Cuenta, no sé si la historia, la leyenda o una mezcla de entrambas, que hubo una vez un puñado de calles en la capital del reino, hoy llamado con agudeza barrio de las letras, en donde se cruzaban de ordinario para dirigirse a sus respectivos quehaceres las figuras más brillantes de nuestra áurea literatura: Cervantes, Calderón, Lope… Vecino de estos era Góngora, hasta que, arruinado, hubo de sufrir impotente cómo lo desalojaba de su propia vivienda su íntimo enemigo, un boyante y crudelísimo Quevedo que se dio el gusto de desahuciar a su rival de rimas plantándolo de patitas en la calle. El desahucio es la más dolorosa de las vejaciones que pueden infligirse a un ser humano, y su práctica se entiende con dificultad en una tierra que aparcó hace siglos o décadas las monarquías (más o menos) absolutistas y las dictaduras. Pero de poco sirve que nuestra democrática Constitución reconozca el derecho a una vivienda digna en un tiempo en el que no son los políticos sino los banqueros quienes nos desgobiernan. Los gerifaltes españoles se han vuelto a retratar con su desacuerdo en materia de desahucios, dejando en manos de Rajoy y sus secuaces el aplazamiento -no la solución- de un desproporcionado drama. Europa, a la que Andrés Neuman ve como una “abuela que se comporta como si nunca antes hubiera sido pobre”, aprieta las tuercas de nuestro engranaje público defendiendo a unos bancos que resucitan gracias a sus millones; y estos, a su vez, se hacen fuertes estrangulando a los políticos nacionales por donde los tienen cogidos desde siempre: por las gónadas. Entre tanto, afuera aguardan millones de viviendas vacías, sin redistribuir, como la que fue de Góngora y Quevedo en Madrid: ruina deshabitada okupada hace un año pacíficamente y desocupada a la fuerza por uno de tantos propietarios inhumanos.
22.11.12
20.11.12
Venganza post mortem
Le leí no hace mucho a Patricio Pron que un monumento es "una forma de perpetuar en la memoria algo que nunca recordarías si no te obligaran a ello", y de inmediato se me vino a las mientes el Valle de los Caídos, paradigma de la infamia de aquella España que no fue una ni grande ni libre y lugar de peregrinación para quienes, aún hoy, alardean del patriótico placer que les provoca hurgar en la sangrante herida causada por el franquismo. El horrible armatoste ideado por el generalísimo de nuestros ejércitos para perpetuar su "gloriosa Cruzada" fue levantado a fuer de pisotear la dignidad de decenas de miles de presos del Régimen, cuyos restos yacen ignorando qué sea eso del eterno descanso al lado de los de sus ínclitos castigadores, Franco y José Antonio, que fueron a morir, con treinta y nueve años de diferencia, un fraternal 20 de noviembre. El conciliador Zapatero abortó su segundo mandato en fecha tan señalada, incumpliendo una de las máximas de su ineficaz ley de memoria histórica: dejando pendiente la separación definitiva de víctimas y verdugos. Y el subsecuente Gobierno popular ya ha dicho que ve "difícil" ejecutar esta demanda social mayoritaria. Mas lo que Dios unió, y el hombre no se atreve a separar, va a sepultarlo la naturaleza, echando por tierra aquel pomposo discurso del papa Juan XXIII: "Yérguese airoso en una de las cumbres de la sierra de Guadarrama […] el signo de la Cruz Redentora, como hito hacia el cielo". Un estudio científico informa que las estereotómicas esculturas pergeñadas con "un popurrí incompatible de geomateriales de construcción" por mi paisano Juan de Ávalos para rematar el desaguisado se pudren por dentro. Y yo quiero pensar que esa es la venganza post mortem de un artista republicano y socialista secuestrado por la dictadura.
18.11.12
Año Mariano
Se me saltaron las lágrimas, de la risa, la primera vez que escuché a Rajoy balbucear aquello de: "Que donde dijeooo… cómo es… donde dijo digo… donde digo dig… eeeh… donde dije digo… pues digo diego". Los zapping audiovisuales y la red viral convirtieron este añejo refrán, transformado por arte de birlibirloque en trabalenguas, en el insuperable eslogan de la postcampaña electoral del PP: el primer (y malaventurado) año Mariano que ahora se cumple, se resume en un puñado de medias palabras escupidas por el presidente del Gobierno a trancas y barrancas, con la solícita ayuda de sus asesores, que no tienen graduado escolar pero manejan el refranero español a las mil maravillas. Escuchando los titubeos del mandamás de la patria, lo primero que le viene a uno a la mente es que el 20 de noviembre de 2011 España volvió a "votar con los pies" (Friedman) y puso el país en manos del (más) tonto de la clase, pero queda el consuelo de las lecturas de Scott Fitzgerald, que aseguraba que no hay mejor señal de inteligencia que la capacidad de mantener dos ideas contradictorias en la cabeza al mismo tiempo. De ser esto cierto, podemos dormir tranquilos: nos gobierna un ejército de lumbreras. ¿Aparentemente contradictorios? ¿Sospechosamente dados a la mentira? ¡Qué va! Profundamente inteligentes; tanto, que uno pasa lista y cae rendido de admiración: Wert, Báñez, Montoro… No sigo porque la envidia me corroe. Doce meses han dado de sí al Partido Popular para echar por tierra a golpe de decreto todas y cada una de las líneas de su programa electoral; en solo un año ha finiquitado el bienestar general al tiempo que afianzaba su bienestar particular, con la connivencia de una ciudadanía que le planta cara con la boca pequeña: un año después, volvería a ganar las elecciones. Así pues, todos juntos, digamos diego.
16.11.12
¿Huelgan las huelgas?
"Se ha zanjado con un seguimiento del 76,7%, según los sindicatos convocantes, o del 12%, según la patronal" (Elpais.com). "23:30. Ya podemos concluir: se confirma una caída de la demanda eléctrica del 11% respecto a la previsión de REE. Una cifra claramente inferior al 29M de 2012 (14.7%) y al 29S de 2010 (13.7%); y aún más alejada de 2002, 1994 y 1988" (Politikon). "A las 23h el indicador de EFC pone de manifiesto que el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído, desde la 00h del día de hoy 14N, un 66%" (Economistas Frente a la Crisis). "No creo que tras la jornada de ayer, 14 de noviembre, lo más importante sea discutir sobre el éxito o el fracaso de la huelga. Me apresuro a opinar, si me lo permiten, que no fue ni lo uno ni lo otro. Media entrada, que se dice. Pero las manifestaciones acallaron las discusiones. Cientos de miles de personas -¿alguien con los ojos abiertos puede dudar de esa cifra?- se echaron a la calle para mostrar su absoluto rechazo a la política económica del Gobierno de Mariano Rajoy" (José María Izquierrdo). "Hoy seguiremos con la guerra de cifras en torno al éxito o fracaso de la huelga general. Como si eso importara ante los aplastantes datos del deterioro objetivo en el que se encuentran tantos y tantos grupos sociales. Con nombres y apellidos, con rostros perfectamente reconocibles" (Fernando Vallespín). "Está claro que los sindicatos no son capaces de parar este país mediante una huelga general, quizás porque los ciudadanos, en medio de una crisis económica brutal, no la consideran el instrumento adecuado para canalizar su enfado, quizás porque seis millones de parados inoculan un miedo insuperable. También está claro que las manifestaciones se están convirtiendo en la única vía real para que ese creciente malestar y ese desasosiego logren expresarse" (Soledad Gallego-Díaz). "Claro que no paralizó el país. Todo lo contrario: lo movilizó. Un país paralizado es lo que ellos pretenden: un país paralizado de miedo, una sociedad quieta y callada, atemorizada por la triple tenaza: la crisis (miedo al paro y a la exclusión); la reforma laboral (miedo al patrón, al que la reforma laboral dio todo el poder); y la represión (miedo a los porrazos y multas). Pero ayer ocurrió todo lo contrario, y esa es nuestra victoria: el país no se paralizó, sino que se movilizó, se echó a la calle masivamente y aireó la protesta durante todo el día" (Isaac Rosa). "La Huelga General del 14N ha supuesto la demostración, otra más, de los límites en la capacidad de acción de la Izquierda, del desprestigio de los sindicatos, de su escasísima representatividad social y de su achatarramiento ideológico. Pero el Gobierno, en vez de aprovechar la ocasión para dar el golpe de gracia a estas bandas vociferantes y violentas, acabando con sus innumerables privilegios y permitiendo la creación o recreación de un sindicalismo nuevo, más acorde con la España actual, se va a recrear en el fracaso ajeno para no cumplir con la obligación propia" (Federico Jiménez Losantos). "Nadie tiene la sensación de que ha habido una huelga general. No han hecho la menor pupa, a pesar de la mentira de que se han dilapidado 4.000 millones de euros. Prepárense para las nuevas vejaciones. A partir de ahora, la dictadura del capitalismo hispano en plena apoteosis. Con unos ministros tan recogiditos y pulcros" (Arturo González). "La huelga ha sido dura, ma non troppo, y sirve al Gobierno de Rajoy para enviar una señal a Berlín: atención, que España comienza a humear" (Enric Juliana). "Cientos de miles de personas participaron en las manifestaciones organizadas en toda Europa por la Confederación Europea de Sindicatos para protestar contra las políticas de rigor. En opinión de la prensa europea, este cansancio ante la austeridad pone en duda el modo con el que se está realizando el ajuste presupuestario" (Presseurop.eu). "Una mega huelga golpea Europa" (Russia Today).
"Para adueñarse de la voluntad de las masas hay que poner en circulación ideas muy toscas y asequibles; porque las ideas difíciles no llegan a la muchedumbre; […] acabarán por triunfar aquellos a quienes las majaderías les salen como cosa natural y peculiar" (José Antonio Primo de Rivera).
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14.11.12
#14N
"La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha convocado para el próximo 14 de noviembre una Jornada Europea de Acción y Solidaridad por el empleo y contra las políticas de austeridad. Los sindicatos y movimientos ciudadanos del Reino de España y Portugal han organizado la primera huelga ibérica de 24 horas. En Grecia no han podido esperar tanto, y el 5 y 6 de noviembre han paralizado al país heleno durante 48 horas contra un gobierno irresponsable que aprobaba el tercer plan de ajuste exigido por una Troika necia y cómplice. En Italia, la CGIL ha convocado una huelga general de cuatro horas. En Francia, Bélgica, Alemania, Austria, Polonia, Rumania habrá manifestaciones de solidaridad, organizadas por los sindicatos. En Finlandia, Dinamarca, Reino Unido, Austria, habrá también acciones de protesta. En la República Checa y Eslovenia, la ola de contestación política y resistencia social llegará el 17 de noviembre con sendas manifestaciones…" (SinPermiso). "Partidos conservadores y neoliberales están gobernando, tanto en España como en la mayoría de países de la Unión Europea, incluyendo los de la Eurozona, implementando políticas públicas que tienen como consecuencia: 1) la realización de reformas laborales que conllevan la disminución de los salarios y el aumento del desempleo; 2) el descenso de la población activa; 3) la reducción de la protección social; 4) el recorte del gasto público social; 5) la privatización de las transferencias y de los servicios públicos del Estado del Bienestar; 6) la reducción de los derechos laborales y sociales; 7) la disminución y privatización de las pensiones públicas; y 8) el debilitamiento de la negociación colectiva y de los sindicatos" (Vicenç Navarro). "¿Son razones suficientes para esta huelga general? Me parece que sí lo son. Y lo es también la forma en que el Gobierno gestiona la situación: de forma poco transparente, con un doble leguaje, a golpe de Real Decreto, menospreciando cualquier posibilidad de diálogo y negociación, contradiciendo su programa electoral; y mostrando una actitud prepotente ante los españoles y servicial ante Europa, y en concreto ante Alemania que está liderando este desaguisado" (Cándido Méndez). "Se trata de la primera huelga internacional del siglo XXI" (Nacho Álvarez). "La novena huelga general de la democracia ya está en marcha" (Ana Requena Aguilar). "Es la primera vez en nuestra historia democrática reciente que se convocan dos jornadas de paro nacional en un mismo año" (José Pablo Ferrándiz). "Los movimientos sociales, habitualmente desconectados de la lucha sindical, han sumado sus fuerzas para lograr paralizar el país en un momento en el que la simple denuncia de la regresión absoluta que están llevando a cabo los poderes económicos es casi revolucionaria" (Alberto Garzón). "La ciudadanía que decidió tomar las plazas en mayo de 2011 ha desarrollado en los 549 días que van del 15-M de 2011 al 14-N de 2012 un auténtico proceso revolucionario, en respuesta a la crisis económica y política que afecta a todas las estructuras del país. La huelga general de mañana supone la confluencia de todas las luchas, en una unidad de acción que va mucho más allá de las meras reivindicaciones laborales" (Carlos Sánchez Almeida). "El carácter político de las huelgas generales creo que está fuera de toda duda. Y, con la legislación hoy vigente, deberían estar prohibidas" (Esperanza Aguirre). "La democracia no solo consiste en votar y callar. La huelga no es solo un derecho. En las circunstancias que vivimos, es casi una obligación" (Ignacio Escolar). "La huelga se juega en su capacidad de comunicar, de transmitir sensaciones y emociones poderosas que provoquen en la esfera pública, una publicidad emancipadora que sustituya a la actual y repetida, 'no hay otra alternativa" (Jorge Moruno). "Saber que la Huelga General, conquista y arma obrera, no es un juego como hoy parece y que, a falta de otra cosa y pese a quienes la convocan, hay que apoyarla… y ver que pasa" (Fernando Merodio). "Y el día después esperemos que nuestros gobernantes tengan altura de miras y se acuerden de cómo en el New Deal, cuando el Presidente Roosevelt estaba ajustando sus medidas económicas, recibía a sindicatos y organizaciones progresistas que le hacían las peticiones que creían justas. El Presidente las valoraba y al despedirse de ellos les decía algo parecido a: ‘¿Creen en ellas? Pues presiónenme desde la calle’. Lo hicieron y las movilizaciones sociales jugaron un papel crucial para conseguir avances sociales y para evitar recortes en derechos" (Mónica Melle).
"Todas las cosas están ya dichas; pero como nadie escucha, hay que volver a empezar siempre" (André Gide).
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