Carlos Floriano (PP) subrayó que fue "un gran día para la participación". Óscar López (PSOE), lo contrario: "La baja participación es un hecho muy preocupante". Lo impepinable es que la abstención se dispara (250.000 votantes menos que en 2009) y representa ya a un tercio largo de la población, lo que supone que nadie gana por sus favores: todos pierden. El PP recupera tres escaños en Galicia (aunque pierde 135.000 votos) pero se deja otros tres en País Vasco, donde retrocede a resultados de hace veinte años. La mayoría absoluta de Núñez Feijóo sale barata: se apoya en menos de la mitad de los votantes y solo un tercio del electorado. Con estos números, parece muy aventurado hablar de "respaldo a Rajoy", como hace la Cospedal y cacarea la prensa servil, que reduce el escrutinio al aval al presidente del Gobierno frente al hundimiento de Rubalcaba. En casa hacemos otras lecturas menos partidistas. Las efemérides casuales han afectado a los resultados, pero a la inversa. En Euskadi, un año sin ETA solo sirve para certificar que se premia a los verdugos y se castiga a las víctimas: el País Vasco se siente país y vasco (el 60% de su Parlamento será soberanista), pese al espejismo del último pacto constitucionalista. En Galicia, a diez años del Prestige, se sigue aplaudiendo a los responsables de la catástrofe y a sus herederos. A Rosa Díez le dan la espalda sus vecinos, mientras el resto de España, donde su demagogia no conoce rival, la sobrevalora. La regeneración democrática de Mario Conde deberá esperar hasta mejor ocasión. La desunión de las izquierdas regala pequeñas alegrías a la población indignada, pero su ineficacia queda probada. Por cierto, ¿hemos dicho ya que el PSOE continúa impertérrito su (in)feliz travesía de la nada a la más absoluta de las miserias?
23.10.12
Todos pierden
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21.10.12
La burla de Rajoy
El Falcon 900 es un pájaro francés que no viene contemplado en el libro gordo de la fauna europea: se trata de una especie diseñada por la compañía Dassault -la firma ya provoca tembleque- para el transporte VIP, y los gerifaltes españoles se pirran por sus onerosos huesecitos metálicos. Por eso la Fuerza Aérea Española, que derrocha en defendernos de enemigos que no tenemos los dineros que el Gobierno le hurta a la sanidad y la educación públicas, tiene aparcada una bandada de estos halcones gabachos en la base de Torrejón: para cuando apetece darse un paseo, pues sabido es que "la clase política viaja cómodamente a ninguna parte" -Toni Garrido dixit-. Ejemplo práctico: ver un partido de fútbol en Polonia el mismo día que se reclama un salvavidas euromilmillonario para nuestros ahogadizos bancos, dando cuenta de generosas lascas de jamón de a doscientos euros el kilo y chupando vino a botella por cabeza, cuya cuenta pagaremos los de siempre, los únicos que nos apretamos el cinturón… porque nos estamos quedando en el chasis. El último dispendio protagonizado por un halcón franchute ha sido acercar a Rajoy hasta su añorada Galicia para largar un par de mítines electorales. Y, claro, la izquierda mediática se ha subido a las barbas del presidente para recordarle que, cuando el ínclito Zapatero -que en gloria esté- se daba semejantes caprichos, al entonces opositor la cosa le parecía "burla tras burla", o sea, "reírse de los españoles, mofarse de los contribuyentes […] una prueba de prepotencia impropia de un gobernante democrático en el siglo XXI". Pues lo dicho, Mariano: yo también recuerdo con morriña, como Manuel Rivas, la época en que practicabas el "quietismo": tu etapa más fructífera, cuando te limitabas a "contemplar los efectos de la ley de la gravedad en el desplome de las manzanas socialistas".
19.10.12
La arrogancia de los estúpidos
Adivina, adivinanza: "Un sabio nacido en Cataluña al que los catalanes acusan de españolista y los españoles de separatista". No merece la pena esforzarse: algunos hay, mas su identidad no viene al caso; importa su diagnóstico, recogido por Raúl del Pozo en su penúltima columna mundial: 1) "Los estúpidos cada vez son más arrogantes"; y 2) "No es que el problema sea muy grave. Es que los gestores son muy pequeños". El asunto que se traen entre manos entrevistador y entrevistado es el affaire catalán, pero la solución que ofrece el sabio amplía las fronteras del objetivo: "Elecciones y cortes constituyentes, nueva constitución, nuevo sistema electoral, nuevas caras". O sea, que le venían dando vueltas a la martingala ineludible en las últimas semanas, la desconvergencia i la desunió, pero fueron a dar de bruces en una matraca aún mayor: la irrefrenable decadencia de la clase política española, a la que algunos reclaman a voz en grito una segunda transición. Estaban escribiendo, conscientemente, un nuevo capítulo en la incoherente (intra)historia del desprecio a una casta de cuyo mantenimiento son cómplices. Recordaba con tino hace unos días José María Izquierdo que parece no importar que "esos políticos hayan sido elegidos, hace apenas diez meses, por quienes ahora les vituperan", y nos refrescaba la memoria: "El 20 de noviembre de 2011 votó el 68,94% del censo, exactamente 24.666.392 ciudadanos", muchos de los cuales lo hicieron infectados por el "bonus por ambigüedad", aquel por el que los votantes prefieren el misterio (Rajoy) a un candidato que hable claro, según dicen los norteamericanos que saben de esto. Así que basta de criticar a quienes certifican lo que advirtió D’Israeli, que la política es el "arte de gobernar a la humanidad mediante el engaño". Demostremos que la estupidez no es contagiosa: dejemos de jugar a su juego porque solo así cambiarán algún día las reglas.
17.10.12
Mi primera manifa
Confieso que jamás había acudido a una manifestación. Nunca. Ni a favor ni en contra de nada. Que yo recuerde, a lo más que había llegado, en los días de gloria, fue a verme envuelto en la marabunta que festejaba alguna de las copas de Europa que se adjudicó mi enrachado equipo de fútbol hará una década… porque me caía de paso. Pero, voluntariamente, jamás me había subido a ningún carro reivindicativo. Era algo así como un parásito sociopolítico, un ser al que corría por las venas sangre resignada. Por escrito era capaz de liarme a goyescos garrotazos con cualquiera, pero en la calle no era nadie. No me manejaba bien en las multitudes. Con frío, me helaba; con calor, me asaba; con lluvia, me encogía; y, con viento, se me secaba el cutis. Me hubiera gustado personificar la cínica frase de Antonio Gamero que aseguraba que como fuera de casa no se está en ningún sitio, pero no podía. Era -para qué demorarme más- parte de la manoseada "mayoría silenciosa". Era, digo, porque lo peor ya pasó. Desde el domingo soy un hombre nuevo. En algún lugar volví a leer esta síntesis de Ralph Waldo Emerson: "La historia está llena, hasta nuestros días, por la imbecilidad de reyes y gobernantes. Son una clase de gentes […] que nunca saben lo que decir y hacer"; y esta lectura entró en combustión con la particular convocatoria del Gran Wyoming contra los recortes del Gobierno: una llamada a permanecer en casa el 14 de octubre a las siete de la mañana, para demostrar que la mayoría silenciosa no piensa muy diferente de la minoría ruidosa. Así que me planté, puntual, en mi primera manifa: metido en la cama, durmiendo a pierna suelta, con todas las consecuencias… para darle en toda la boca a Rajoy.
15.10.12
El hundimiento del Régimen
Siempre me ha inquietado, como a Simenon, "la diferencia que existe entre el hombre vestido y el hombre desnudo; es decir, entre este tal como es y como se muestra en público, e incluso como se mira al espejo". Por eso, ahora que el otoño se deja notar, me envuelvo gustoso, aunque asombrado, en los fascinantes ropajes reversibles que gasta el Rey de esta monarquía parlamentaria con espíritu republicano, para pasar el rato. El mayor de los borbones reinantes se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en la diana -metafórica, pero también material- de buena parte de unos dardos mediáticos hasta ahora voluntariamente sometidos a su persona. Se multiplican los deslices de una casa real cuya doble moral flirtea peligrosamente con el hartazgo de sus súbditos, largamente silenciados por un valor tan gratuito como la campechanía. Dionisio Ridruejo le dijo a una vez a Franco: "Todo parece indicar que el Régimen se hunde como empresa aunque se sostenga como tinglado"; y ese parece el sentir nacional respecto a una forma de gobierno anacrónica y profundamente antisocial. La popularidad del Rey mengua con proporcionalidad inversa a las amantes, hijos bastardos y fajos de billetes acumulados que se le van descubriendo (¿presuntamente?) al ciudadano Juan Carlos. Consecuentemente, su majestad (de ustedes) ha comenzado a publicar unas misivas virtuales que no se sabe si van dirigidas al pueblo o a su familia -"En estas circunstancias, lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas"- y ha resucitado el NO-DO, con la connivencia de los servicios (des)informativos de la tele pública. Todo con el afán de ejecutar uno de los valores que el monarca destaca de la Transición democrática: "La renuncia a la verdad en exclusiva"; al que yo echo en falta una coma por alguna parte.
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