10.12.12

Cerrado por contra-reformas

Pasó el puente de la Constitución y, por vez primera desde que tengo uso de razón política, no se celebró la efeméride con jornada de puertas abiertas en el Congreso. Las semanas previas al cumpleaños de nuestra Carta Magna, los seguratas del Estado habían impedido a porrazos rodear el centro de trabajo de los diputados nacionales pero el día de su aniversario se afanaron en lo contrario: animaban a los viandantes a rodear el palacio, ligeritos. Algún humorista gráfico llegó a dibujar en su perímetro —afilando pincel e ingenio— un cartel que rezaba "Cerrado por contra-reformas", pero lo cierto es que el maltratado hemiciclo no quiso esta vez enseñar sus vergüenzas cotidianas a la ciudadanía; eso, y que tampoco puede echar mano ahora de un campechano anfitrión como TrilloBono, que mostraban los lujos congresuales a los españolitos como pagados de su bolsillo y hasta explicaban la democracia como invento propio. A falta de procesión civil, los papeles se han entregado este año a una enconada lucha entre reformistas y conservadores que ya va cansando: comidilla para hoy y hojarasca para mañana, los artículos que demandan una revisión constitucional deberían reclamar, primero, una reforma de los constitucionalistas; mas ni lo uno ni lo otro se darán bajo mandato popular. Ahora que la Constitución va quedando huérfana de padres, son sus madres las que reclaman un lugar en la historia, pero la solución no pasa por ahí: si seguimos mirando al pasado, seremos siempre unos atrasados. España debe ser el único país del mundo en el que, cuanto más antigua es una Constitución, más moderno resulta su articulado: se cumple ahora el bicentenario de 'La Pepa' gaditana y uno envidia los privilegios de nuestros antepasados; doscientos años después, la involución sufrida amenaza con desterrar el concepto de progreso de nuestro léxico.

8.12.12

Como un toro

Según Swift, al inteligente se le identifica cuando todos los necios se conjuran contra él. Aplicando la lógica inversa, habría que colegir que la categoría de un necio se mide por oposición al coeficiente intelectual de sus enemigos. Dando por bueno este silogismo, la necedad del ministro de Educación resulta insuperable para el común de los mortales. Si, como aseguran quienes lo conocen, el ínclito Wert es un lince a la hora de asimilar encuestas, no le habrá llevado mucho tiempo percatarse de que, pese a sus ínfulas de superdotado, la gente lo toma por tonto y por malo, que son dos sumandos de cuya adición no suele resultar nada provechoso. El anteproyecto de su Ley orgánica para la mejora de la calidad educativa se abre con una modélica declaración de intenciones —"El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, criticas, con pensamiento propio"— pero enseguida se desdice y se suceden, uno tras otro, los desvaríos en "un bodrio tercermundista que ni diagnostica los problemas del sistema educativo español ni propone una sola solución inteligente" (Sala-i-Martín): menos Ciudadanía y más Religión; más intervencionismo en las materias; desprecio por las lenguas cooficiales; guiños a la enseñanza concertada… "Una, católica y elitista" será, según Ramoneda, la escuela parida por este contemporáneo fénix de los ingenios que, con gusto, entra al trapo: "Soy como el toro bravo, que se crece con el castigo". El que fuera "tertuliano presuntuoso y tobillero" cita a Miguel Hernández en defensa propia pero, en esta piel taurina sin alfabetizar, su bravuconería recuerda más a Jesulín de Ubrique. Con todo, lo alarmante del caso es que, en el sistema educativo por venir, el (des)conocimiento se transmitirá de profesor a estudiante, como maldecía Mark Twain, "sin pasar por el cerebro del uno ni del otro". O sea, como hasta ahora.

6.12.12

El crac

Escucho estos días a Nacho Vegas con celo: por obligaciones profesionales pero disfrutando cada estrofa y cada melodía de un (im)pagable lujo a mi alcance. Disfrutando, he escrito más arriba; y asustándome, añado aquí. Hará poco más de un año, el cantautor asturiano ponía al día la canción protesta con una de sus habituales letanías: el demoledor artefacto llevaba por título Cómo hacer crac y, en sus poco menos de cinco minutos, hermanaba de manera insuperable la más cruda realidad con la más deseable de las ucronías. Asustándome, he escrito más arriba, y ahora se entenderá el porqué: "Te informan de que han desarticulado / a la cúpula de la CEOE". Lo escucho, y lo vuelvo a escuchar, y digo para mis adentros que la voz que escapa de mis JBL pertenece, además de al juglar más hondamente lírico y filosófico de nuestra península histérica, a un jodido profeta, a un posmoderno jinete del apocalipsis. En esto me entretengo cuando Vegas canta: "Y una niña susurra a tu oído / que han desahuciado a la familia Botín". Y me digo que no, que no puede ser, que nunca sucederá tal cosa; pero, en medio de tanta pesadilla, el sueño no me lo quita nadie. Lo que pasa es que la letanía avanza, y la ucronía se confunde cada vez más (y mejor) con la historia real: "Y en la calle se hace un gran silencio, / pero si escuchas bien oirás un crac. / En toda España solo suena un crac. / En occidente solo se oye un crac”. Un estribillo heterodoxo que ya no abandonará la dolorosa onomatopeya hasta el final. Le doy, una vez más, al play; me detengo (y me recreo) en una ambigua certidumbre: "Solo habrá un nuevo principio / una vez consumado el fin". Y el susto se queda conmigo.

4.12.12

Carne de Guillotin

Sin que sirva de precedente, los medios nacionales se permitieron ayer un lujo extraordinario: dar una buena noticia. Ha caído en las garras de la justicia Gerardo Díaz Ferrán, el penúltimo mandamás de esa vampírica secta que jibariza a los españolitos de a pie y que hemos dado en llamar CEOE. Se le acusa de alzamiento de bienes y blanqueo de capitales pero si, además de la ordinaria, existiera en nuestra indigna patria una justicia poética impartida por la ciudadanía, el (presunto) malhechor debería llevar ya algunos años a la sombra, siquiera por la mala baba que gastaba cuando era el afectado patrón de los patronos. Como quiera que sea, tranquiliza saber que han trincado al fulano que dijo aquello de "los empresarios no somos culpables de la crisis, hemos creado riqueza", omitiendo que esa riqueza fue a parar íntegramente a sus bolsillos, como ha demostrado el registro de su domicilio, empapelado con billetes de dos ceros. Han detenido al menda lenguarón que propuso "trabajar más y ganar menos para salir de la crisis", al tiempo que él compraba lingotes de oro como yo compro la barra de pan a diario. Han pescado al pez gordo que demandaba sin rubor "menos intervencionismo, más desregulación, más externalización de los servicios públicos" cuando sus deseos eran órdenes para un Partido Popular al que financiaba, manirroto, sus campañas electorales. Han pillado al cínico mangui que, tras quebrar su aerolínea y sisar la calderilla de sus pasajeros, confesó: "Yo no hubiera elegido Air Comet para volar a ningún sitio". En fin, van a amargarle las Navidades al fariseo que observó: "Estamos en una crisis muy seria y nos tenemos que apretar el cinturón, empezando por la Administración". Sugerente ejercicio que el doctor Guillotin hubiera aconsejado terminar apretando su pescuezo.

2.12.12

El bienpagao

En vísperas de las segundas elecciones que perdería frente a Felipe González en 1993, Aznar fue destinatario de una Carta (en forma de libro) enviada por un esperanzado Arrabal; en ella, el profeta del milenarismo deseaba que el futuro gobierno pepero actuara "siguiendo el consejo de Sócrates bajo la autoridad de la belleza, de la ciencia, de la moral y de la verdad". Para cuando Aznar pudo mudarse finalmente a La Moncloa, tres años más tarde, el deseo publicado se tornó desprecio público: por no andarse con rodeos, el agrandado presidente ejecutó una enmienda a la totalidad de la sugerencia socrática: fealdad, inmoralidad y mentira fueron sus señas de identidad. Pese a todo, la querencia continuista de los españoles prorrogó, un mandato más, los primeros "cuatro años de aburrimiento" y "buena merienda". Había triunfado, remató Umbral, "el régimen de vitaminas y el vacío mental". Mas llegó el día en que España no toleró al tío del bigote ni una mentira (subvencionada) más y lo condenó a dejarlas por escrito (y por lo privado), que es a lo que se dedica desde entonces. En sucesivos panfletos bienpagaos, el expresidente ha tergiversado sus ocho años de gobierno y anunciado un antídoto contra la crisis escasamente leído, a lo que se ve. Ahora se pasea por estudios y platós idiotizando al respetable, como recién salido de un festival del humor tróspido, haciendo chistes para anormales y largando sandeces sin compasión. La percha es el primer tomo de unas Memorias que hasta el fatuo Carlos Herrera ve como pasadas por la nevera: "No habla mal de nadie". Ni siquiera de sí mismo, claro. En 2002, mediada su última legislatura, Victoria Prego se interesó por segunda vez por sus errores cometidos como gobernante. La (no) respuesta del presidente más ridículo de nuestra democracia fue: "Eso lo dejamos para el próximo libro". Pero ni por esas.