'Al revés te lo digo para que me entiendas'; esa fue la cantinela que escuché en boca de mis mayores durante años para ironizar sobre el escaso parecido entre la embrollada realidad del renacer democrático y las crónicas publicadas por quienes tenían su voz y su palabra (auto)secuestradas por espurios conflictos de intereses. La cantinela se fue apagando a medida que yo iba creciendo (y mis mayores se iban extinguiendo) pero aquella inmoralidad se mantiene intacta en el relato colectivo del presente, pues la indecencia de los (des)informadores no ha menguado ni un ápice. Así, sucede que abre uno el periódico dominical y se topa con un abracadabrante titular, "Vivir por debajo de nuestras posibilidades", y una no menos desconcertante tesis, defendida en el artículo subsiguiente por Joaquín Estefanía, que sintetiza datos del flamante Informe sobre la Desigualdad en España elaborado por la Fundación Alternativas: "En la etapa previa a la crisis no se aprovechó la capacidad política para aproximar el gasto social al nivel existente en los países europeos más poderosos y reducir así las brechas ciudadanas, […] en contra de lo que mil veces se ha repetido como un mantra falso, en el ámbito de la protección social lo que hicimos fue 'vivir por debajo de nuestras posibilidades". Y no es por darme el pisto, pero ya me barruntaba yo que nos seguían diciendo las cosas al revés cuando, en cuestión de días, había tenido que tragarme que "cada año hay más ricos… y son más ricos" (Carlos Elordi) aunque "la pobreza se ha hecho simultáneamente más intensa (más pobreza) y más extensa (afecta a más personas)" (Estefanía). O sea que, como sospechábamos, aquí los únicos que viven por encima de sus posibilidades son los que tienen posibilidades. Los demás nos conformamos con seguir el consejo cantado por Nacho Vegas: trazar un ambicioso plan, consistente en sobrevivir.
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16.3.13
Un ambicioso plan
6.12.12
El crac
Escucho estos días a Nacho Vegas con celo: por obligaciones profesionales pero disfrutando cada estrofa y cada melodía de un (im)pagable lujo a mi alcance. Disfrutando, he escrito más arriba; y asustándome, añado aquí. Hará poco más de un año, el cantautor asturiano ponía al día la canción protesta con una de sus habituales letanías: el demoledor artefacto llevaba por título Cómo hacer crac y, en sus poco menos de cinco minutos, hermanaba de manera insuperable la más cruda realidad con la más deseable de las ucronías. Asustándome, he escrito más arriba, y ahora se entenderá el porqué: "Te informan de que han desarticulado / a la cúpula de la CEOE". Lo escucho, y lo vuelvo a escuchar, y digo para mis adentros que la voz que escapa de mis JBL pertenece, además de al juglar más hondamente lírico y filosófico de nuestra península histérica, a un jodido profeta, a un posmoderno jinete del apocalipsis. En esto me entretengo cuando Vegas canta: "Y una niña susurra a tu oído / que han desahuciado a la familia Botín". Y me digo que no, que no puede ser, que nunca sucederá tal cosa; pero, en medio de tanta pesadilla, el sueño no me lo quita nadie. Lo que pasa es que la letanía avanza, y la ucronía se confunde cada vez más (y mejor) con la historia real: "Y en la calle se hace un gran silencio, / pero si escuchas bien oirás un crac. / En toda España solo suena un crac. / En occidente solo se oye un crac”. Un estribillo heterodoxo que ya no abandonará la dolorosa onomatopeya hasta el final. Le doy, una vez más, al play; me detengo (y me recreo) en una ambigua certidumbre: "Solo habrá un nuevo principio / una vez consumado el fin". Y el susto se queda conmigo.
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