Por mucho que el tontolaba de Floriano siga dando la barrila con la infumable cantinela de que hay abierta una "causa general" contra el PP —cacareando el argumentario suministrado por el jefe de prensa oficioso de su partido, Paco Marhuenda—, lo cierto y verdad es que el asunto de Bárcenas y sus asuntillos —valga la redundancia— se está descubriendo como un "pozo sin fondo", según ha titulado el ABC haciendo gala de una inusual coña marinera: compraventa dorada, marchantismo ilustrado, billetes viajeros, declaraciones a devolver, millones a cascoporro, rutinas deluxe… De todo hubo en la viña del señor que manejaba el cotarro de los dineros. Al sibarita Bárcenas se lo imagina uno, tanto en las duras como en las maduras, recitando a Churchill frente al espejo: "No podría vivir sin el champán. En la victoria me lo merezco; en la derrota, lo necesito". Además, tengo para mí que el bon vivant genovés aún anda luciendo pescuezo por las cumbres capitalinas porque es de esos que piensa que "el dinero es el boletín de notas de la vida", como reza una antológica viñeta recopilada en El dinero en The New Yorker. Pero, aunque el antiguo contable de la famiglia pepera merezca matrícula de honor por su destreza matemática, su expediente vital retrata al mayor suspenso de nuestra joven democracia: un pitagorín que, más pronto que tarde, lo único que podrá contar serán los días que le queden para volver a ser libre. Por eso, al mamarracho Floriano le convendría saber que la única causa general habida en la patria que se apellidó una, grande y libre, fue la instruida por sus abuelos políticos sobre lo que ellos mismos denominaron "la dominación roja"; mas no creo que el papagayo mangurrino que nos cuesta muchísimo más de lo que vale conozca el alcance de las consecuencias de aquel proceso.
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16.6.13
Causa general
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27.4.13
El récord de la vergüenza
David Trueba ha reconocido, negro sobre blanco, que "encontrarle un lado positivo a la cifra de parados española es como apreciar lo hermoso del amanecer el día de tu fusilamiento", pero el renacentista opinador no ha caído en la cuenta de que el partido que nos (des)gobierna es capaz de eso y de mucho más, pues parece ser que desde las alturas genovesas —a las que no he tenido el (dis)gusto de ascender nunca para comprobarlo— se contempla la realidad tamizada por un espíritu bucólico sin parangón en la historia de la humanidad. Para muestra, tres botones entresacados de las reacciones a lo que El Mundo ha titulado en primera "El récord de la vergüenza": 6.202.700 parados: 1) el secretario de Estado de Empelo, de cuyo nombre no quiero acordarme, balbuce que se está "invirtiendo la senda" y que la tasa de destrucción de empleo "se está atemperando"; 2) el correveidile extremeño de apellido compuesto, Floriano, suplica "que no nos ciegue ese mal dato para comprobar cómo la política económica está dando buenos resultados a nivel macroeconómico que más pronto que tarde va a llegar a las familias"; y 3) el torrentiano Martínez Pujalte mienta a Zapatero y le da otro revolcón a la sobada herencia recibida, achacando los males presentes a las decisiones tomadas "hace unos cuantos años", cuando "empezaba la crisis". Tres esperpénticas demostraciones de cómo despachan los cráneos privilegiados del PP el dramón de un pueblo que comienza a comerse los mocos; aún más grotescas tras ser corregidas al día siguiente por un Gobierno que ya admite sin ambages que será incapaz de crear empleo durante su legislatura. "Cuando gobierne bajará el paro", dijo un Rajoy que se las prometía muy felices mientras holgazaneaba en la oposición. Y en esas estamos, confiando en que cumpla su promesa… esperando que gobierne.
14.2.13
Rectificar es de necios
Después de advertir que "errar es humano" y "perdonar es divino", el poeta británico Alexander Pope legó a la posteridad la quintaesencia de su pensamiento: "Rectificar es de sabios". En sus tres siglos de vida, la (discutible) sentencia del satírico bardo ha servido tanto para recomponer un roto como para zurcir un descosido, hasta que hace un par de días la remendona Cospedal echó mano de ella para hilvanar el penúltimo desgarrón cometido por su partido: "Rectificar es de sabios", dijo la generalísima secretaria popular para justificar lo que el sandio Floriano consideraba un despido improcedente —el del exmarido de la ministra Mato— hasta una semana antes. A la misma hora, no muy lejos de la casa de la sabiduría —sita en Génova, 13, desde ya—, Rajoy explicaba a la remanguillé su injustificable (des)gobierno: "Yo me presenté con un programa electoral en el que prometía que no iba a subir los impuestos. Y probablemente he incumplido esa promesa. Bueno, no; probablemente, no. He incumplido mis promesas, pero al menos creo que he cumplido con mi deber". Otra rectificación, otro sabio; y aún quedaba día para alucinar con los efectos provocados por el virus de la sabiduría entre las huestes peperas. El Grupo Parlamentario Popular, que venía despreciando una iniciativa legislativa popular antidesahucios hasta bien entrada la tarde, tuvo que tragarse su orgullo a última hora, tras conocer que una pareja de jubilados mallorquines acababa de suicidarse por miedo a perder su casa. La tragedia obró el milagro y la sabiduría acudió rauda en auxilio de los peperos congresistas, que finalmente permitieron la admisión a trámite de la propuesta. Otra rectificación, otra congregación de sabios. Pero esta peligrosa manía de actuar al socaire de la opinión pública conlleva sus riesgos, como avisó hace algún tiempo Felipe González: "Rectificar es de sabios", dijo entonces el expresidente, "y de necios tener que hacerlo a diario".
23.10.12
Todos pierden
Carlos Floriano (PP) subrayó que fue "un gran día para la participación". Óscar López (PSOE), lo contrario: "La baja participación es un hecho muy preocupante". Lo impepinable es que la abstención se dispara (250.000 votantes menos que en 2009) y representa ya a un tercio largo de la población, lo que supone que nadie gana por sus favores: todos pierden. El PP recupera tres escaños en Galicia (aunque pierde 135.000 votos) pero se deja otros tres en País Vasco, donde retrocede a resultados de hace veinte años. La mayoría absoluta de Núñez Feijóo sale barata: se apoya en menos de la mitad de los votantes y solo un tercio del electorado. Con estos números, parece muy aventurado hablar de "respaldo a Rajoy", como hace la Cospedal y cacarea la prensa servil, que reduce el escrutinio al aval al presidente del Gobierno frente al hundimiento de Rubalcaba. En casa hacemos otras lecturas menos partidistas. Las efemérides casuales han afectado a los resultados, pero a la inversa. En Euskadi, un año sin ETA solo sirve para certificar que se premia a los verdugos y se castiga a las víctimas: el País Vasco se siente país y vasco (el 60% de su Parlamento será soberanista), pese al espejismo del último pacto constitucionalista. En Galicia, a diez años del Prestige, se sigue aplaudiendo a los responsables de la catástrofe y a sus herederos. A Rosa Díez le dan la espalda sus vecinos, mientras el resto de España, donde su demagogia no conoce rival, la sobrevalora. La regeneración democrática de Mario Conde deberá esperar hasta mejor ocasión. La desunión de las izquierdas regala pequeñas alegrías a la población indignada, pero su ineficacia queda probada. Por cierto, ¿hemos dicho ya que el PSOE continúa impertérrito su (in)feliz travesía de la nada a la más absoluta de las miserias?
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