla, cuando aún rumiaba el conspiranoico credo del añorado Christopher Hitchens ("Creo que este planeta es usado como colonia penal, manicomio y basurero por una civilización superior para deshacerse de los indeseables e incapaces. No lo puedo probar, pero usted tampoco puede demostrar lo contrario"), me di de bruces en internet con una foto de aúpa; en ella, su majestad (de ustedes) aparece flanqueada por la corrupta flor y nata del mosqueante binomio empresariado/política durante una cacería de perdices perpetrada hace un lustro: un trío de palmeros, envuelto en rigurosos ropajes cinegéticos, sonríe en la instantánea junto al Rey. Casualmente, los tres retratados aparecían referidos en el pútrido inventario que acababa de empaparme: Gerardo Díaz Ferrán, exmandamás de la CEOE, enchironado por presunto delito de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales; Jaume Matas, excacique (popular) de Baleares, empapelado por diversos delitos y pringado en más de veinte casos por malversación, fraude, falsedad, prevaricación y tráfico de influencias; y Arturo Fernández, número uno de la patronal madrileña y dos de la española, imputado por estafa, apropiación indebida y falsificación de cuentas por lo de Bankia. Miré la foto largo rato y, mientras certificaba que a este país medieval no lo rescata ni la madre que parió a Merkel, cruzaron por mi mente películas —La escopeta nacional, claro—, novelas —Las amistades peligrosas—, canciones —With a little help from my friends— y hasta el socorrido refranero castellano, que acudió para recordarme que Dios los cría… y ellos se lo reparten.

16.12.12

Hambre de indulto

Hace algo más de un año, Cristina Fallarás retrataba así a un amigo fotógrafo y escritor: "En Uribe siempre se respira la libertad ventilada de los que nada tienen, ni siquiera prejuicios, ni pactos, ni cuentas pendientes. Ni mierdecitas de compadreo". Por aquel entonces, la Fallarás no sospechaba que, algo más de un año después, la sede de su editorial sería el lugar elegido por aquel amigo para ponerse en huelga de hambre, pero adelantaba (in)conscientemente la admirable catadura del personaje que el pasado 11 de diciembre se bajó de un autobús en Barcelona, pilló en La Boquería lo justo para un bocata de jamón y queso y, tras darse un humilde festín, anunció que no comería más; no, al menos, hasta ver cumplidas sus peticiones. Willy Uribe reclama que le den largas a un antiguo yonqui gallego, hoy rehabilitado, que se vio arrollado hace años por el aniquilador galope del caballo y que fue pillado dos veces cambiando unas papelinas de manos; como contraprestación, el reportero vasco demanda de los mandamases presentes y pasados explicaciones acerca de algunos indultos que se le antojan injustificables, como el rubricado por Gallardón a favor de cuatro mossos d’esquadra condenados por tortura o el concedido in extremis por Zapatero a un gerifalte de los dineros. La España democrática regala casi quinientos indultos por año y, lo mismo da que gobierne la derecha que la izquierda, siempre caen del mismo lado —"golpistas del 23-F, terroristas de los GAL, políticos corruptos, jueces prevaricadores, grandes empresarios y banqueros defraudadores, narcotraficantes…"—. Uribe, optimista, se quita importancia: “No soy un suicida, no soy un mártir, no soy un héroe, pero voy a ir hasta el final porque el final va a ser la libertad de David, no va a ser un final necrológico”. Lo que pasa es que, con esta gente de por medio, nunca se sabe.