La prensa española se vulgariza cada vez que toca escudriñar resultados electorales, por más que aparente seguir a pies juntillas la altanera sugerencia de la condesa viuda de Grantham en Downton Abbey: "No seas derrotista, querida: es muy de clase media". Aquí, las (debilitadas) fuerzas del orden mediático presentan a todo quisque como derrotado, salvo a las formaciones que no pintan nada, vendidas como paradigma del éxito aunque no les vote más que la retahíla que firma en las coronas de difuntos: amigos, hijos, hermanos y demás familia. El resto es una cuadrilla de perdedores, dicen: los unos, por no alcanzar lo esperado; los otros, porque superarse no cura su esterilidad; pero tanto a unos como a otros les prestan sus interesados hombros para que enjuguen públicamente sus lágrimas. Sea como fuere, esta vez lo sustancial es que Cataluña se ha situado en un punto equidistante entre el progreso y lo que prefería Josep Pla, el regreso: el parlamento ha sufrido un buen meneo que deja todo como estaba, pues los frentes soberanismo-constitucionalismo y derecha-esquerra repiten guarismos y seguirán abiertos. En la lucha por la independencia, Mas ha perdido una batalla (personal) pero no la guerra: la marabunta que salió a la calle en la Diada ha refrendado su voluntad de estrechar y multiplicar las franjas rojigualdas de la bandera española para convertirla en estelada, sin esconder su malestar por los brutales recortes de su Gobierno autonómico. Lo que no queda tan claro es que esa masa esté dispuesta a ser una nación si el mesiánico president se empeña en dirigirla como definió Renan: "Un grupo de gente unida por una visión equivocada del pasado y por el odio a sus vecinos". Me da a mí que Cataluña es —y de momento seguirá siendo— otra cosa.
Mostrando entradas con la etiqueta renan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta renan. Mostrar todas las entradas
28.11.12
Progreso y regreso
Etiquetas:
downton abbey,
elecciones,
mas,
pla,
política,
renan
12.11.12
La revolución desde arriba
Maldita la gracia que me hizo escuchar el otro día por boca del reelegido Obama el anuncio de que "lo mejor está por llegar". Aún hoy me cuesta aceptar como esperanzador mensaje lo que más bien parece un cínico engañabobos. Lo que está por llegar, según advierten con machacona insistencia las supranacionales instituciones que nos desgobiernan y nuestros raídos bolsillos, es lo peor. De momento, lo mejor tendrá que esperar, tanto en aquel lado del charco, en el que se arrojaban al vacío los banqueros tras el crack del 29, como en este, donde son los desahuciados quienes hoy dicen adiós a sus desgracias desde la ventana. Aquí, los gurús de la Cultura de la Transición nos hicieron creer que todos los españoles tenemos "derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada": porque así reza en el artículo 47 de nuestra sacrosanta Constitución y porque el versículo luce como estrambote que "los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho". En verdad, quienes promovieron la cultura de la casa en propiedad fueron los manirrotos bancos de cuando entonces, que con la crisis se han transformado en indecentes cobradores del frac que nos afanan las llaves y la cartera con cargo a los presupuestos generales de un Estado que hasta ayer miraba para otro lado. Pero hoy se barruntan cambios, porque los muertos empiezan a oler y, en vísperas de su segunda huelga general, hasta Rajoy es consciente, como Renan, de que "el sufrimiento en común une más que la felicidad en común". La digestión del miedo se le está haciendo pesada a un presidente al que no va quedando más remedio que seguir el consejo de su antepasado político Antonio Maura: "Hay que hacer la revolución desde arriba para evitar que la hagan desde abajo".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)