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25.4.13

Medias verdades

Se cachondea Toni Garrido de la economía denunciando con la solemnidad que le caracteriza que "es la única disciplina que permite que distintos expertos lleguen a conclusiones totalmente diferentes utilizando los mismos datos"; y no podía haber elegido una coyuntura más favorable para meter el dedo en esa llaga: porque estamos en la semana en la que ha caído hasta mínimos históricos la cotización de la Excel(encia) financiera, esa maldita hoja de cálculo virtual —alumbrada por los alumnos más aventajados de Bill Gates— sobre cuyos desarreglos funcionales asentaron Reinhart y Rogoff las teorías austericidas que han servido como hoja de ruta a aquellos mandamases que vinieron al mundo con tijeras en lugar de manos. Aunque de poco ha servido la revelación del garrafal error de procedimiento de los cerebritos yanquis, porque los recortadores vocacionales siguen a lo suyo, con o sin aval académico. Así que, en vez de ciscarnos en el papá de Microsoft, nos vemos obligados a descargar una vez más sobre la puñetera madre de quienes se han propuesto hundirnos en la miseria. Con todo, aún quedan almas cándidas que defienden que los datos se han convertido "en el nuevo ADN de la información"; una afirmación difícil de sostener en este tremedal en el que estamos hartos de escuchar de boca de los banksters que el papel lo aguanta todo, o sea, que los datos no son más que medias verdades huérfanas de significado sin sus hermanas mellizas, las interpretaciones. Materia, esta, en la que están doctorados los trileros más baqueteados de nuestro (des)Gobierno (Rajoy, Montoro y De Guindos), que de nuevo se han confabulado para engatusarnos con el engañabobos de la prima de riesgo. Pero basta poner los pies en la calle y cruzarse cara a cara con la pobreza para mandar a tomar por saco a la susodicha prima… con toda su parentela.

9.4.13

Habemus Fraudeleaks

"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.

14.3.13

Sombra aquí, sombra allá

En la última sesión parlamentaria de (des)control, Rubalcaba hizo notar a Rajoy que el déficit cacareado por su Gobierno "tiene una capa de maquillaje de este tamaño" y, aunque por escrito cueste hacerse una idea, su gesto insinuaba que el grosor de la referida capa podría llegar, sin exagerar, desde la madrileña carrera de San Jerónimo hasta Pernambuco. Por eso al presidente, que en la víspera había pecado de optimista dando por superada "la enorme crisis financiera y de deuda pública", no le quedó más remedio que salir por peteneras, one more time. La culpa la tiene el fanfarrón Montoro, que había reincidido en sus malabarismos contables para cuadrar un déficit público del 6,7%, a sabiendas de que la trola se esfumaría en un suspiro, pues a esa falacia hay que sumar las devoluciones fiscales retrasadas alevosamente hasta enero más el monto del rescate bancario. Total: 10,46%. O sea, que estamos como hace año y medio —con los bolsillos más pelados, eso sí—, y lo único irrefutable es que en el último (y desastroso) ejercicio del Gobierno socialista la rebaja del déficit fue mayor que en el (presuntamente milagroso) primer año Mariano. Los analistas más fiables denuncian sin descanso que el programa económico del PP está más visto que el tebeo (y su ineficacia probada) pero da igual; nuestro ministro más "mentiroso, incompetente e injusto" (Sala-i-Martín) se divierte entretanto cual perdonavidas cobrador del frac, amedrentando con los lobos de Hacienda a todo aquel que le afea la conducta. Ejerce de cínico doppelgänger del simpsoniano Burns porque maneja información reservada, pero está condenado por ley a un "estricto y completo sigilo" en materia tributaria; así que debería empezar a controlar las insidias que se le escapan por entre las comisuras… o escupirlas violentamente contra sus amistades peligrosas… o metérselas por donde le quepan, con perdón.

4.3.13

La revolución española puede esperar

El guardián de los dineros norteamericanos, Ben Bernanke, se subió la semana pasada al carro de los augures neokeynesianos (Krugman, Stigliz y compañías nobeles) al reconocer que el déficit no es un peligro evidente y actual, que los recortes en el gasto en una economía deprimida son una idea terrible y que la austeridad prematura no tiene sentido. Se refería, por supuesto, a la economía estadounidense, pero sus advertencias son extrapolables, punto por punto, a las cuentas europeas. Aunque lo mismo da, porque a este lado del charco nadie parece enterarse. Aquí nos siguen amenazando con estratagemas infantiloides, como si fuéramos niños de teta, con el poderoso influjo del déficit público. El pérfido Montoro, nuestro orgulloso y zumbón malo del cuento, no para de susurrarnos al oído que viene el coco, pero la gente no está para fábulas morales. Los (desastrosos) números cantan y los oráculos econoprogresistas siguen demostrando, para nuestra desgracia, que llevaban razón desde el principio: que el austericidio no era la mejor vía para salir de una crisis que ya ha cumplido su primer lustro. Se lo recordaban el otro día Skidelsky y Miller, desde el Financial Times, a los popes que han elevado la tijera a los altares de su credo político: "Importa la reforma del lado de la oferta, pero también la demanda". Por eso nuestros vecinos lusos andan inmersos en su emocionante segunda revolución de los claveles, y no han querido esperar a un nuevo 25 de abril para plantarle cara a la troika (BCE, CE, FMI) desde la calle: "El pueblo es el que manda", rezaban algunas pancartas tras las que se escondían unas irrefrenables ansias de reparar el deteriorado bienestar de su viejo estado. Mientras tanto, a este lado de La Raya aún perdemos el tiempo intentando entender, literalmente, a nuestros mandamases. Y así nos va.

8.2.13

Mercado de invierno

La crudeza de la resaca del último barómetro del CIS nos ha sobrevenido como el amargo despertar tras una curda de absenta, una vez evaporadas las líricas alucinaciones. Los porcentajes que arroja el sociológico artefacto son tan (desgraciadamente) crueles con nuestros representantes públicos que dan lástima. Sostiene Rodrigo Fresán que "los políticos españoles son hoy seres en desanimación suspendida. Inverosímiles, leyendas tontas, mentirosos y pinochos que se la pasan tocándote las narices y machacándote el cerebro. Como zombis lentos y descerebrados que dicen siempre lo mismo para ver si se lo creen y se los cree". El enciclopédico escritor argentino retrata a nuestros mandamases bajo el prisma de una desesperanzada visión (super)pop: "Pero no. Son increíbles. Estos y aquellos y esos de más allá también, no hay opciones: todo apesta, todos apestan, y parecen haber alcanzado, triunfalmente, su derrotada fecha de vencimiento". Algo que parece irrebatible, porque el (nonato pero necesario) partido abstencionista ganaría una vez más las elecciones, según la intención directa de voto, superando a las fuerzas vivas, que van derechitas al abismo de la insuficiencia. Aunque lo más desolador del boletín de notas del CIS viene referido con nombres y apellidos: el opositor Rubalcaba suspende con un 3,4 (sobre 10) en la contundente valoración del respetable, algo que aún le basta para erigirse como el más listo de una clase de alumnos poco aplicados formada por el Gobierno en pleno. La pandilla de ministros populares, con el repelente Rajoy al frente, se mueve entre calificaciones muy deficientes, lo que ha forzado a la prensa (pretendidamente) seria a echar mano de la retórica rumorología deportiva: en el mercado de invierno aparecen como transferibles Mato y Montoro —por su (presunto) pasteleo con la corrupción—, aunque los tuercebotas Wert, Báñez y De Guindos también están en el disparadero. Yo despediría antes al entrenador. Y cambiaría las reglas del juego.

24.12.12

Evasión (fiscal) y victoria

Explicaba Rousseau en La cuestión social que la verdadera igualdad radica "en que ningún ciudadano sea tan rico que pueda comprar a otro ciudadano, ni que sea tan pobre que se vea obligado a venderse". Por desgracia, en España nunca llegamos a rondar esa utopía; ni siquiera cuando abandonamos, a duras penas, el apagado blanco y negro dictatorial y nos adentramos en la democracia coreando "la vida es una tómbola / de luz y de color". La maldita crisis mundial, que los españoles nos hemos tomado, según nuestra costumbre, a la tremenda, no ha hecho sino extremar la brecha que separa a los del taco, cuyo parné se multiplica a velocidades de vértigo, de la inmensa mayoría de tiesos, que los últimos informes publicados desmenuzan así: casi la mitad de la población está en situación de precariedad; y la mitad de la mitad ha caído en ese eufemismo que hemos dado en llamar riesgo de pobreza, lo que, traducido al cristiano, viene a significar que entre diez millones de españoles se ha extendido, como denunciaba Rafael Azcona en La Codorniz de cuando entonces, "la costumbre de no comer con regularidad". Ni siquiera bastan para ello las millonarias limosnas del magnate de los trapitos, Amancio Ortega, que intenta disimular con ridículos gestos de buena voluntad su estreno como segunda mayor fortuna planetaria. Pretende con ello que obviemos que, para los de su casta, no hay afición más provechosa que evadir impuestos, gracias a la connivencia de una justicia reformada a su antojo y a un Gobierno que amenaza con la boca pequeña mientras desprecia los servicios prestados por monsieur Falciani, el joven informático que ha destapado las vergüenzas de la banca mundial poniendo nombre y apellidos a la crème de la crème de los evasores fiscales, incluidos los 659 españolitos que, por política gentileza, seguirán durmiendo tranquilos.

14.12.12

La puntilla de (Mon)toro

A falta de un buen matador que echarse a la cara sobre el albero parlamentario, el ministro (Mon)toro, uno de esos morlacos de boquilla (mal)criados en la dehesa genovesa para crecerse en el castigo, le echó pitones la otra tarde a los del siete —la prensa— en el coso de los diputados: les dijo que menos criticar desde los editoriales de sus periódicos y más pagar (religiosamente) los impuestos; que menos dar lecciones de ética y más coherencia entre las palabras (publicadas) y los hechos. Pero en el último tercio de la lidia, encerrado en tablas, al impetuoso (Mon)toro bravo le flojearon los cuartos traseros y, a la hora del chivatazo, se jiñó: "La ley impide al Ministerio citar la situación fiscal de contribuyentes concretos, pero sí le permite hablar de la situación de un sector". En ese preciso instante oyó el primer aviso de la autoridad y evitó que la faena terminara en estocada, lo cual que hizo mutis por chiqueros sin decir adiós muy buenas. Se ve que recordó entonces que el apoderado de esos recaderos a los que acababa de amenazar es el mismo que de tapadillo le dice a él en los corrales cómo debe embestir las cuentas públicas y, a lo peor, se le cruzó por entre la cornamenta un artículo en el que Pere Rusiñol resumía hace poco las estrechas relaciones entre banca y prensa: Prisa (El País y Ser), con Banco Santander, HSBC y Caixabank; El Mundo, con la banca italiana; Vocento (ABC), con Banco Santander y BBVA; Planeta (Antena 3, La Sexta, La Razón), con Banco Sabadell; Grupo Zeta (El Periódico), con Bankia y La Caixa; y Grupo Godó (La Vanguardia), con La Caixa. Al día siguiente, en distinta plaza, (Mon)toro volvió a presumir de criadillas anunciando una lista pública de defraudadores y morosos; solo quedó en el aire quién le dará la puntilla.

18.11.12

Año Mariano

Se me saltaron las lágrimas, de la risa, la primera vez que escuché a Rajoy balbucear aquello de: "Que donde dijeooo… cómo es… donde dijo digo… donde digo dig… eeeh… donde dije digo… pues digo diego". Los zapping audiovisuales y la red viral convirtieron este añejo refrán, transformado por arte de birlibirloque en trabalenguas, en el insuperable eslogan de la postcampaña electoral del PP: el primer (y malaventurado) año Mariano que ahora se cumple, se resume en un puñado de medias palabras escupidas por el presidente del Gobierno a trancas y barrancas, con la solícita ayuda de sus asesores, que no tienen graduado escolar pero manejan el refranero español a las mil maravillas. Escuchando los titubeos del mandamás de la patria, lo primero que le viene a uno a la mente es que el 20 de noviembre de 2011 España volvió a "votar con los pies" (Friedman) y puso el país en manos del (más) tonto de la clase, pero queda el consuelo de las lecturas de Scott Fitzgerald, que aseguraba que no hay mejor señal de inteligencia que la capacidad de mantener dos ideas contradictorias en la cabeza al mismo tiempo. De ser esto cierto, podemos dormir tranquilos: nos gobierna un ejército de lumbreras. ¿Aparentemente contradictorios? ¿Sospechosamente dados a la mentira? ¡Qué va! Profundamente inteligentes; tanto, que uno pasa lista y cae rendido de admiración: Wert, Báñez, Montoro… No sigo porque la envidia me corroe. Doce meses han dado de sí al Partido Popular para echar por tierra a golpe de decreto todas y cada una de las líneas de su programa electoral; en solo un año ha finiquitado el bienestar general al tiempo que afianzaba su bienestar particular, con la connivencia de una ciudadanía que le planta cara con la boca pequeña: un año después, volvería a ganar las elecciones. Así pues, todos juntos, digamos diego.