A Toni Cantó le dio el otro día por esbozar un prontuario sobre la violencia de género en mitad de ese posmoderno patio de vecinos que llamamos Twitter; y fue abrir el pico y comenzar a lloverle chuzos desde las ventanas del costumbrismo ibérico. Se le fue de las manos el pájaro azul de las desdichas y terminó dando el cante al compás de ciento cuarenta caracteres: para demostrar que las estadísticas son segadas, echó mano de estadísticas sesgadas, y en tres piadas la lio parda. Dijo que las mujeres se quejan por vicio y que los hombres también se llevan sus buenas somantas de palos, no se vaya usté a creer; o sea, que descargó una tanda de falaces agravios, más propios de un cantamañanas, y los adalides de la igualdad respondieron al ataque pidiendo su cabeza. Ahí fue donde empecé a perderme. ¿Por qué? Porque: 1) Cantó es uno de los insignes huérfanos de ideología adoptados por la matriarca de Unión Progreso y Demagogia, Rosa Díez; 2) esta le confesó un día a Jordi Évole que se siente más cómoda jugando en el centroizquierda, "pero bueno, a veces se va uno un poquito para la derecha y puede que cuele el gol. ¿Qué es lo importante? Meter gol"; 3) Cantó es el ariete del bocachanclismo ilustrado, gracias al que los upeydemagogos cuelan goles a los medios sin mensaje aparente; y 4) los hooligans que ahora fingen sorpresa son los mismos que están inflando con su declarada intención de voto el globo magenta en los sondeos electorales. Al pollo cantarín, mejor que lo descabece una gallina de su corral: "Dimitir no equivale a autoinculparse, sino a reconocer que uno no está a la altura de la confianza depositada en él por los ciudadanos", escribía ayer en su confidencial columna Irene Lozano. Pues eso.
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2.3.13
6.11.12
Ciudadano Sabina
Sir Winston Churchill, mandamás de la Pérfida Albión omnipresente durante medio siglo, popularizó una frase que, según las malas lenguas, birló al escritor Charles Dudley Warner: "La política hace extraños compañeros de cama". Que se lo digan a Sabina, que frecuentó toda suerte de lechos en sus años mozos y que, en lo tocante a la política, parece seguir idéntica estrategia: envolverse en sábanas hospitalarias sea cual sea su pelaje. Insigne abanderado de los "rojos de Visa oro" que enferman a la derechona mediática, el cantautor jiennense siempre pidió el voto para Izquierda Unida o el PSOE, según lo demandara la coyuntura o el compadreo gremial, pero en la apocalíptica campaña electoral catalana, el nuevo bardo con trazas de anacoreta que se parece "a Sabina, ese que canta", se arrima a la nadería que representa Ciutadans, una demagógica y aséptica propuesta que ocupa en la tierra de 'Els segadors' la misma parcelita que en el resto del Estado invaden Rosa Díez y su inocua UPyD. Lo hace cediendo para la ocasión los ripios que emborronó hace un lustro en Interviú como 'Anteproyectos de letra para el himno nacional' [español] y, de paso, clavándosela como quien no quiere la cosa a estos españolistas de nuevo cuño: una pandilla que lo mismo cobija a lumbreras pagadas de sí mismas como Javier Nart que a ejemplares de la hondura intelectual del 'Yoyas' y que, para luchar contra aquel que Ambrose Bierce definió, avant la lettre, como "alguien a quien los intereses de una parte le parecen más importantes que los del todo", aparca cualquier sentido del ridículo. Frente al Mas patriota, los Ciudadanos patrioteros cantan todos unidos: "Ciudadanos, / tan fieramente humanos, / tan paisanos del / hermano de Babel. / Alta montaña / con puerto de mar, / clave de sol España. / Atrévete a soñar".
23.10.12
Todos pierden
Carlos Floriano (PP) subrayó que fue "un gran día para la participación". Óscar López (PSOE), lo contrario: "La baja participación es un hecho muy preocupante". Lo impepinable es que la abstención se dispara (250.000 votantes menos que en 2009) y representa ya a un tercio largo de la población, lo que supone que nadie gana por sus favores: todos pierden. El PP recupera tres escaños en Galicia (aunque pierde 135.000 votos) pero se deja otros tres en País Vasco, donde retrocede a resultados de hace veinte años. La mayoría absoluta de Núñez Feijóo sale barata: se apoya en menos de la mitad de los votantes y solo un tercio del electorado. Con estos números, parece muy aventurado hablar de "respaldo a Rajoy", como hace la Cospedal y cacarea la prensa servil, que reduce el escrutinio al aval al presidente del Gobierno frente al hundimiento de Rubalcaba. En casa hacemos otras lecturas menos partidistas. Las efemérides casuales han afectado a los resultados, pero a la inversa. En Euskadi, un año sin ETA solo sirve para certificar que se premia a los verdugos y se castiga a las víctimas: el País Vasco se siente país y vasco (el 60% de su Parlamento será soberanista), pese al espejismo del último pacto constitucionalista. En Galicia, a diez años del Prestige, se sigue aplaudiendo a los responsables de la catástrofe y a sus herederos. A Rosa Díez le dan la espalda sus vecinos, mientras el resto de España, donde su demagogia no conoce rival, la sobrevalora. La regeneración democrática de Mario Conde deberá esperar hasta mejor ocasión. La desunión de las izquierdas regala pequeñas alegrías a la población indignada, pero su ineficacia queda probada. Por cierto, ¿hemos dicho ya que el PSOE continúa impertérrito su (in)feliz travesía de la nada a la más absoluta de las miserias?
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