Leí el titular y (mal)dije para mis adentros que el periodismo retroactivo había llegado demasiado lejos: "Españoles, Franco ha muerto", balbució ayer un espíritu coñón en la red, y ante tal rimbombancia tuve la sensación de subirme con retraso al carro de la Historia; aunque tardé poco en desfacer el entuerto y descubrir que la aparente burla no era sino un afectuoso homenaje al último cadáver exquisito del cine español, Jesús Franco, que acababa de dejar huérfana a la cinefilia más extravagante. Pronto hice mi contribución al pésame generalizado y me repuse del susto, pero los excesos del periodismo retroactivo siguieron rondándome. Eché un vistazo a las noticias del día en varios medios digitales y, como dándome la razón, los titulares aludían sin excepción a añejas historias: el relato de la jornada se parecía más a lo prometido por un popular título de Gil de Biedma (Ahora que de casi todo hace ya veinte años) que al análisis de la rabiosa actualidad. Constaté así que la presente crisis del periodismo tiene poco que ver con el cambio de paradigma tecnológico pero mucho con la fraudulenta administración de los réditos (des)informativos del pasado. Verbigracia: los estrechos lazos entre un mandamás y un narco gallegos, cuya endeble trabazón ha servido a Arcadi Espada para pergeñar una ridícula —por improbable— primera plana de cómo debió haberse dado la noticia cuando entonces: "Una alto cargo de la sanidad gallega se fotografía en un yate con un hombre del que se rumorea su vinculación al contrabando de tabaco", vendría a ser el titular, adornado por dos impagables subtítulos: 1) "El alto cargo, Núñez Feijóo, será presidente de la Xunta 14 años después"; y 2) "El hombre, Marcial Dorado, será condenado por contrabando de drogas 14 años después". Tocados (y hundidos), los gerifaltes de la prensa española deberían (re)leer a Nietzsche para recordar que "un exceso de historia daña la vida".
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3.4.13
Periodismo retroactivo
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3.1.13
Con Franco se vivía mejor
Los monclovitas interinos deberían darse un garbeo, de cuando en cuando, por el blog del momento: un "diccionario para entender a los humanos" que va anotando diariamente el poeta Josean Blanco bajo el alias de su más rabiosa encarnación, Perroantonio. En uno de sus irónicos bocados he hallado una (muy) seria definición de España: "Nación de nacioncitas unida a África por el Estrecho de Gibraltar y separada de Europa por los Pirineos, la Revolución Industrial y la Ilustración". El mendaz Rajoy y el leguleyo Gallardón deberían aprendérsela de memoria, ahora que han decidido que lo que nos une es lo que nos separa y parecen haberse propuesto perseguir de oficio a los ciudadanos que, de buena fe, socorran a los sin papeles. Cuando creíamos haber descubierto (casi) todas las vergüenzas del Gobierno derechón, nos sobresalta comprobar que en sus miembros más retrógrados resucita el virus de la xenofobia, que anidó en sus entrañas en tiempos de Maricastaña y allí se hizo fuerte. Denuncia la plataforma ciudadana Salvemos la Hospitalidad que, según el nuevo artículo 318 bis del anteproyecto de reforma del Código Penal que acaban de presentar las hordas genovesas, "las personas o instituciones que apoyen, ayuden o acojan en sus domicilios de forma altruista a las personas extranjeras en situación irregular que transiten por España serán consideradas criminales: detenidas, juzgadas y, en su caso, condenadas a hasta dos años de cárcel". Será por eso que el más popular de los racistas populares, el alcalde badalonés García Albiol, se ha bajado al moro ataviado con túnica y turbante: para llevar la buena nueva a la tierra de los infieles y pedirles que permanezcan al otro lado del Estrecho; para advertirles que no merece la pena cruzar el mare nostrum para descubrir que, en España, con Franco se vivía mejor.
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20.11.12
Venganza post mortem
Le leí no hace mucho a Patricio Pron que un monumento es "una forma de perpetuar en la memoria algo que nunca recordarías si no te obligaran a ello", y de inmediato se me vino a las mientes el Valle de los Caídos, paradigma de la infamia de aquella España que no fue una ni grande ni libre y lugar de peregrinación para quienes, aún hoy, alardean del patriótico placer que les provoca hurgar en la sangrante herida causada por el franquismo. El horrible armatoste ideado por el generalísimo de nuestros ejércitos para perpetuar su "gloriosa Cruzada" fue levantado a fuer de pisotear la dignidad de decenas de miles de presos del Régimen, cuyos restos yacen ignorando qué sea eso del eterno descanso al lado de los de sus ínclitos castigadores, Franco y José Antonio, que fueron a morir, con treinta y nueve años de diferencia, un fraternal 20 de noviembre. El conciliador Zapatero abortó su segundo mandato en fecha tan señalada, incumpliendo una de las máximas de su ineficaz ley de memoria histórica: dejando pendiente la separación definitiva de víctimas y verdugos. Y el subsecuente Gobierno popular ya ha dicho que ve "difícil" ejecutar esta demanda social mayoritaria. Mas lo que Dios unió, y el hombre no se atreve a separar, va a sepultarlo la naturaleza, echando por tierra aquel pomposo discurso del papa Juan XXIII: "Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama […] el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo". Un estudio científico informa que las estereotómicas esculturas pergeñadas con "un popurrí incompatible de geomateriales de construcción" por mi paisano Juan de Ávalos para rematar el desaguisado se pudren por dentro. Y yo quiero pensar que esa es la venganza post mortem de un artista republicano y socialista secuestrado por la dictadura.
31.10.12
Els agrada la pela
El entrañable Billy Wilder comparaba a su genial colega, Ernst Lubitsch, con otros directores cinematográficos, tirando de números: el que tiene miedo siempre dice dos más dos son cuatro, o uno más tres son cuatro, o uno más uno más uno más uno son cuatro, mientras que Lubitsch solo dice dos y dos, y espera que el público lo sume para saberlo también. Traduciendo matemáticas a lenguaje, lo que Wilder venía a decir es que Lubitsch se limitaba a sugerir y confiaba en que la inteligencia del espectador hiciera el resto. Por alguna extraña razón, no consigo quitarme este añejo comentario de la cabeza en los últimos días. Será, a lo peor, porque los mandamases del PP pertenecen a la raza de los que tienen (mucho) miedo y nos toman por tontos; porque de otra forma no se entendería la chiripitiflaútica precampaña electoral que están perpetrando en Cataluña, en la que un par de videos han convertido a un puñado de líderes peperos en el hazmerreír político del momento: "Ens agrada Catalunya", se titula el invento, y en él se recurre a peregrinos argumentos para demostrar un impostado amor por la tierra de los infieles; olvidan las huestes genovesas que los infantes sin españolizar a los que parecen dirigirse no votan en las próximas elecciones catalanas. A la única a la que le traiciona el subconsciente es a la sincera alcaldesa de Sanxenxo: "Por lo que nos regaláis… nos gusta Cataluña". Haber empezado por ahí: ¿para qué defender un programa político contra la desastrosa gestión de CiU en esta abortada legislatura cuando lo único que importa es la pela? Miedo. Tienen miedo; el mismo que sus marciales hermanos de la vomitiva Fundación Francisco Franco, que proponen decretar el "estado de guerra", destituir al "presidente-delincuente" de la Generalitat y enviar al Ejército "para apaciguar Barcelona".
15.10.12
El hundimiento del Régimen
Siempre me ha inquietado, como a Simenon, "la diferencia que existe entre el hombre vestido y el hombre desnudo; es decir, entre este tal como es y como se muestra en público, e incluso como se mira al espejo". Por eso, ahora que el otoño se deja notar, me envuelvo gustoso, aunque asombrado, en los fascinantes ropajes reversibles que gasta el Rey de esta monarquía parlamentaria con espíritu republicano, para pasar el rato. El mayor de los borbones reinantes se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en la diana -metafórica, pero también material- de buena parte de unos dardos mediáticos hasta ahora voluntariamente sometidos a su persona. Se multiplican los deslices de una casa real cuya doble moral flirtea peligrosamente con el hartazgo de sus súbditos, largamente silenciados por un valor tan gratuito como la campechanía. Dionisio Ridruejo le dijo a una vez a Franco: "Todo parece indicar que el Régimen se hunde como empresa aunque se sostenga como tinglado"; y ese parece el sentir nacional respecto a una forma de gobierno anacrónica y profundamente antisocial. La popularidad del Rey mengua con proporcionalidad inversa a las amantes, hijos bastardos y fajos de billetes acumulados que se le van descubriendo (¿presuntamente?) al ciudadano Juan Carlos. Consecuentemente, su majestad (de ustedes) ha comenzado a publicar unas misivas virtuales que no se sabe si van dirigidas al pueblo o a su familia -"En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas"- y ha resucitado el NO-DO, con la connivencia de los servicios (des)informativos de la tele pública. Todo con el afán de ejecutar uno de los valores que el monarca destaca de la Transición democrática: "La renuncia a la verdad en exclusiva"; al que yo echo en falta una coma por alguna parte.
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