De un tiempo a esta parte, la obstinada monarquía borbónica se ahoga en sus propias miserias "ajena aún a que no hay mayor escándalo que su supervivencia", según ha observado la lupa infalible de Jabois; y, en medio de esa intolerable contumacia, hemos celebrado un nuevo 14 de abril: con media España anhelando levantarse republicana tras (mal)dormir la surrealista pesadilla juancarlista, mientras la otra media se resiste a despertar definitivamente de un plácido sueño monárquico que se extiende ya por casi cuatro décadas. Pero sucede, ay, que los acérrimos de la realeza se van muriendo sin remisión al tiempo que la irrefrenable modernidad pare pujantes republicanos para quienes Juan Carlos I no pasa de ser uno más de los reyes godos. La recalcitrante claque de la campechanía borbónica chochea y su cegato seguidismo está siendo sustituido, por la vía de la selección natural de las especies, por espíritus protestantes con los bolsillos demasiado pelados como para mantener por gusto los privilegios medievales de una familia en la que hoy por hoy andan a hostias las bajezas con las altezas. Por eso la morada marea que se echa a las calles cada primavera para homenajear a la Segunda República e implorar el advenimiento de la Tercera crece de manera exponencial; y por eso se comprende sin esfuerzo que, desde que la suspendiera por primera vez hace año y medio —mucho antes del annus horribilis que vendría luego—, el CIS no haya vuelto a consultar al pueblo español su valoración de la monarquía. A la espera de que la cacareada transparencia se haga notar, tendremos que conformarnos, pues, con titulares ficticios como los que barrunta José A. Pérez para 2014: "Según una encuesta de Metroscopia, el 89% de los españoles está convencido de que la familia real es republicana". Y yo soy uno de ellos.
15.4.13
13.4.13
Los descerebrados
Como lo explicó el otro día Harguindey con inusitado descaro, me ahorro argüirlo yo: "Se puede ser genial, listo, normal, tonto, muy tonto y González Pons. Claro que el vicesecretario general de Estudios (¿?) del PP no está solo en la peña 'Los Descerebrados". El caso es que el relamido parlanchín se ha vuelto a cubrir de gloria esta semana: el mismo día que El País divulgaba las infracciones cometidas por la tesorería pepera durante dos décadas, respaldado por las inequívocas similitudes entre las cuentas blancas genovesas y las (supuestas) cuentas negras, González Pons se comía, sin atragantarse, un nuevo marrón: "La contabilidad del PP responde exactamente a lo que la ley le exige y le exigía. Y no tiene nada que ver con los supuestos papeles del extesorero Luis Bárcenas". Nada que ver… Nada… Ni siquiera un poco… Nada. Lástima que la justicia opine lo contrario, aunque aún no haya decidido entre si tiene un poco o un mucho que ver. De momento, mejor dejarlo estar y pasar a la dramatización de los hechos, con la que nos estamos echando unas buenas risas: los tres diarios nacionales de relumbrón andan a la greña por pequeñeces; por esa ridícula manía que ayer advertía Arcadi Espada: "A las noticias propias las llaman exclusivas y a las ajenas filtraciones". Así, lo que El País adelantó como 'Los papeles Bárcenas' y El Mundo ha rebautizado como 'Los papeles del tercer hombre', ABC lo ha rebajado a 'Las fotocopias de Bárcenas'; lo que El Mundo desveló y El País elevó a categoría de episodio nacional, el menguado ABC quiere dejarlo en agua de borrajas, ahora que su nulo olfato investigador y su paupérrima influencia lo han convertido en adalid del amarillismo cavernario. Para ello ha inaugurado un bochornoso serial con el que hociquea en la (relativa) gloria de sus rivales. Bonita manera de vender periódicos.
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11.4.13
Ciencia con conciencia
Alguien ha recordado, a propósito de la muerte de José Luis Sampedro, una atinada certidumbre rabelaisiana que bien podría hacer las veces de epitafio: "La ciencia sin conciencia no es sino la ruina del alma"; porque se ha retirado a descansar eternamente un hombre, algo que no sucede todos los días aunque las necrológicas parezcan certificar lo contrario; un hombre que "había envejecido con absoluta lucidez y ajeno a la dichosa vanidad, prudente y humilde, como si temiese que le echasen en cara su longevidad en este mundo banal y trepidante en el que son muchos los que razonan sin haber pensado y eructan sin haber comido", como ha subrayado con razón Alvite; un hombre que huyó de los fanatismos porque de joven guerreó desde los dos bandos y con ello quedó vacunado para los restos; un hombre que enseñó economía a varios contables mayores (ministros, analistas, profesores) y legiones de domésticos tesoreros (el pueblo); un hombre cuya sonriente narrativa se convirtió en lectura obligatoria de una época en la que la educación pública aún sabía lo que se hacía; un hombre que se subió a tiempo al carro de la indignación generalizada para azuzar las conciencias socialadormecidas; un hombre, en fin, que dejó una síntesis de nuestro zeitgeist para enmarcar: "¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. Esos votos condicionados por la presión mediática y las campañas electorales, sirven al poder dominante para dar la impresión de que se somete al veredicto de la voluntad popular expresada libremente en las urnas. En ocasiones, como se ha visto, sirven incluso para avalar la corrupción. Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento".
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9.4.13
Habemus Fraudeleaks
"Leemos el periódico a gritos, escandalizados, pero quietos ante lo inadmisible", lamenta Antonio Lucas. Pero es que no cabe otra manera ante lo apabullante de los datos: dos millones y medio de archivos, con datos de 130.000 personas, residentes en 170 países y territorios; y, para domesticar tamaña monstruosidad (160 veces superior al chivatazo de Wikileaks sobre Estados Unidos de hace un par de años), noventa periodistas, repartidos por medio centenar de países, amparados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y asistidos por capitostes de The Guardian, la BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post y El Confidencial, entre otros. O sea, una titánica tarea destinada a desvelar, en entregas convenientemente dosificadas, el indecente quién es quién de la élite del escaqueo mundial; esa que esconde bajo la arena de las posmodernas islas del tesoro que hemos convenido en llamar paraísos fiscales una mareante billetada que los contables cifran —generosos en la horquilla— entre 16 y 24 billones de euros; Intermón Oxfam, en un tercio del PIB mundial; y la ONU, en sesenta veces la guita precisa para erradicar la pobreza mundial en un lustro. Por la parte que nos toca, de momento solo sabemos que ese zombi que unas veces atiende por Tita Cervera y otras por Carmen Thyssen-Bornemisza es uno de los setenta españolitos que figuran con nombres y apellidos en los papeles del Fraudeleaks, pero vivimos sin vivir en nosotros a la espera de la relación definitiva de burlangas, que no debería olvidarse de Bárcenas, de la herencia paterna de su majestad (de ustedes) y de la treintena de compañías del Ibex 35 que se pasan la gilipolluá gubernamental (Marca España) por el forro evadiendo impuestos desde el edén de la gente de posibles… mientras los esbirros de Montoro persiguen falleros valencianos y feriantes sevillanos en busca de calderilla tiznada para sacarnos de la crisis.
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7.4.13
Los papeles del tercer hombre
Sostiene (y sostiene bien) la argentina Leila Guerriero que "los periodistas no somos la justicia". Por eso, tras leer y tocar "unas hojas donde hay nombres que harían estremecer al Gobierno y al aparato productivo" en una madrileña noche de lluvia y fútbol, Raúl del Pozo esquivó la nocturnidad y la alevosía y, en lugar de plantarse ante la Audiencia Nacional para largar su hallazgo y traicionar a su garganta profunda, corrió a refugiarse bajo el flexo de las grandes ocasiones para redactar el artículo de su vida: el que servirá de prólogo al apocalipsis del Partido Popular. En su más gloriosa columna desde que heredara el trono umbraliano en El Mundo, el periodista conquense aparca su ordinario barroquismo cheli y se limita a transcribir, palabra por palabra, las frases escuchadas en la cinematográfica noche de autos a un tercer hombre que recuerda a aquel que se escabullía por entre las cloacas vienesas. La prosa canalla cede el paso en su minireportaje a los datos y así vamos conociendo que Del Pozo ha manejado "unos folios donde el hombre de los papeles ha escrito cantidades y nombres […] mayores y menores entre maletines y cheques"; unos folios en los que aparece "una empresa fantasma, tapadera, supuestamente para hacer zanjas, realmente una empresa del PP para el trasvase de donativos y chanchullos" y en los que descubrimos que quienes "decidieron sobre donaciones y sobresueldos fueron los políticos"; unos folios, en fin, que obligan a reformular al presidente la pregunta de Rubalcaba: "¿Cree que puede gobernar pendiente de que al señor Bárcenas le dé un ataque de sinceridad?". Parece que no pero, de momento, la columna de Raúl del Pozo ha provocado un tembleque generalizado practicando lo que Guerriero defiende de los periodistas: "Contamos historias y si, como consecuencia, alguna vez ganan los buenos, salud y aleluya, pero no lo hacemos para eso, o solo para eso".
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